<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852</id><updated>2012-02-17T11:35:12.615-08:00</updated><title type='text'>La Trenza de Sor Juana IV</title><subtitle type='html'>La vida consiste también en glorificar y la admiración a menudo es más bella que la crítica.

Pascal Bruckner</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>125</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-3381402888749212497</id><published>2011-11-26T17:19:00.000-08:00</published><updated>2011-11-26T17:19:28.504-08:00</updated><title type='text'>Feminist fatale</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-nj5nhSKQ1LU/Ts8SjS7vciI/AAAAAAAAM4k/WSbH4_kxug0/s1600/camille1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" hda="true" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-nj5nhSKQ1LU/Ts8SjS7vciI/AAAAAAAAM4k/WSbH4_kxug0/s640/camille1.jpg" width="414" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Mi tipo de feminismo callejero exige tácticas de guerrilla agresivas, velocidad, subterfugio y sorpresa…&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;…El feminismo contemporáneo ha intentado enterrar la galantería y la caballerosidad masculinas como reaccionarias y sexistas. Como consecuencia, el erotismo se ha resentido. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;C.P&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Camille Paglia se convirtió en celebridad mediática cuando increpó públicamente a Susan Sontag, quien, a decir de Camille, era una “traidora” que renegaba de sus brillantes inicios como estudiosa de la cultura pop y el feminismo, para transformarse en una teórica aburrida y políticamente correcta que, al mismo tiempo, aparentaba no serlo. Los pleitos ideológicos entre ambas feministas, que en realidad eran azuzados por una todavía joven Camille que en, en su época universitaria, creó un culto en torno a la misma a quien ahora denostaba, y una Susan que afirmaba no conocer a su detractora –pese a coincidir con ella en más de una ocasión-, hasta que la fama, buena o mala de Camille, pero fama, obligó a Susan a reconocerla con un comentario que pretendió ser insultante: “Camille debería unirse a una banda de rock”. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Ho4HiKDaxvw/Ts8UyuFgCMI/AAAAAAAAM40/sRIYGCoHcRs/s1600/60033-26491.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" hda="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-Ho4HiKDaxvw/Ts8UyuFgCMI/AAAAAAAAM40/sRIYGCoHcRs/s1600/60033-26491.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ruda contra Técnica; Camille –obviamente- “la Ruda”, consigna su experiencia sontagniana, que muy a su pesar habría de marcar su ideología y su estilo, en una apasionante crítica llena de erudición y chismes, “Sontag, bloody Sontag”, recopilada en su libro Vamps and Tramps, más allá del feminismo (Valdermar/Intempestivas, traducción Santiago García, Madrid, 2001) Recrea, en tono autocrítico y autoirónico, a una joven escritora –la propia Camille- cegada por el brillo que le otorga atacar sistemáticamente al icono del feminismo estadounidense, y despertar todo tipo de reacciones, muy particularmente la atención de su odiada-admirada. “Yo soy la Sontag de los noventa”, llegó a proclamarse en algún programa sensacionalista…y esto repercutió negativamente en su reputación, pues el público pasó por alto su extraordinaria obra ensayística, crítica y periodística para ubicarla como “la rival de Susan”, peor aún, “la hermanita rebelde de Susan”. Incluso el look de Camille era la versión vamp del de Susan, con una relámpago plateado destacando en su melena oscura y un rostro artísticamente maquillado, en contraste con la hermosa cara lavada de Susan. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No puede decirse, sin embargo, que Camille esté exclusivamente obsesionada por Susan: ha arremetido también, y con particular saña, contra los teóricos franceses Jacques Lacan, Jacques Derrida y Michael Foucault que, a su manera de ver, tienen una visión muy limitada de la sexualidad. Lo plausible es que no se queda en la crítica: demuestra sin tapujos hasta qué punto la subjetividad de estos íconos les ha impedido ver más allá de lo vivido y experimentado: mirar, pues, al género humano. Lesbiana declarada desde la década de los cincuenta, cuando salir del closet era un genuino triunfo épico, Camille afirma que su valor tuvo un coste profesional: “Que alguien con mi historia agresiva y escandalosa pudiera ser llamada “homofóbica”, como ha ocurrido repetidas veces, demuestra lo demencialmente estalinista que se ha vuelto el activismos gay.” No tiene reparos en afirmar que no se lleva bien con otras lesbianas y que su vida romántica ha transcurrido, básicamente, entre mujeres bisexuales o heterosexuales…aunque su mejor amiga es una transexual se nombre Glennda Orgasm, con quien incluso participó en un polémico corto titulado Glennda y Camille van al Centro, donde mantienen una franca charla sobre sexualidad mientras caminan por la Sexta Avenida de Nueva York. Otra de sus grandes amigas es la ex modelo y actriz Lauren Hutton (¿recuerdan American gigoló, con Richard Gere), con la que también filmó un cortometraje conversacional titulado Guerra de sexos (1992). Pero además reconoce que quienes le han dado la mejor educación académica y sentimental de su vida, son los varones homosexuales. “(…) Dieron forma a mi estética, ampliaron mi visión del mundo, afilaron mi estilo conversacional y civilizaron mi brusquedad de marimacho.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/--ni-bCEaw2g/Ts8VUnDdpAI/AAAAAAAAM48/zegrr-ThdwU/s1600/paglia.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" hda="true" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/--ni-bCEaw2g/Ts8VUnDdpAI/AAAAAAAAM48/zegrr-ThdwU/s320/paglia.jpg" width="215" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Camilla Anna Paglia nació en Endicott, Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes italianos, católicos practicantes, el 2 de abril de 1947, “(…) peremanecía despierta durante horas, escuchando la estridente hilaridad de las voces italianas y saboreando el intoxicante aroma del café fuerte, el whisky y el anís…”.Parece haber sido una niña feliz, excepto por los traumas que le produjeron las imágenes religiosas, genuinas obras de arte gore. Lo único que conservó de su catolicismo fue una admiración de tipo arquitectónico por sus maravillosas iglesias y una devoción más literaria que religiosa por Santa Teresa de Jesús. Camille es la alumna más aventajada de Harold Bloom, que si bien no se deshace en elogios, no niega que la admira y está de acuerdo en casi todo con ella…y viceversa. Una de las virtudes de los grandes profesores –acaso la mayor- es enorgullecerse de que aquellos alumnos que, con base en lo aprendido, construyen sus propias teorías y conjeturas. Además, como bien señala Jesús Palacios en el prólogo a la edición española de Vamps and tramps, en una época en la que nunca había sido más fácil ser bueno, se agradece la presencia de una mujer mala como Camille, “Reina del Espacio Exterior”, a la que yo denominaría también “Reina de la Heterodoxia”. No está de más mencionar que su obra maestra, Sexual Personae le costó un peregrinaje de veinte años. Antiacadémica y todo, aceptó ser publicada por la Universidad de Yale, donde cursó su doctorado. Actualmente es docente en la Universidad de Filadelfia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero… ¿qué es Camille en realidad, además de una destacada ensayista y crítica con una ideología muy personal? ¿Una rompedora de tabúes? ¿Una provocadora? Quizá alguien que insiste en ver el otro lado de la moneda…y cuando ahonda en temáticas tan sensibles como el acoso sexual, hace parecer a las feministas como un montón de princesitas ingenuas…y eso es algo que sus colegas no pueden tolerar, de manera que insisten en tildarla de “antifeminista”, cuando no de “fascista”. Debemos reconocer que en su afán por poner “a salvo” a las mujeres de un posible acoso, se ha llegado a extremos verdaderamente ridículos. En el metro de la ciudad de México, por ejemplo, hay vagones especiales para mujeres. En Estados Unidos, una mínima alusión que pueda ser percibida como “sexual”, puede provocarle auténticos dolores de cabeza a un hombre (no se menciona nunca el acoso de mujer a mujer, por ejemplo). “Mi posición libertaria –escribe Camille en el artículo “En el circo no hay reglas”, incluido en Vamps and tramps – es la de que, siempre que no haya violencia física, la conducta sexual no puede y no debe ser legislada desde arriba, que toda intrusión de las figuras de autoridad en el sexo es totalitaria”. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“…El grotesco cliché del “patriarcado” debe desaparecer, o más bien ser devuelto a su aplicación original a periodos como la Roma Republicana o la Inglaterra victoriana. Lo que las feministas llaman patriarcado es simplemente civilización, un sistema abstracto diseñado por los hombres pero ampliado por las mujeres (las cursivas son mías), que ahora son copropietarias. Como un gran templo, la civilización es una estructura de género neutro que todos deberían respetar. Las feministas que parlotean sobre el patriarcado se han autoexiliado en chozas de paja.” (“En el cierco de la civilización”, Vamps &amp;amp; tramps, p. 78)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más adelante, en el mismo artículo, señala: “(…) A las chicas se les enseña la mecánica de la reproducción y del intercambio sexual de una manera tan clínica como si estuvieran aprendiendo a manejar un coche o un ordenador (…) El feminismo ha construido un infierno sexual espectral en el que habitan estas muchachas; es todo su mundo cultural, una nueva religión sin dios, hecha de furia y fanatismo (…)” (p. 83) &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A favor de Camille podemos decir que, en efecto, ella continuó lo que Susan Sontag abandonó a mitad del camino…aunque, pienso, no por snobismo, o por congraciarse con la intelectualidad de élite –que ha sido la acusación más reiterada de Camille contra su colega- sino para replantearse sus intereses estéticos e ideológicos, lo cual encuentro absolutamente legítimo. Camille, en cambio, no quita el dedo del renglón…y si bien hubiera podido evitar que sus discrepancias con la Sontag trascendieran el terreno del chisme de espectáculos, son tantos los méritos atribuibles a Camille como a su, llamémosle, rival ideológica. Es, además, una rara avis: una feminista militante que al mismo tiempo critica acremente las corrientes feministas que, a decir suyo, han frenado la fructificación de este movimiento en obras de calidad artística…y ha sido una académica anti academicista quien ha puesto el dedo en la llaga respecto a los intereses mezquinos ocultos tras los llamados Estudios de Género, otra de las cosas que Camille ha descalificado con argumentos que nadie se ha atrevido a refutar. Por ejemplo: ¿Por qué los llamados “Estudios de Género” excluyen de sus programas de estudio a varones que han escrito sobre el mundo femenino; algunos de manera tan abundante, incluso emancipadora como D.H Lawrence? ¿Por qué al mismo tiempo que las feministas defienden a capa y espada la plena posesión de las mujeres sobre su cuerpo, repudian cualquier manifestación de erotismo al margen de lo “políticamente correcto” decretado por ellas? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las pobres mujeres, parece decir Camille, se liberaron del yugo de los púlpitos y los ensotanados, para terminar subyugadas a una horda de mujeres obsesionadas con la necesidad de acabar con la pornografía. Están absolutamente convencidas de que es imposible que las mujeres “normales” (¿) puedan disfrutar prácticas tan “humillantes” como las presentadas en el cine porno. “La libertad crea nuevas prisiones”, escribe Camille en un ensayo dedicado al marqués de Sade. Una de las mayores preocupaciones de las feministas es lograr la censura de la pornografía heterosexual –porque naturalmente la gay les importa un comino, y su sola existencia echa por la borda muchas de sus sesudas teorías respecto a la cosificación de las mujeres para placer exclusivo del varón- y la censura, reflexiona Camille, más allá de representar un retroceso, solo conduce a conductas clandestinas que pueden llegar a ser mucho más denigrantes para quienes, por necesidad o por mero gusto, se dedican a esta actividad, “Se ha producido una alianza increíble entre las feministas, las escuelas católicas y la extrema derecha- declara indignada para el Observer- Como consecuencia, algo muy malo ha ocurrido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Camille señala concretamente a las feministas antiporno a ultranza Catherine McKinnon y Andrea Dworkin, a quienes burlonamente denomina “Thelma y Louise”: “…Mac Kinnon (…) es una puritana del siglo XX cuya educación (su padre fue un severo juez de Minessota, republicado conservador y episcopaliano) parece sacada directamente de Hawthorne (…) (A Dworkin) La llamo La Chica del Refriado Eterno. Es la niña lloriqueante, torpe y mofletuda del campamento de verano que siempre está derramando la leche (…) (“”Las guerras culturales”, Vamps and tramps, p.p 187 y 188) Camille no vacila en dirigir su artillería también contra aquellas que suponen que el feminismo es un coto cerrado…tanto, que solo es válido que las mujeres se amen entre sí: “…Librémonos del Feminismo de Enfermería, con su manicomio de dolores de estómago, anoréxicas, bulímicas, depresivas, víctimas de violación y supervivientes a incestos. El feminismo se ha convertido en un cajón de sastre donde montones de hermanas lloriqueantes pueden acumular sus neurosis (…) Cuando define al hombre como enemigo, el feminismo aliena a las mujeres de sus propios cuerpos” (“Las guerras culturales”, Vamps and tramps, p. 191.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una de las cosas que Camille establece desde sus artículos –que lo mismo radiografían despiadadamente las entrañas de la academia, que realizan despiadados análisis de estrellas del espectáculo como Madonna, de la realeza, como Lady Di (¡a quien compara con una Virgen María con regusto a Rock ‘n roll!) o de la política, como Hillary Clinton, nunca exentos de admiración- y sustenta académicamente en su extraordinario libro de ensayos, Sexual personae, Arte y decadencia desde Nefertiti hasta Emily Dickinson (Valdemar, Intempestivas, Madrid, 2006, traducción dePilar Vázquez Álvarez) –es que la sexualidad y la personalidad sexual no pueden reducirse a prototipos: heterosexual, homosexual, bisexual… sino que hay una variopinta extraordinaria de formas de amar, de concebir el amor, de practicar la sexualidad y de experimentar el erotismo. Ningún libro sobre estudios de género aporta e ilumina tanto como Sexual personae, acaso porque a Camille le importa un comino congraciarse con la academia…y tampoco le importa herir la sensibilidad de algún purista cuando afirma, por ejemplo, que el muy masculino Byron es un escritor hermafrodita…o que la sacrosanta Emily Brontë, autora de Cumbres borrascosas, se identificaba con su salvaje héroe, Heathcliffe, y no con Catherine Earnshaw. De una vez por todas, Camille le arranca a esta obra maestra la etiqueta de Novela Rosa y expone el monumental temperamento masculino de la dulce Hermanita Brontë, sin que ello quiera decir que haya sido lesbiana. El género, el sexo, la orientación sexual no necesariamente tienen injerencia en una escritura. Se puede ser un homosexual como Shakespeare y escribir obras de una masculinidad arrebatadora. Del mismo modo que un homosexual como Óscar Wilde puede ostentar una exquisita escritura asimismo homosexual: nadie se atrevería a decir que escribe como mujer. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Del Marqués de Sade, por ejemplo, muchos podrían decir que es misógino, pero Camille discrepa absolutamente: “(…) Sade y (William) Blake otorgan a las mujeres la libertad sexual de los hombres. Pero, aunque respeta a sus grandes libertinas, Sade detesta a las mujeres procreadoras (…)” Camille estira los clichés al máximo. Asume que nada es absoluto, que no puede serlo…que se puede, como en el caso de Sade, ser misógino tratándose de cierto grupo de mujeres…más aún: ese grupo por él denostado, puede simbolizar algo que, en el caso concreto de Sade, un extraordinario conocedor de su propia naturaleza, tiene un sentido…y en su caso bien podría ser manifestar su anti-roussianismo (aunque era casi una moda que los autores de la época se manifestaran en contra de Rosseau, una de las mayores influencias del periodo romántico y su ya sobado “el hombre nace bueno…”, aunque a decir de Camille, “el niño santo” de Rosseau sería definitivamente anulado por el infante agresivo y ególatra de Freud quien, entre otras cosas, descubrió que los niños nacían sexuados. El mundo de Sade, retrocediendo un poco, es uno gobernado por la Madre Naturaleza, y no por Dios que ni siquiera existe. De hecho, dice Camille, ni tan en broma (considero que aquí nos propone una lectura harto interesante), podría decirse que Justine es Rousseau y Sade, Juliette. Por cierto: para Camille, hija de Sade, las feministas ortodoxas son “roussonianas”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es mucho más fácil que se reflejen los temores sexuales, las fobias, la misoginia, la androfobia….pero la escritura, por si misma, es una manifestación erótica, y no necesariamente –casi nunca- un reflejo de la forma en que el autor o autora concibe o practica la sexualidad. Asimismo, la autora realiza un recorrido histórico muy cuidadoso en torno a la evolución –o involución – de las prácticas sexuales, para una mejor comprensión de los arquetipos de los que se vale para estudiar a los autores seleccionados. Lo apolíneo y lo dionisíaco son su punto de partida. Apolo paraliza a los seres vivientes, los transforma en objetos de arte para su particular contemplación, “fascista pero sublime”, mientras que lo dionisiaco es la irrupción de lo que ha sido reprimido. Para Camille es mucho más práctico dividir a sus objetos de estudio en “apolíneos” y “dionisiacos”, que perderse en los meandros de la persona sexuada de la que, me atrevería afirmar, ningún estudioso del género ha salido por lo menos ligeramente raspado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ySNLw4g77PE/Ts8VyN3lB1I/AAAAAAAAM5E/m_kNaYjACP0/s1600/PagliaCloseup%255B1%255D.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" hda="true" height="198" src="http://1.bp.blogspot.com/-ySNLw4g77PE/Ts8VyN3lB1I/AAAAAAAAM5E/m_kNaYjACP0/s320/PagliaCloseup%255B1%255D.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Los conceptos de “masculinidad” y “feminidad”, tan mal comprendidos, tan mal estudiados y –peor aún- tan socorridos por una Sociedad cuya misión es frenar a la Naturaleza a la que percibe como el Caos, son profundamente estudiados por Camille en Sexual personae, y concluye lo que algunos intuíamos (pero ella antes que nadie): que nada tiene que ver un comportamiento con la conducta o la orientación erótica… ni siquiera con el género. Refiriéndose a Goethe, realiza una aseveración que escandalizará a muchos: “….Para apelar a la transexualidad, el arte ha de ser bisexual en su origen”. ¿Se refiere con ello a aquella célebre frase de Samuel Coleridge que trascendió gracias a una cita de Virginia Woolf en Un cuarto propio, “toda inteligencia debe ser andrógina”? Líneas adelante he dicho que Camille estira los clichés al máximo, como para ver hasta donde resisten, y esto, que se ha convertido en uno de los clichés menos tomados en serio: una mujer inteligente continúa siendo tildada de “masculina”. Pero Camille lleva este concepto al paroxismo. Se regodea en cada uno de los célebres –o no tanto- personajes literarios que se han travestido, mujeres en su gran mayoría, y realiza una exacta diferenciación entre transexualidad, sublimación, camuflaje, aunque siento que se equivoca cuando cita a Madame Bovary, quien, en efecto, usaba corbata y accesorios masculinos…pero no por alguna oscura tendencia sexual, sino porque era la moda de la época (el mismo error comete Vargas Llosa en su célebre ensayo, La orgía perpetua) La vestimenta masculina otorgaba poder a algunas mujeres reacias a la debilidad; mujeres que combatían la vulnerabilidad que suponían propia de su sexo, pero al mismo tiempo demostraban con su actitud que creían poder cambiarlo a través de un performance… y sin embargo se enamoraban fatalmente de varones, como las heroínas de Shakespeare…otras, definitivamente, necesitaban reafirmarse en tanto varones, es decir, eran casos de transexualidad…mientras que ciertos varones como el don Juan de Byron, no vacilaban en tomar ropas femeninas para acceder a lugares restringidos a su sexo –como sería el caso del serrallo-, pero no con otra finalidad que la de disfrutar el espectáculo o, de plano, sorprender a las féminas con su varonil presencia y aprovechar la confusión y excitación que ello pudiera producir. Con todo y esto, nos dice Camille, el don Juan de Byron disfruta convertirse en el juguete sexual de la jefa del serrallo, sin experimentar la necesidad de retirarse los ropajes femeninos. Lord Byron mismo sería lo que hoy denominamos “metrosexual”. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hoy se sabe que existen los travestidos heterosexuales, y que el hecho de usar prendas femeninas los acerca eróticamente al sexo opuesto. Podría ser también el caso de George Sand, una dama heterosexual que adoraba disfrazarse de caballero (aunque, para variar, nunca se habla de las mujeres que se excitan usando trusas de varón, por ejemplo). El romanticismo, sobre el que tantos experimentan tanta nostalgia, fue el culmen de la sublimación del incesto, casi siempre entre hermano y hermana, aunque Camille no menciona la novela de Mary Shelley, Matilda, donde el amor se da entre un padre y su hija. Amores, es cierto, muy raras veces –o nunca- consumados, pero no por ello menos tormentosos y ardientes. En el tardorromantcicismo la cosa fue más allá: el amor crea entre los amantes un vacío tal, que solo el canibalismo puede volver realizable: “(…) En Baudelaire, la homosexualidad es insaciable porque es un desajuste anatómico. Pero decir que Safo (personaje de Anactoria, de Swinburne) odia porque no puede consumar de modo convencional su amor sería bastante, puesto que en Swinburne el varón y la hembra desprecian la unión sexual.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Camille, quien ha analizado con mente más que clara los tabúes existentes, parte del tabú del incesto para explicarnos una posible razón de las formas tan torcidas en que asumimos el sentimiento amoroso…por qué el sexo estuvo completamente desligado del mismo, y cómo es que ahora prácticamente no puede hablarse de amor si no hay sexo de por medio…y como conductas como el masoquismo y el sadismo son producto del procesamiento de ciertas experiencias infantiles, y que todos, en mayor o menor medida, los ponemos en práctica en nuestras relaciones amorosas y sexuales. Aunque ella no es socióloga, sino literata, nos hace ver como estas actitudes han sido representadas en la literatura, a veces de la manera más cruda posible…y cómo no han perdido vigencia en una época tan aséptica y represiva de los sentimientos –más que de los impulsos- como la nuestra, tan necesitada de redescubrir la Naturaleza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-xtUx2vJWt54/Ts8T-uDbaCI/AAAAAAAAM4s/IBX-QdkuIXs/s1600/Camille+Paglia+and+Royal+Ontario+Museum+and+atheism.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" hda="true" height="219" src="http://3.bp.blogspot.com/-xtUx2vJWt54/Ts8T-uDbaCI/AAAAAAAAM4s/IBX-QdkuIXs/s320/Camille+Paglia+and+Royal+Ontario+Museum+and+atheism.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por otra parte, la masculinidad puede ser sinónimo de debilidad, como en los varones patéticos de Wordsworth (que no, no era homosexual)...o la feminidad representada como el máximo símbolo de la fuerza y el poder como en la antes citada Safo de Swinburne o los personajes femeninos de Balzac como La prima Bette. A través del estudio de la representación de la “persona sexual” en la literatura, y una comparación entre lo que sus autores quisieron decir y la biografía de los propios autores, Camille derriba un tabú pero también un mito. El tabú de que la crítica literaria debe restringirse a un análisis de la obra y a la época en que fue escrita…y el mito de que los hombres escriben como hombres, las mujeres como mujeres, los gays como gays, etcétera, etcétera.. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Quiero un feminismo revampirizado”, afirma la propia Camille, realizando un juego entre los términos “Vamp” (vampiresa” y “revamp” (renovar, modernizar). Luego de leerla, de enojarnos un poquito con ella, de reconocer que –como diría otra feminista pro-pornografía, Sally Tisdale- lo mismo puede gustarnos que nos abran la puerta del auto y que nos hablen sucio al oído- y de carcajearnos con su hilarante sabiduría, no podremos evitar amarla…y querer lo mismo que ella. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/UWlWeHb9lS4" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/kFgYcVbAaNs" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-3381402888749212497?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/3381402888749212497/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=3381402888749212497' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/3381402888749212497'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/3381402888749212497'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/11/feminist-fatale.html' title='Feminist fatale'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-nj5nhSKQ1LU/Ts8SjS7vciI/AAAAAAAAM4k/WSbH4_kxug0/s72-c/camille1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-5542973092748534553</id><published>2011-11-12T17:03:00.001-08:00</published><updated>2011-11-12T17:03:16.409-08:00</updated><title type='text'>No hay palabras</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-hNgN-FYTAZM/TrdVlpGHz-I/AAAAAAAAM3s/qxikAvrn3DE/s1600/davila.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" ida="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-hNgN-FYTAZM/TrdVlpGHz-I/AAAAAAAAM3s/qxikAvrn3DE/s640/davila.jpg" width="438" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Para Elena Méndez&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las palabras finalmente como algo que se toca y se palpa, las palabras como materia ineludible. Y todo acompañado de una música oscura y pegajosa…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;A.D&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Amparito fue una niña muy miedosa, como por lo general son los niños rebasados por su imaginación. Sus ojos de gato ámbar, cuyo brillo se acentuaba con la oscuridad y en el desvelo, retaban sin embargo a las sombras. Se sentía observada a toda hora por una multitud de ojitos, sobre todo mientras intentaba conciliar el sueño. Soñaba rituales edípicos como los de la hermosa mujer rubia del cuento “Griselda”: “La mujer dejó de llorar y alzó la cara. Martha contempló entonces un rostro transfigurado por el dolor y dos enormes cuencas vacías; mientras los ojos de Griselda, cientos, miles de ojos, lirios en el estanque, la traspasaban con sus inmensas pupilas verdes, azules, grises…” (Árboles petrificados, Joaquín Mortiz, 1977).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Definitivamente, la oscuridad no quiso ser su amiga, más bien el parapeto de entes deseosos de suplantarla o apoderarse de su menuda humanidad. Las pesadillas que la torturaban no eran la mitad de aterradoras que sus delirios de niña callada y solitaria. Es muy probable que ante la impotencia de nombrar al miedo, Amparo optara por comunicarse con sus demonios interiores a través de la escritura. Pero la escritura, en vez de otorgarle el poder de nombrar esas cosas, le hizo posible otorgarles una forma, una sombra, un propósito, un cuerpo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Al lado de nuestra casa –escribiría de adulta Amparo Dávila –se encontraba la de mi abuelo paterno, en ella había dos cuartos que nunca he olvidado: una sala muy grande con muebles de mimbre, tibores, espejos dorados, flores, miniaturas y una virgen de bulto de tamaño natural, con grandes ojos azules de vidrio que parecía que de pronto iba a bajarse de su altar, y en el cuarto del fondo había un ataúd en el centro y cuatro cirios nuevos. Éste era el ataúd que mi abuelo tuvo, durante años, listo para su muerte.” (Los narradores ante el público, Confrontaciones, Joaquín Mortiz, México, 1966).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-JArXO8D0uCA/TrdW1TyJzlI/AAAAAAAAM4E/E2LqrZhLkvE/s1600/davila.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ida="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-JArXO8D0uCA/TrdW1TyJzlI/AAAAAAAAM4E/E2LqrZhLkvE/s1600/davila.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La infancia es, en la gran mayoría de los casos, el lugar donde los escritores eligen permanecer. No necesariamente por asociársele con la felicidad –la historia de la literatura registra infancias desdichadas, incluso trágicas y crueles- sino porque es el instante del descubrimiento…de la autoexploración, de la obligada tregua con los miedos. Los relatos de Amparo bregan poco en la autobiografía, no así sus poemas, faceta casi desconocida hasta la reciente aparición de Poesía reunida (Fondo de Cultura Económica, México, 2011). La brevedad del volumen sugiere que lo cultivó más como vía alterna de expresión que con el rigor que se advierte en su prosa. Y sin embargo, además de su indiscutible valor literario, nos permiten conocer a la Amparito que permaneció agazapada tras las sombras siniestras de sus relatos…la niña de trenzas que retozaba frente al río y contemplaba absorta al imponente Cristo de los Mineros agobiado por “sudores de lirio” en Jueves Santo….la esposa condenada a la inexorable fidelidad que muchas veces recuerda más a Argos, el fiel perro de Ulises, que a la propia Penélope.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;ANCLABAS y partías&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;en la tarde colmada de presagios&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;blanca tumba&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;de pájaros marinos&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;entre la luz y el viento&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;como un barco indeciso&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;anclabas y partías.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(“El cuerpo y la noche” (1965-2007) p.83)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-WvdICEIrXhY/TrdWe9RxzzI/AAAAAAAAM38/vNzgWycPMvM/s1600/AmparoDavila.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" ida="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-WvdICEIrXhY/TrdWe9RxzzI/AAAAAAAAM38/vNzgWycPMvM/s320/AmparoDavila.jpg" width="207" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La experiencia de la muerte no se limitó a crecer con la visión del ataúd que aguardaba por su abuelo. Amparo fue la sobreviviente de tres hermanos, siendo la segunda y única mujer. El mayor murió apenas nacer. El menor falleció a tierna edad a consecuencia de una meningitis. Por si no fuera suficiente, pierde a su único compañero de juegos en plena infancia. Ella misma queda postrada, a raíz de esta pérdida, por una enfermedad no identificada y de pronóstico reservado. Llega, sorprendentemente, a los 20 años, edad en que publica su primer poema en la revista potosina Estilos; llega, más aún, sana, bella y rozagante. Pero cuando en 1954 decide trasladarse a la ciudad de México para iniciar su carrera como narradora, recae. Siente morir. Ahora sí. Más que curarse, Amparo retorna a la vida con un bagaje de silencios que le permitirá escribir textos deslumbrantes. ¿Es casualidad que el primer libro que cayera en sus manos fuera La divina comedia? ¿Serían los demonios quienes lo pusieron a su alcance para que abriera una ventana al infierno?: “Su mundo era sólo su mundo, lleno siempre de inquietud, angustiado de todo y de nada, ansiedad acrecentada por los años, desasosiego, andar de aquí para allá buscando un sitio, el sitio que no encontraba, nunca la paz, aburrimiento constante de lo que tenía o deseo de algo distinto; la soledad a cuestas siempre, ni siquiera su obra bastaba, sólo el tiempo de la gestación era parte suya, después podía haber sido la de otro, tan lejano, como nunca creada por él…” (“El jardín de las tumbas”, Música concreta, Col. Letras mexicanas, Fondo de Cultura Económica, 2002, p.p 50 y 51).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-AyRoEFrfX8U/TrdXekYiYXI/AAAAAAAAM4U/lksE2sEu11s/s1600/imagesCASPHW37.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ida="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-AyRoEFrfX8U/TrdXekYiYXI/AAAAAAAAM4U/lksE2sEu11s/s1600/imagesCASPHW37.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Qué niño no deja de nombrar las cosas cotidianas cuando ha vivido con la certeza de la muerte pendiendo sobre su cabeza? El sin sentido se apodera del alma infantil, la puebla de ecos perversos y subvierte la inocencia. Nacida el 21 de febrero de 1928, en Pinos, Zacatecas, “el pueblo de las mujeres enlutadas” de Agustín Yánez, transcurriría su infancia entre este poblado rulfiano y San Luis Potosí, donde haría su debut como escritora. Amparo Dávila pretendió exorcizar a sus demonios mediante la poesía, pero ¡oh sorpresa!, si bien Emmanuel Carballo calificaría esta de “transparente”, lo cierto es que era también “nocturna”, y que su tema recurrente era la muerte, más aún, la angustia ante la certeza de la muerte. Por alguna razón imagino a la joven Amparo escurridiza, temerosa, pálida, perenne víctima de su encanijada imaginación que la hace sacar mil conjeturas, a cual más horrible, en torno al inocente ofrecimiento de un extraño, como la Tina Reyes de su cuento del mismo nombre: “Él sugirió que fueran hasta la esquina X, porque ahí siempre pasaban libres, a cualquier hora. Y Tina seguía diciéndose que ahí debía estar el taxi cómplice. Pero se dejó llevar, convencida, como estaba, de que ese era su destino y como tal tenía que cumplirse aunque ella se resistiera. Y efectivamente no bien llegaron, él paró un libre.” (Música concreta, p. 125). Como oveja al matadero, así se deja llevar Amparo por su persuasiva imaginación que finge ser su amiga pero en realidad pretende drogarla, violarla y asesinarla, no necesariamente en tan ortodoxo orden. A diferencia de Tina Reyes, Amparo Dávila demoró bastante para convencerse de que era su destino. Publicaría tres libros de poesía: Salmos bajo la luna, Perfil de soledades y Meditaciones a la orilla de un sueño, títulos que anunciaban la inminencia de su narrativa. No creo, como Georgina García Gutiérrez (“Amparo Dávila y lo insólito”, Nueve escritoras mexicanas nacida en la primera mitad del siglo XX, y una revista, Coordinadora: Elena Urrutia, Instituto Nacional de las Mujeres del Colegio de México, 2006), que el interés de Amparo por el género fantástico haya aparecido a raíz de su traslado a la ciudad de México. La autobiografía de la autora zacatecana la presenta como alguien subordinada a Su Majestad la Imaginación desde pequeña. En lo que sí concuerdo con la académica, es en la comparación que establece no entre Amparo y Remedios Varo, sino entre Amparo ¡y las mujeres pintadas por Remedio Varo! Esos relatos estrujantes, pegajosos, cercados de jardines pútridos, donde la maldad acecha tras unas gafas oscuras, en la más dulce flor o en los seres más anodinos; donde nunca sabremos si la autora se refiere a personas o a freaks, en los que el infortunio se anuncia de manera bulliciosa, no pueden sino tener el rostro de una brujita de Remedios Varo, idéntico al de la bruja Amparo, con unos verdes ojos gatunos (¿Casualidad también que solo se fotografíe con gatos que se le parecen como si fueran sus hijos?) y una negra melena que parece excesiva para su pequeño rostro de delicados rasgos. La gran bruja de las letras mexicanas, la que cocina el lenguaje junto con corazones podridos, flores babeantes y sexos de sapo: “Fue un verdadero acierto graduar el dolor, darle categoría y límite (…) Se necesitaría de un artista auténtico para conmoverme, no de un simple aprendiz de monstruo (…)” (“Fragmento de un Diario”, Muerte en el bosque, Lecturas Mexicanas, no. 74, Fondo de Cultura Económica, SEP, 1985, p. 11) ¿Aprendiz? De eso nada. La bella Amparo se reconcilió con la bestia que la habita, y la que leemos es la bestia misma en vías de perfeccionarse hasta la autodestrucción. El monstruo en que suelen transformarse los niños miedosos que se cansan de suplicarles a las tinieblas que no se los coman y terminan comiéndose su propio corazón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-NL5cwVIr3GA/TrdXIru2OxI/AAAAAAAAM4M/_faS-pPhXs0/s1600/Libros+010.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" ida="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-NL5cwVIr3GA/TrdXIru2OxI/AAAAAAAAM4M/_faS-pPhXs0/s1600/Libros+010.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando en entrevista con Elena Poniatowska Amparo se confiesa impresionada por Kafka, no revela nada que no haya revelado a través de sus relatos: Como el autor checo, la mexicana presentar el horror a nombrarlo. El mundo de Kafka es como la casa llena de fetiches mortuorios del abuelo de Amparo, donde una virgen tamaño natural cuyos ojos invitan a sacárselos o amenazan con rodar hasta tus pies, no sería intrusa en lo absoluto. Un mundo donde los lugares se vuelven personas y las sombras adquieren formas que se arrastran. Tiempo destrozado, su primer libro de relatos publicado en 1959, en la colección Letras Mexicanas, ya está lleno de esos referentes kafkianos, aunque no sería hasta Música concreta, el segundo, que lo innombrable alcanzaría su apogeo. La voz narrativa de Amparo nos remite a la de la niña que intentaba convencer a las sombras de no tragársela, preguntándose si no serían sus hermanos y su amiguito quienes la invitan a incorporarse a su mundo para juntos jugar eternamente. Parecieran, en algunos casos, la respuesta tardía a aquella invitación desde las tinieblas: “(…) era como ya no estar en mí misma, sino muy lejana, en otro instante muy hermoso.” (“Detrás de la reja”, Música…p. 62). Lo hermoso y lo terrorífico se dan la mano. La belleza de pretender que se está allí cuando en realidad se está muy lejos. Salirse de uno. Mirarse uno. ¿En qué momento aceptó Amparo fundirse en las sombras y salir convertida en una erudita del silencio expresivo, elocuente? ¿O es que vivir entre enlutadas, como llama a las monjas que la asistieron en sus primeras letras en San Luis Potosí, vuelve sombra de sí mismo a cualquiera? Lo diabólico en la escritura de Amparo, sin embargo, tiene más que ver con lo poético que con lo herético. Es el demonio melancólico de los románticos, de los góticos: “(…) esta tela representa el caos, el desconcierto total, lo informe, lo inenarrable… pero le quedará sin duda un bello traje.” (“Tiempo destrozado”, Muerte en el bosque, p. 86).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alfonso Reyes será su mentor, su guía, su jefe comprensivo en El Colegio de México. La entregará incluso al altar cuando se casa con el pintor, también zacatecano, Pedro Coronel (1921-1985) en 1958, de quien Amparo se divorciaría en 1964, habiendo procreado dos hijas: Luisa Jaina, nacida el año mismo de la boda, y Juana Lorenza, nacida en 1959. Resulta imposible no preguntarse si sus relatos que aluden a la vida conyugal como una pesadilla, que son varios, y fueron escritos más o menos durante esa época, serán autobiográficos, como por ejemplo “El huésped”, acaso el más célebre de ellos y que aparece en Muerte en el bosque; o “Alta cocina”, del mismo libro, donde la cocina se transforma en algo así como un potro de tortura del que brotan gritos de dolor; o el estremecedor “El último verano”, incluido en Árboles petrificados (Joaquín Mortiz, 1977), donde una ama de casa cree estar sufriendo los efectos de la menopausia y se descubre encinta, cosa que recibe sin ningún agrado y sí con la sensación de que un cuerpo extraño la invade y necesita terminar con él: “(…) Cerca de las seis de la tarde, alcanzó a percibir como un leve roce, algo que se arrastra sobre el piso apenas tocándolo; se quedó quieta, sin respirar… sí, no cabía la menor duda, eso era, se iban acercando, acercando, acercando lentamente, cada vez más… cada vez más… y sus ojos descubrieron una leve sombra bajo la puerta… sí, estaban ahí, habían llegado, no había ya tiempo que perder o estaría a su merced… Corrió hacia la mesa donde estaba el quinqué de porcelana antiguo que fuera de su madre y que ella conservaba como una reliquia. Con manos temblorosas desatornilló el depósito de petróleo y se lo fue vertiendo desde la cabeza hasta los pies, hasta quedar bien impregnada…” (p. 66).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-wd3yKWNNljk/TrdWFJ9r29I/AAAAAAAAM30/ik4WvSVEiG0/s1600/2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" ida="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-wd3yKWNNljk/TrdWFJ9r29I/AAAAAAAAM30/ik4WvSVEiG0/s320/2.jpg" width="213" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo más relevante de la relación entre la escritora y Reyes, y que ella no revelaría sino hasta sus apuntes autobiográficos, es que él la llevó de la mano al consultorio de Federico Pascual del Roncal, un inminente psiquiatra español, muy buen amigo del escritor regio. Se requiere de una infinita simpatía para confiarle a alguien que sufres terrores nocturnos, que te agobian las pesadillas, que te sientes observada por multitudes de ojos (los mil pares de ojos son una constante en la escritura de Amparo) y vives temerosa de ser tragada por las sombras. No se sabe si el tratamiento tuvo éxito, dado que los relatos de Amparo nunca dejaron de transmitir esa especie de horror pasivo por el destino, pero finalmente el silencio terminó por envolver a la bella bruja tras Árboles petrificados, Premio Xavier Villaurrutia 1977 y que prometía muchos libros más. No volveríamos a saber nada de Amparo sino hasta que en el 2003, la joven escritora Cristina Rivera Garza nos la daría a conocer a muchos a través de La cresta de Ilión, que no es un ensayo sobre la obra de Amparo, sino una preciosa novela gótica en homenaje a ella y a su obra, con la misteriosa Amparo de cadera huesuda (“Cresta de Ilión” se llama al huesito de la cadera) como protagonista. Hasta entonces, los que admiraron a la escritora zacatecana la creían muerta, tal era su silencio, y Cristina nos hizo ver que no, que estaba viva y sana. La propia Cristina ha confesado que, al descubrir que su admirada escritora aún vivía, decidió escribir esa novela en su honor donde un extraño refugio para desahuciados reúne a la muerte y a la vida en una historia de amor. Quizá fue lo que animó a la retirada escritora a escribir “Apuntes para un ensayo autobiográfico”, publicado en la revista Barca de palabras. Lo cierto es que Amparo Dávila se mantiene apartada de los reflectores, disfrutando de sus numerosos nietos y cuidando de su jardín en su casa de Zacatecas, para que no se petrifique: “Cuando se es viejo, uno vive ya sólo para sus recuerdos, los persigue queriendo recuperarlos, como si fueran los pedazos de un objeto roto que se quisiera reconstruir…” (“Griselda”, Árboles petrificados, p. 53).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;DESTRUCCIÓN Y VIDA DE LA ROSA&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Ausente del ser, la rosa permanece,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;en ámbito transido&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;de negaciones y torturas.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Desde su sueño,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;ante su rostro de silencios&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;contempla su lenta, larga&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;transparencia de agua&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y se descubre mutilada y sola&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;en el vacío azul de la inconsciencia,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;flotando en un angustia renovada,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;intacta siempre,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;sostenida tan solo por raíces&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;de frágiles cristales.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La rosa sueña&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;la muerte de la rosa.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Preciso es morir,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;destruir los castillos edificados en la arena,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;las falsas lunas en el telón de la noche,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;la muralla del eterno refugio&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y la estatua colocada&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;en el jardín de la infancia.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La rosa sabe&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;que la rosa ha muerto.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Desprendida de su propia sombra,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;al margen mismo del sueño&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;se encamina al momento&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;de las verdades sustanciales.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Desnuda, sobre los rescoldos humeantes&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;de sus murallas rotas,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;descubre su propia arquitectura.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La rosa vive&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La vida de la rosa.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Perfil de soledades” (1954)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poesía reunida l&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-5542973092748534553?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/5542973092748534553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=5542973092748534553' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' 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hondos&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Es el vibrar de las pupilas cálidas,&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El que ahonda los cauces de amatista…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;De las ojeras cárdenas&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ven, oye, yo te evoco,&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Extraño amado de mi musa extraña!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Misterio: ven&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;D.A&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Delmira Agustini llevó demasiado lejos su anhelo de una pasión perfecta. Era demasiado joven para comprender que nada más defectuoso e impuro que la pasión. Como la belleza misma. Como el amor. Pero si lo hubiera sabido, no tendríamos en nuestras manos sus excelsos poemas, aunque el precio a pagar haya sido demasiado alto. En medio de su ardiente búsqueda se hizo acompañar por el que sería su asesino… o su cómplice… nunca lo sabremos, Enrique Job Reyes, el marido anodino que aceptó involucrarse en un extraño juego que culminó en los encabezados de la nota roja. Enrique Job-Reyes, cuya personalidad no corresponde en lo absoluto al fogoso amante de blancas manos retratado en sus poemas, al que incluso compara con un busto romano: “Quise volar… ¡y desmayé en tus manos!/ ¡Manos que sois de la Vida!/ ¡Manos que sois del Ensueño!/¡Manos que me disteis la gloria!/¡Manos que me distéis miedo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-JSmziHSt0ZM/TqNG7qnP_cI/AAAAAAAAMzk/aJznsPzPwR4/s1600/agustini.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" rda="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-JSmziHSt0ZM/TqNG7qnP_cI/AAAAAAAAMzk/aJznsPzPwR4/s1600/agustini.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Miedo. Acaso la palabra más mencionada a través de la obra de Delmira. Pero mucho más que un miedo de predestinación, se trata del miedo a la propia naturaleza….a lo que uno se ve forzado a reprimir para no ser considerado un monstruo, pese a que todos, en mayor o menor medida, lo somos. Miedo de lo que inconscientemente sabemos somos en realidad y nada, ni siquiera la promesa de la dicha, nos impele a soltar… máxime si se es mujer, en una sociedad tan conservadora como la que tocó en suerte a esta gran poeta. Considero que el misterio de la fascinante poesía de esta seductora mujer radica en dos rasgos muy personales: su ya mencionado anhelo de pasión, que en su caso está muy ligado al anhelo de perfección estética, y su forma de concebir y dirigirse a la musa, según se advierte en el epígrafe: la musa es una presencia muy recurrente en sus poemas, aunque la originalidad estriba en que esta musa tiene un amante que a su vez contribuye a insuflarle la pasión con que ella envuelve a quienes la contactan. Delmira no invoca a la misa: se proyecta en ella; se establece un diálogo entre iguales. No es Delmira una mansa transmisora de lo que esa musa, mujer al fin y al cabo, le sopla al oído y le brinda el veneno divino de la melancolía, sino que apela a su tierna complicidad en una especie de rezo pagano:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Vibre, mi musa, el surtidor de oro&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La taza rosa de tu boca en besos;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;De las espumas armoniosas surja&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Vivo, supremo, misterioso, eterno,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;El amante ideal, el esculpido&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;En prodigios de almas y cuerpos;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Debe ser vivo a fuerza de soñado,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que sangre y alma se me va en los sueños;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Ha de nacer a deslumbrar la Vida,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;¡Y ha de ser un dios nuevo!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Las culebras azules de sus venas&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Se nutren de milagro en mi cerebro…&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;El surtidor de oro&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-imJj8hlk2QE/TqNF9c-ey-I/AAAAAAAAMzM/Gzm3oYvZUSw/s1600/agustini8anos.gif" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" rda="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-imJj8hlk2QE/TqNF9c-ey-I/AAAAAAAAMzM/Gzm3oYvZUSw/s320/agustini8anos.gif" width="237" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Delmira siempre hizo lo que quiso, y logró que los demás hicieran exactamente lo que ella quería. Como si quienes la rodearan fueran fruto de su imaginación… personajes de su novela… habitantes de su lienzo. Las palabras mismas se le sometieron, suspirantes y embriagadas, de tal suerte que la uruguaya terminó arrancándole a Rubén Darío un elogio insólito: “Si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de habla española… pues por ser muy mujer dice cosas exquisitas que nunca se han dicho.” (La pasión de los poetas, Jorge Bocannera, Alfaguara, Argentina, 2002). Cosa curiosa: lo que más admiraba Darío en ella, era que se expresara como mujer… que introdujera esa voz susurrante y seductora al Modernismo, corriente por él presidida. Estableció además un parangón entre el no tan sutil –pero sí tierno- erotismo de Delmira y la pasión mística pero desbordada de Santa Teresa de Jesús. Fuera del sobresalto inicial de leer de pluma de una señorita cosas como “Sobre la vida toda su majestad levanta,/ Y el beso cae ardiendo a perfumar su planta/ En una flor de fuego deshojada por dos…” (“Amor”), a nadie se le ocurrieron suspicacias respecto a la joven. O acaso interpretaron como juegos de palabras lo que para nosotros se materializa en imágenes inequívocamente eróticas. El tiempo daría la razón a Darío. La intensidad de la muchacha, aunada a un franco conocimiento del arte poético, innato acaso, es algo que aún en nuestro tiempo, en que el erotismo femenino ha dejado de ser tabú para ser tildado de cursilería, despierta admiración y aviva el fuego de los corazones que comparten su insaciable sed. La vibrante ternura de los versos de Delmira, sin embargo, no roza ni un milímetro lo que pudiera considerarse “cursi”: “Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego…/ pido tus manos todopoderosas/ ¡su cuerpo excelso derramado en fuego / sobre mi cuerpo desmayado en rosas!”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Delmira Agustini, alias La Nena, nació en Montevideo, el 24 de octubre de 1886, en el seno de un guarecido y enternecedor hogar de inmigrantes italianos llamados Santiago Agustini y María Murtfeld Triaca, donde nunca se esperó semejante producto: una pequeña y regordeta bestezuela de avispados, enormes ojos azules que todo se lo querían comer; una nena glotona, ansiosa de sabores y sensaciones desconocidas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los diez años ya componía versos que deslumbraban por la madurez de sus conceptos, al tiempo que estudiaba francés, música y pintura, justo lo que quería estudiar, aún en aquel tiempo los liceos estaban vedados para el sexo femenino. Delmira no supo lo que era una imposición, nunca hizo nada que no quisiera hacer, más bien sus padres se dejaron llevar de su pequeña mano por la senda de la maravilla, el arte y la travesura. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy al contrario de la mayoría de las escritoras decimonónicas (¡y latinoamericanas!), Delmira no sólo llegó a ser el máximo orgullo de su padre, sino que éste, rendido a los pies de su talentosísima hija reina, terminó convertido en una especie de secretario, supliendo la desordenada caligrafía de la muchacha por una hermosa letra de molde toda garigoleada, gran vanidad de don Santiago, que poseía esa virtud complementaria al talento de su hia. Fue él quien llevó los primeros versos de su cría a diversas redacciones de diarios y revistas, de tal suerte que a lo dieciséis, ya Delmira era objeto de culto entre lectores entrenados; pequeña diosa resuelta a ser objeto de culto. No faltó quien se escandalizara, por supuesto, pero la reacción casi unánime de los lectores fue postrarse a sus pequeños pies. “La jovencita insomne, que escribe de noche en delicados papeles de Japón”, dice Jorge Bocannera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Engarzado en la noche larga de tu alma,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;diríase una tela de cristal y de calma&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;tramada por las grandes arañas del desvelo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-roOIU_Uk04U/TqNHj9Bkr8I/AAAAAAAAMzs/d8KzUQqmvQ8/s1600/con_abanico_485.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="218" rda="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-roOIU_Uk04U/TqNHj9Bkr8I/AAAAAAAAMzs/d8KzUQqmvQ8/s320/con_abanico_485.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Se habla de ella como quien abrió la puerta de la poesía a las mujeres latinoamericanas. También como la más destacada poeta del modernismo. Nunca tuvo que ocultar su identidad como mujer, ni disfrazar lo que como mujer experimentaba y deseaba, lo que en su momento causó un revuelo más emparentado con la ternura que con el escándalo. Adorada por hombres y mujeres, Delmira no deja de ser una jovencita que posa su cabeza en una almohada rebosante de príncipes azules. La pasión que rebosa su poesía pudiera ser indicativo–si consideramos la posibilidad de que ella haya poseído una discreción que solo le permitía desvelar sus pasiones a través de sus poemas- de que vivió una gran pasión clandestina que habríamos de rastrear o imaginar…pero igual es posible que haya esperado en vano, que su imaginación hiciera brotar rosas en su mente y en su cuerpo, y el retraso que se acumulaba en años debió sembrar en su pecho lo que ella misma denominó “divino veneno de la melancolía”. La temperamental muchacha soñaba ser secuestrada por un apuesto bandolero que la poseyera a la fuerza y terminara, como todos, rendido a sus pies. Pero frente a su balcón de virgen escribiente únicamente pasaban carruajes rengos y caballeros gordos que se quitaban el sombrero de copa apenas reconocer su racimo de rizos nimbados por el sol. Sus biógrafos afirman algo que no se advierte en su obra: que llegó a lamentarse amargamente de que su vida careciera de las adversidades propias de las heroínas de las novelas de George Sand; que sus padres nunca se opusieran a nada; que todos la miraran como un ser exquisito al que no merecían tocar; que le bastaba pedir para que todo se le concediera… que todo a su alrededor fueran homenajes y mimos y ni un solo reproche que le permitiera sacar a la guerrera que llevaba por dentro. ¿Cómo es que nadie quedó consumido en fuego azul que arrojaba por los ojos y tan evidente nos resulta en sus retratos?... ¿De esa necesidad de sufrir, padecer y carecer que suele entronizar a los poetas? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con todo, en 1910, a los veinticuatro años de edad, Delmira publicó su primer libro, Cantos de la mañana, y tres años después publicaría Los cálices vacíos, recibidos ambos con gran entusiasmo por parte de la crítica periodística que no dudó en referirse a ella como “un milagro”. Asimismo colaboró en la prestigiada revista Apolo, al lado de otros grandes escritores entre los que solo citaremos a Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, y el propio Rubén Darío. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-pgzqUNSehJU/TqNFhz2VUHI/AAAAAAAAMzE/h05C6AHnUzI/s1600/agustini27.gif" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" rda="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-pgzqUNSehJU/TqNFhz2VUHI/AAAAAAAAMzE/h05C6AHnUzI/s1600/agustini27.gif" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Otra gran incógnita en la vida de Delmira, es por qué, entre todos sus pretendientes, eligió a alguien que no estaba para nada interesado en la poesía y, para completar la ironía, se dedicaba a la venta de ganado: Enrique Job Reyes, con quien se casa a los veintidós años, tras despreciar a una legión de pretendientes que conocían sus versos de memoria, y entre los que muy probablemente había alguno de manos blancas y amedrentadoras que ella invoca continuamente. Probablemente ya para entonces, Delmira se sintiera un poco hastiada de buscar sin hallar al hombre perfecto, el que la hiciera arder y padecer… o sencillamente experimentó terror de su propia naturaleza apasionada que podía llevarla a cometer algún arrebato que hiriera a sus padres, y consideró la posibilidad de ser como todas las mujeres, de llevar una vida normal, sin orgasmos ni grandes manos blancas que la sobresaltaran. No toleró, sin embargo, ser ama de casa por mucho tiempo. La naturaleza es implacable y se impone, tarde o temprano, máxime cuando se es una dulce fiera como Delmira. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dos meses más tarde, la joven se echaba a los brazos de su madre sollozando: ¡No tolero tanta vulgaridad! Delmira obtiene, sin embargo, un divorcio pacífico y sin aspavientos por parte de Reyes, lo que impide que quienes la rodean imaginen siquiera su trágico final. Hay quienes atribuyen la drástica decisión de Delmira de terminar su matrimonio con Enrique –ser divorciada en la época no debió haber sencillo, ni siquiera para la mimada y admirada Delmira. Poco después de consumarse el divorcio, inició una animada correspondencia con el poeta argentino Manuel Ugarte (1875-1951), gran amigo de Darío, al que alguna vez conoció en Montevideo. Para entonces, ya Ugarte estaba casado con la francesa Therese Desmand. Algunos suponen que fue esta relación epistolar la que inspiró a la poeta esos deliciosos poemas donde relaciona a las estatuas con el erotismo. Esto podría aludir al hecho de que, como personas públicas –casado él, divorciada ella- tenían una reputación que cuidar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Piedad para los sexos sacrosantos&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Que acoraza de una&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Hoja de viña astral la Castidad;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;(…)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Eros: ¿Acaso no sentiste nunca&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Piedad de las estatuas?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quienes la conocieron, aseguran que no es posible describirla con precisión pues dentro de Delmira Agustini convivían dos mujeres: una sumisa y otra transgresora; la que quería ser y la que era. Ofelia Machado, en un estudio de 1944 para el que entrevistó a varios de los amigos de Delmira, señala que todos coinciden en que era un modelo ejemplar de conducta, seria y amable, muy simpática, pero nunca burlona.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No se sabe en qué momento Delmira volvió a encontrarse con su ex marido, ni que la llevó a elegirlo para realizar una loca fantasía, si nos atenemos a lo que todas las pruebas parecen indicar: ningún hombre que se ha divorciado pacíficamente de su esposa –si es que no existe información oculta o demasiado íntima que se haya mantenido a salvo de los biógrafos- la busca años más tarde para conducirla a un cuarto de hotel y matarla. Es muy posible que Reyes nunca dejara de amarla y que, aún sin comprenderla, se propusiera convertirse en el hombre que ella soñaba, con el fin de reconquistarla. El hecho es que Delmira se entregó intensamente al simulacro. Ninguno de los dos tenían compromisos sentimentales concretos, eran absolutamente libres para amarse. Pero Reyes accedió, a petición de la propia Delmira, dicen, a escribir cartas clandestinas, celebrar reuniones secretas y mantener escarceos a través de celestinas que no tenían idea de quiénes eran ellos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-PRT6d4hpSQg/TqNGhHfOP4I/AAAAAAAAMzU/VJQ3mf6_TA0/s1600/Delmira%252520Agustini.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" rda="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-PRT6d4hpSQg/TqNGhHfOP4I/AAAAAAAAMzU/VJQ3mf6_TA0/s320/Delmira%252520Agustini.jpg" width="188" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;¿Qué ocurrió realmente aquella tarde del 6 de julio de 1914, en aquel cuarto de hotel? Sabido es que Reyes era un hombre harto conservador y devoto del catolicismo. ¿Se hartó de interpretar al amante que nunca sería y, poseído por el espíritu del marido ofuscado, disparó aquel revólver calibre 32 sobre la cabeza de su ex esposa? O, loco de amor por ella, ¿cedió a un pacto suicida propuesto por la propia Delmira? La policía encontró el espejo del tocador manchado de sangre: Delmira cepillaba su larga cabellera leonada al momento de recibir el impacto. Reyes agonizaba con dos balas en el pecho. Sobre el secreter, encontraron los siguientes versos garrapateados en un cuaderno, también salpicados de sangre:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo muero extrañamente/ No me mata la vida…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/LAfWMWx5KeY" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-3237027852732219384?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/3237027852732219384/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=3237027852732219384' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/3237027852732219384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/3237027852732219384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/10/desmayada-en-rosas.html' title='Desmayada en rosas'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-yNLQoBzD5gA/TlGimPJpPBI/AAAAAAAAMuM/1Tqn94Ss8fE/s72-c/delmira-agustini1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-8264188200215355091</id><published>2011-10-08T16:59:00.000-07:00</published><updated>2011-10-08T16:59:16.833-07:00</updated><title type='text'>La vida real es un cuaderno rojo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-5mQWYWTMs-c/To58S9JTmlI/AAAAAAAAMys/lrgcmWCRggA/s1600/Claudia+P.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="298" kca="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-5mQWYWTMs-c/To58S9JTmlI/AAAAAAAAMys/lrgcmWCRggA/s400/Claudia+P.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Decía Borges que toda buena novela es, en el fondo, una novela policiaca. Su compatriota, Claudia Piñeiro, parece haber llevado a la práctica esta lección con notable éxito, Y sin embargo más que a Borges, la dinámica de su novela Las vidas de los jueves me remitió a la dinámica de las novelas de Jane Austen. Cuando se lo comenté no pareció sorprendida, aunque señaló que, técnicamente hablando, los autores que más la influyeron son el también argentino Manuel Puig y, sobretodo, William Faulkner, de quien toma la estructura que Sergio Pitol denomina “nube de testigos”…¡y también Marcel Proust!: “ Yo quería contar ese mundo inaccesible …contar las cortinas, los cubiertos… mientras la escribía me obligué a leer a Proust para asimilar la morosidad de narrar los detalles. Un maestro mío me lo recomendó porque me dijo que la historia era tan fuerte que arrasaría con todo si no me detenía en detalles que contribuyeran a hacer más verosímil ese exclusivo mundo. Me gusta el mundo privado…y escarbar en la tierra que se oculta bajo la alfombra.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero Claudia está de acuerdo en que Las viudas de los jueves (Alfaguara, México, 2010) tiene una esencia muy austeniana. Virginia, la principal narradora, lleva relación de cuanto ocurre en una libretita roja que podría convertirse en una auténtica bomba de tiempo. No es un diario: ella es demasiado práctica y materialista para eso. El pretexto es su cargo como directora de bienes raíces del exclusivo complejo residencial donde también es habitante: primero anota para saber cómo conducirse respecto a los aspirantes a vecinos de Altos de la Cascada. Luego, como una estrategia de sobrevivencia para sobrellevar la vida en aquel lugar apartado de la vulgaridad de la Argentina de Ménem, al borde del colapso financiero…y es que Altos de la Cascada se parece cada vez más a la Peyton Place de Grace Metalious…y lo que cualquiera de los vecinos hace, afecta directamente a otro, pues a estas exquisitas familias las separan solo una sofisticada valla electrificada pensada para que los perros de unos no invadan el territorio de los otros. En su extraño afán por conformar una especie aparte, terminan por inmiscuirse en una promiscuidad subliminal que tendrá un final poco menos que aterrador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el fondo, Virginia desprecia a quienes la rodean, aunque sea un desprecio sin pasión, más próximo al cansancio que al odio…acaso por reconocerse a sí misma en esas otras mujeres que se esfuerzan por darle la espalda a la realidad mientras usan bolsos de imitación…imitaciones perfectas y carísimas, por supuesto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“…Las siliconas son intrusas con posibilidades de supervivencia. Resistirán el entierro, el cuerpo que se vacía de carne, la tierra húmeda, los gusanos. En mi tumba alguien va a encontrar algún día globos de silicona. Para lo que sirvieron…En los de casi todas mis vecinas van a encontrar globos también. Me imaginé el cementerio privado donde enterrarán a las mujeres de Altos de la Cascada, sembrada de globos de silicona huérfanos de pechos, a unos pocos metros bajo el césped inmaculado. Huesos, barro y silicona. Y dientes. Y clavos.” (p. 223).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-7nWyD5LWujY/To58kYtjB1I/AAAAAAAAMyw/ERj8Y101kWs/s1600/cpineiro.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="227" kca="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-7nWyD5LWujY/To58kYtjB1I/AAAAAAAAMyw/ERj8Y101kWs/s320/cpineiro.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Virginia parece el único personaje capaz de exhibir sarcasmo, aunque sea solo por escrito. Sin embargo el final es casi orquestalmente dirigido por el Tano, un personaje profundamente maquiavélico…antipático a morir y, por lo mismo, humano, entrañable. Eses personaje más prototípico del capitalismo que de la literatura –como no sea precisamente la literatura decimonónica…pienso en el Casaubon de George Eliot- anuncia la catástrofe con su llegada: ¿quién lo diría, que sería precisamente el Tano, el burlón, el más vulnerable en el fondo, quien desenmascararía tan dramáticamente a todos sus vecinos? Es el Tano quien expone esa basura bajo las alfombras de las que habla Claudia, alguien que solo podía surgir de una pluma feroz y refinada como la de Claudia Piñeiro que gracias a esta novela, recientemente llevada al cine por Marcelo Piñeiro y corrió con muy buena fortuna pese a ver coincidido con la película, también argentina, acreedora al Oscar, La pregunta de tus ojos, se hizo acreedora al Premio Clarín de Novela 2005, con un jurado compuesto por José Saramago, Rosa Montero y Eduardo Belgrano Rawson.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacida en Burzaco, provincia de Buenos Aires, en 1960, Claudia luce demasiado serena y hasta espiritual para conocer tan a fondo las debilidades humanas. Uno no le pondría ese rostro de Monalisa a la autora de novela como la que nos ocupa; Tuya (finalista del Premio Planera 2003) o Las grietas de Jara, esta última acreedora al Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010. Sus novelas tienen en común un cierto regodeo, casi hedonista, de las crisis que desmiembran vidas aparentemente perfectas, cimentadas en la renuncia de los sueños a cambio de incorporarse a las exigencias sociales. Amor y libertad son hechos de lado o, peor aún, colocados en la piedra de los sacrificios. El parecer antes que el ser, a costa de lo que sea. En Las viudas…, paradójicamente, los personajes adolescentes se rehúsan a renunciar ellos mismos. Cuando Claudia me dice que el personaje de Ramona/Romina fue “sacrificado” de la versión cinematográfico, hago patente mi disgusto, “lo entiendo”, dice la autora, “pero creo que el director tenía razón: este personaje se come la historia”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Romina, que en realidad se llama Ramona pero es rebautizada por su madre adoptiva por un nombre más ad-hoc para Altos de la Cascada, no reniega de su origen indígena paraguayo por dos razones: el más obvio, que este salta a la vista: es robusta, de pelo renegrido, morocha (morena)…el segundo: porque no le da la gana…y no parece avergonzada en lo absoluto pese a los enormes esfuerzos de Mariana por “suavizar” las “evidencias”…como hace con el pequeño Pedro, hermano biológico de Romina, a quien le decolora el cabello y protege obsesivamente del sol. Más que hijos adoptivos –y si bien Mariana es buena persona- Romina y su hermanito son objetos ornamentales….como los poodles de bolsillo y otras razas exóticas a la medida de los bolsos de imitación. No debe extrañar, por tanto, que Juani, el solitario hijo de Virginia, se sienta de algún modo –no románticamente –atraído hacia la niña morocha. Ambos tienen en común la pesada carga de tener que cubrir la expectativas sociales de sus padres, pero ninguno está dispuesto a convertirse en lo que no son. Simbólicamente, Juani figura en la “lista negra” de la Comisión Moral de la Cascada que, como bien señala el propio Juani, llevan cuenta de los chicos que son sorprendidos fumándose un porro, pero no de los maridos que golpean a sus esposas…y él y Romina se entretienen espiando la intimidad de los adultos perfectos que los rodean, y de algún modo experimentan alivio al descubrir la cotidiana farsa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-4_Ti4iHX7rQ/To58x_cphiI/AAAAAAAAMy0/6iiSdyC2ACY/s1600/002fbc.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" kca="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-4_Ti4iHX7rQ/To58x_cphiI/AAAAAAAAMy0/6iiSdyC2ACY/s320/002fbc.jpg" width="219" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En Las grietas de Jara, otra situación límite transforma por completo la existencia de Pablo Simó, un arquitecto que sueña con levantar su propia torre mientras su vida transcurre monótona entre un estudio de arquitectura y su aburrido matrimonio con Laura,la prototípica “buena esposa” que vive obsesionada con la sexualidad de Francisca, su hija adolescente –me llama la atención el afán de Claudia en bautizar a los personajes femeninos muy jóvenes con nombres tan serios-. Pablo no piensa en su hija…menos aún en su esposa. Sus obsesiones son María Hovart, su sensual compañera de trabajo a la que sin embargo jamás se atrevería a cortejar, y la torre imposible que por alguna razón se niega a abandonar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La aparición del extravagante Nelson Jara en el estudio de arquitectos alterará la vida de todos, aunque ellos no imaginan hasta qué grado. El disgusto de Jara es legítimo: están levantando un edificio junto al suyo que no solo le obstaculizará el paso del sol sino que además ha agrietado sus paredes. No es que a Pablo le interese en particular el caso del viejo Jara, además de que nada puede hacer contra la desmedida ambición del arquitecto Borla, su jefe, que se las ingenia para darle largas al asunto, sin mover un dedo por aliviar la molestia del vecino, que resulta hueso duro de roer. En medio de la persecución de Jara de la que son objeto los arquitectos, en especial Pablo, que llega a experimentar un atisbo de simpatía, incluso cierta identificación con Jara, se suscita el incidente que trastocará dramáticamente sus vidas, y fuerza a los involucrados, Pablo, Marta y Borla, a ser cómplices de un crimen que, con todo y sus corruptelas, nunca hubieran querido cometer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“En el caso de Las grietas de Jara, que transcurre en una época muy posterior al de Las viudas…, el personaje principal es arquitecto, tiene un punto de vista muy particular respecto a la ciudad y cómo los cambios de la ciudad afectan a quienes la habitan, y se menciona allí una Argentina que crece desmedidamente, siempre por motivos económicos: se tiraban constantemente escuelas, cocheras, lo que fuera, en terrenos muy chicos y se construían metros que se vendían a otros precios, y eso va modificando la ciudad, de manera que una persona que tenía un colegio a tres cuadras deja de tenerlo, y empieza a llenarse de vecinos nuevos, no hay donde estacionar el auto, empieza a fallar la red de cloacas…y eso afecta a todos…y todo esto lleva a prácticas corruptas”, señala Claudia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así entonces Pablo tiene que guardar un secreto de vida o muerte, y no solo habrá de lidiar con su conciencia, sino con una nueva irrupción en el despacho por parte de una enigmática chica llamada Leonor que habita actualmente el agrietado departamento de Jara y busca datos sobre su persona. La bella Leonor se aparece, en primera instancia, casi como el fantasma del padre de Hamlet…incluso, como ocurriera con el propio Jara, elige a Pablo para sus extrañas indagaciones, como intuyendo que el anodino soñador de torres es mejor ser humano que los demás involucrados…y Pablo termina envuelto sexualmente con la casi desconocida tras casi veinte años de lealtad no calculada hacia su mujer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-TBAH7XiuGzY/To59ApVBrmI/AAAAAAAAMy4/4GkKp3YFon4/s1600/claudia-pineiro-pm.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="166" kca="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-TBAH7XiuGzY/To59ApVBrmI/AAAAAAAAMy4/4GkKp3YFon4/s320/claudia-pineiro-pm.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las grietas de Jara tiene en común con Las viudas de los jueves una visión despiadada de los formulismos sociales y muy especialmente del vínculo matrimonial. Pablo se ha casado con Laura porque ASI tiene que ser, y se adapta sin cuestionamientos a la ausencia total de dulzura. Los matrimonios que conforman Altos de la Cascada en Las viudas…no lucen especialmente enamorados. Como si el sexo pudiera alterar la perfección que los rodea, lo cual no significa que alguno sucumba a los encantos de una mujer ajena al lugar, y otra más se convierta en adúltera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-…Decime, ¡cuántos matrimonios conocés que tengan motivos para seguir viviendo más allá del hecho de estar casados? Pablo, ésa es una idea romántica y estúpida del matrimonio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;…Mientras el auto avanzaba me puse a recordar cuándo fue que acepté no tener más hijos que Juani. Antes de casarnos fantaseábamos con tener por los menos tres, pero a partir de que Ronie se quedó sin trabajo, las preocupaciones se concentraron más en cómo seguir manteniendo lo que teníamos que en ninguna otra cosa. Y lo que teníamos se medía en metros cuadrados, confort, colegio, auto, posibilidad de hacer deporte; no en hijos. Siempre que hubiera por lo menos uno que confirmara la familia&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Las viudas de los jueves, p. 94)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Estúpido fui siempre, romántico a lo mejor empiezo a ser ahora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-A esta edad no te va a lucir&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Las grietas de Jara, p. 234)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero Pablo no se “enamora” de Leonor. La presencia de Jara entre ellos es demasiado densa para permitírselo. Sin embargo, este episodio le abrirá los ojos ante todo lo que ha perdido en honor a la pertenencia a un mundo que ni siquiera entiende, ni le gusta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Claudia Piñeiro, que, curiosamente, estudió contaduría antes de dedicarse a la escritura –y nadie puede imaginarse una carrera más remota al arte que esta-, la cual ejerció durante diez años, ha escrito también teatro y guiones para televisión. Según narra la propia Claudia, su vocación literaria despertó de un prolongado letargo el día en que emprendió un viaje para llevar a cabo una auditoria de los tornillos con que se hacían unos compresores de aire, cosa que le pareció lo más aburrido del mundo. Justo cuando viajaba en el avión, leyó en un recuadro pequeño del diario que leía la convocatoria para un concurso literario titulado La sonrisa vertical de Editorial Tusquets, y ella resolvió escribir la que sería su primera novela: El secreto de las rubias, que aunque quedó entre las diez finalistas no se ha publicado hasta la fecha…pero dio a Claudia el empujón que necesitaba para nunca más detenerse a contar tornillos.&lt;/div&gt;&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-PYpmd-kMohU/To5-vTIJbEI/AAAAAAAAMy8/XOvYZWcLTt8/s1600/PIN.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="640" kca="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-PYpmd-kMohU/To5-vTIJbEI/AAAAAAAAMy8/XOvYZWcLTt8/s640/PIN.jpg" width="438" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Foto y edición: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eve Gil&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/swPSfn5C0qU" width="560"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-8264188200215355091?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/8264188200215355091/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=8264188200215355091' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/8264188200215355091'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/8264188200215355091'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/10/la-vida-real-es-un-cuaderno-rojo.html' title='La vida real es un cuaderno rojo'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-5mQWYWTMs-c/To58S9JTmlI/AAAAAAAAMys/lrgcmWCRggA/s72-c/Claudia+P.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-8307997705168454401</id><published>2011-09-24T16:37:00.000-07:00</published><updated>2011-09-24T16:37:51.192-07:00</updated><title type='text'>Sentido del demonio</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-kaLdIvbJxVw/Tm5OlvHWxMI/AAAAAAAAMv0/q58Nla4Yauo/s1600/Flannery+O%2527Connor+color.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" nba="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-kaLdIvbJxVw/Tm5OlvHWxMI/AAAAAAAAMv0/q58Nla4Yauo/s640/Flannery+O%2527Connor+color.jpg" width="482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;...Jesús es como Don Quijote arremetiendo contra ese Retablo de las Maravillas que es el mundo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;F O’C&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“De los ocho a los doce años tenía la costumbre de encerrarme en una habitación de vez en cuando y, poniendo cara fiera (y diabólica), dar vueltas con mis puños cerrados, pegando al ángel. Se trataba del ángel de la guarda, que las monjas aseguraban que teníamos. Nunca lo dejaba. Mi antipatía por él era malsana...”, le confía Flannery O’Connor a una lectora (El hábito de ser, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2004, trad. Javier Molina de la Torre, p. 119). &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-ialOrgDsSqc/Tm5PpyC9WVI/AAAAAAAAMv8/wjsPD2WNrw4/s1600/20090223_oconnor.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" nba="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-ialOrgDsSqc/Tm5PpyC9WVI/AAAAAAAAMv8/wjsPD2WNrw4/s320/20090223_oconnor.jpg" width="239" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y este párrafo, extraído de una de sus cartas, define la esencia de su literatura, tan terrorífica como conmovedora, donde el bien y el mal mantienen una pugna encarnizada y sin tregua. La bondad, parece decir Flannery, es como el rostro de la pequeña Mary Ann, uno de sus personajes emblemáticos: dulce de un lado, deforme del otro. Un hombre caritativo como el Sheppard de Los lisiados entrarán primero, termina siendo un contemporáneo Abraham que sacrifica su hijo a un dios equivocado: “Había ignorado a su propio hijo para alimentar una imagen de sí mismo.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando en uno de sus ensayos Flannery asegura que la narrativa, como el ser humano, está hecho de polvo, “y si desprecias cubrirte de polvo, entonces no debes intentar escribir narrativa”, lo sustenta con su propia vida, tan injustamente breve y a un tiempo prolífica. Salvo por un par de estancias efímeras en residencias para escritores y un intento por vivir en Nueva York como huésped del poeta Robert Fitzgerald y su esposa Sally –quienes se encargarían de publicar póstumamente varias de sus obras-, sus treinta y nueve años sobre la tierra, empiezan y terminan en el estado de Georgia, el llamado “cinturón bíblico de los E.U”. Hija de católicos irlandeses, nace en Savannah el 25 de marzo de 1925 y sus cartas, reunidas en El hábito de ser, genuino monumento a la vocación literaria, reflejan un temperamento feliz y luminoso que ni el terrible lupus, enfermedad que matara a su padre, logró doblegar. “El bastón me otorga distinción”, dirá cuando a los 29 años le detectan la artritis en la cadera que no es sino uno de los primeros síntomas del lupus, el cual le será diagnosticado en 1951.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-dfKpUNVNzcE/Tm5P_CPnT2I/AAAAAAAAMwA/1Jqh0QxqahY/s1600/flannery-oconnor-1.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" nba="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-dfKpUNVNzcE/Tm5P_CPnT2I/AAAAAAAAMwA/1Jqh0QxqahY/s1600/flannery-oconnor-1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antes de que su mala salud la postre, Flannery vivirá en Yaddo, una residencia para escritores en Nueva York donde, antes de los 25, redactará la que será su primera novela: Sangre sabia (de la que existe una versión castellana de Manuel Barranco en Cátedra Letras Universales, 1999), llevada al cine por John Huston en 1979, en una de las adaptaciones más fidedignas de las que se tengan noticia. La crítica, sin embargo, es casi unánime cuando afirma que es el terreno del relato donde se mueve como ningún otro contemporáneo suyo: no existe uno solo relato que no sea una pieza maestra, más grande o más pequeña, pero poseedoras de incalculable valor literario. Se le ubica dentro del género negro, pero créanme: cuando Flannery asegura ser una “escritora católica”, podría afirmar con la misma enjundia no ser “escritora negra”. No es sino una sencilla verdad. “Cuando la gente me ha dicho que no puedo ser artista porque soy católica, he tenido que responder que porque soy católica no puedo permitir ser menos que artista.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sus relatos y ensayos compilados en El negro artificial y otros escritos (Jus, 2005, trad. María José Sánchez Calero), nos explican al ser humano con mucha más claridad y llaneza que los libros sagrados o a la horda de sabios que han pretendido descifrarlos a semejanza de sus propias consciencias; Flannery nos enfrenta a Dios en lugares y circunstancias inesperados, y nos ubica en el centro de conflictos tan emotivos como violentos. Es capaz de descifrar con la misma sensibilidad con que se pinta una rosa perfecta, la oscuridad del alma de un psicópata, incluida la luz al remoto final del túnel. La víctima e interlocutora del personaje que da título al relato Un hombre bueno es difícil de encontrar, una ancianita mentalmente confundida, escucha a lo lejos la masacre de su familia a manos de los cómplices de un interlocutor, como si se tratara de una radionovela, no del todo convencida de que ese hombre que tan afectuosamente se dirige a ella es un asesino despiadado…y sin embargo lo perdona apenas comprende, si bien sabe morirá a sus manos. Esto de inmediato remite a A sangre fría de Capote (autor que, por cierto, Flannery detesta), aunque en la que nos ocupa los polos opuestos son expuestos en forma más descarnada: bondad y maldad terminan por liarse en un abrazo desesperado. Una mutua súplica de ayuda. Como en la misma A sangre fría, el psicópata considera la posibilidad de la piedad porque experimenta simpatía por una de sus víctimas, pero esa piedad no lo exime de frenar su impulso de matar Pudiera decirse que el verdugo desea matar en la misma medida que la viejita desea morir, pero la situación se desarrolla con la naturalidad de las cosas que la naturaleza puso allí para desencadenarse de repente, sin aviso, como un tsunami. La naturaleza del hombre, parece decirnos Flannery, es bestial, querámoslo o no. La diferencia estriba en la domesticación, que muchas veces no hace sino exacerbar la bestialidad como en La buena gente del campo. Dios ha hecho al ser humano a su imagen y semejanza, conformado por una compleja red de emociones que han de bordarse con el transcurso del tiempo y de las circunstancias, y muchas veces, no puede modificar: una idea típicamente roussianana, empática con el cristianismo. El hombre es bueno por naturaleza…cuando bien podría ser lo opuesto. La abierta confesión de Hulga de no creer ante Dios, desata en Pointer una furia irracional, más típica del depredador que del fanático religioso.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-DWZY7FGxFqc/Tm5QUNUztFI/AAAAAAAAMwE/klRkYzM2P-E/s1600/untitled.bmp" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" nba="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-DWZY7FGxFqc/Tm5QUNUztFI/AAAAAAAAMwE/klRkYzM2P-E/s320/untitled.bmp" width="287" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cómo pudo una mujer tan joven y tan enferma, que vivía en una granja con su madre a la que adoraba, y que la adoraba; que cuando no escribía alimentaba pavos —“Hay diecinueve pavos gritando en un árbol cada noche, y suena como si todo el coro estuviese siendo asesinado lenta, repetida, formalmente”— y escribe cartas deliciosamente irónicas y maliciosas, crear caracteres tan complejos y configurar escenarios tan angustiantes? Pienso en Johnson, el niño torvo y lisiado que destruye la existencia de quien le ha brindado techo y comida. La propia Flannery responde: “Tengo un gran sentido del demonio.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pienso particularmente en el último de sus relatos traducidos al castellano, La buena gente del campo (Nórdica libros, Col. Minilecturas, traducción de Marcelo Covián, Madrid, 2011) cuyo título, como el de Un hombre bueno es difícil de encontrar pudiera parecer no solo poco prometedor, sino hasta anodino y aburrido…para quien ignore que esta genial escritora -¿modestia? ¿estrategia? ¿guiño? ¿pudor? –zambute toda la crueldad del mundo tras esos títulos que huelen a Biblia, a campo, a silbidos de granjeros. Nadie que lea Un hombre bueno...podrá quitársela de la cabeza jamás, como tampoco podrán quitarse La buena gente del campo. Nadie que lea estos dos monumentales relatos olvidará que tras la ternura y la bondad puede agazaparse el mismísimo demonio, en un sentido más práctico que bíblico. Lo más atractivo de este relato, es que se le anuncia como semi-autobiográfico pues, en efecto, la protagonista tiene muchos puntos en común con su autora: es una joven de treinta y dos años que aparenta diecisiete, emplea gafas, es rubia alta y espigada…y tiene una pierna artificial a razón de un accidente. Además ha cursado estudios universitarios de Filosofía –Flannery asistió a Georgia State College for Women, hoy Georgia College and State University y obtuvo un Máster en Creación Literaria en la Universidad de Iowa gracias a sus cuentos que la eximieron de realizar una tesis- lo que despierta admiración y desconfianza en torno a ella por parte de los vecinos de aquella pequeña zona rural de Georgia, como sin duda debió ocurrirle a la propia Flannery. La escritora tenía inservible una pierna, pero no empleaba prótesis. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque sea el más tardío de sus relatos traducidos al castellano, en realidad fue el primero que publicó, en el año de 1955, en la revista Harper’s Bazaar. La protagonista se hace llamar Hulga, aunque su verdadero nombre es Joy –que significa “Alegría”- y su madre, la señora Hopewell, es la única que se niega a nombrarla como Hulga ha gestionado por sí misma ante un registro civil. Aquí se advierten otra divergencia entre la verdadera Flannery y Hulga: si sus cartas no nos engañan –y dudo que lo hagan porque transpiran una sinceridad conmovedora- la relación de la escritora con su madre distaba de ser tan conflictiva como la de sus personajes….aunque sí se advierte una cierta co dependencia madre-hija, producto, seguramente, de la enfermedad de esta. El relato se desarrolla en perfecta calma campirana, alterada apenas por los chismes y diretes de la señora Freeman –la ayudante de la señora Hopewell-, pero la anodina existencia de la asexuada Hulga, que rechaza la felicidad lo mismo que a su nombre, comienza a alterarse con la inesperada llegada de un atildado vendedor de biblias en quien Hulga, con ese cierto “sentido del demonio” del que habla la propia Flannery, empieza a ver una oportunidad para darle un giro interesante a su vida. Y ella que no es precisamente una femme fatale, se propone seducir a ese “buen hombre de campo”, como reiteradamente lo llama la señora Hopewell a Mantley Pointer. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hulga es cruel, acaso porque está demasiado habituado a ser centro de la crueldad de los demás –aunque Flannery tiene el excelente tino en no regodearse en compasión respecto a su personaje-: no hay una inquietud sexual en su plan con Pointer, solo una curiosidad nacida de sus estudios de filosofía, algo, digamos, “científico”. Pointer es su conejillo de indias. Lo considera un tonto y un fanático como a la mayoría de la gente que la rodea –Hulga es atea, otro rasgo que no comparte con Flannery-y los sentimientos son todavía más insondables que su súbita necesidad de “retozar” con alguien que ni siquiera le resulta atractivo. Lo que le atrae de Pointer es que representa todo lo que ella más desprecia: el vendedor de Biblias que se hace amar contando sus penurias y cómo Dios lo rescató de ciertas circunstancias: sí, “esa buena gente de campo” con la que tanto simpatiza su madre, a la que Hulga también parece odiar, aunque muy soterradamente y sin preguntarse al respecto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hulga es la primera en revelársenos como un personaje siniestro, que alberga demasiada amargura y desprecio en su corazón, algo que nadie esperaría de la tierna y paciente Flannery O’Connor que escribe largas cartas a sus admiradores y amigos. Lo primero que vuela por nuestra mente es que Pointer será víctima de un capricho de una joven que de pronto quiere probar a ser “mala”. Pero con Miss O’Connor NUNCA sucede lo que el lector espera…mucho menos lo que el más ateo de sus lectores ruega al Cielo que NO suceda, y lo que empieza como un rústico acto de seducción por parte de la joven de la prótesis, termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla…para ella y no para el morigerado Pointer, que al igual que el protagonista de Un hombre bueno…parece tierno, comprensivo e inocuo. Los malos son los otros, y muchas veces en los otros podríamos encontrar la salida a los callejones por donde nos lleva nuestra incapacidad de escuchar atentamente la voz del corazón, esa que nos alerta contra la buena gente del campo…y puede ser tan deshumanizada y rústica como los más sofisticados habitantes de las grandes ciudades, y sin anestesia que valga: “-¡Eres un cristiano! –susurra Hulga/ Joy cuando ve venir algo peor que un ultraje sexual a manos de Pointer…algo que le arrancará su último jirón de libertad -¡Eres un buen cristiano! Eres como todos ellos…; dices una cosa y haces otra. Eres un perfecto cristiano, eres un…&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8LxZBSScgFk/Tm5QnOW8CrI/AAAAAAAAMwM/GIixx1FNpXc/s1600/FLAN.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" nba="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-8LxZBSScgFk/Tm5QnOW8CrI/AAAAAAAAMwM/GIixx1FNpXc/s320/FLAN.jpg" width="318" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo que “el Perfecto Cristiano” responde: “Puede que venda biblias, pero sé como son las cosas….&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin embargo, no puede explicar la creación literaria de determinados autores –y Flannert O’Connor es una de ellas- en otros términos que no sean estrictamente teológicos…y la propia Flnnery lo hace con tal convicción que parecería que ningún escritor lo ha dicho mejor. Ella ve en la escritura una prueba y una esperanza: “(...) la gente sin esperanza no escribe novelas. Escribir una novela es una experiencia terrible, durante la cual a menudo se cae el pelo y los dientes se carian (...) Si el novelista no está sostenido en una esperanza de dinero, entonces debe estarlo en una esperanza de salvación.” Nuevamente afirmo que los relatos de Flannery son congruentes con lo que predica. En ellos hay un sufrimiento intenso, una especie de compromiso con el dolor humano, aunque también hay mucho humor negro, inherente a la personalidad de su autora, según consta en sus cartas. “Hay –dice Joyce Carol Oates –algo de magnitud irreversible, a menudo la muerte por medios violentos”. A todo esto, ella le llama misterio. La misión del escritor, de hecho, parece entrar en contradicción con el ser católico, para quien el misterio debe ser eliminado, mientras que el escritor, nos dice Flannery, intenta redescubrirlo en disciplinas que exigen menos que la religión. Define al pecado como una contradicción: el abandono de un bien mayor por otro menor, y en ese sentido, sus personajes “buenos” son los que más pecan. El mayor “pecado” de Flannery: la vanidad. Continuamente se lamenta de salir tan mal en las fotos, y su mejor amiga y compiladora de su correspondencia, Sally Fitzgerald, admite que Flannery era mucho más atractiva en persona. Su mayor virtud: la seguridad en sí misma. Sin falsa modestia admite sentirse orgullosa de su trabajo y releerse con placer. No obstante, a la escritura la llama don.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Debido a su enfermedad, la vida social de Flannery fue casi totalmente por escrito, no por nada llama a sus cartas “visitas”. Aspira a lograr la sutileza de su muy admirada Eudora Welty, pero termina por resignarse a que la sutileza con va con ella; menciona una y otra vez a Henry James y a Joseph Conrad, influencias visibles en su escritura. Como Hawthorne, otro autor multicitado en sus cartas, es tan fervorosamente cristiana como reacia a cualquier restricción de la libertad creadora: “Yo también fui criada en la tradición de la novena y el rosario, pero o te libras de ello o de algún modo pereces.”&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-wc2chQFQkts/Tm5PZustYxI/AAAAAAAAMv4/KDZYVb2mgQ0/s1600/oconnor.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" nba="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-wc2chQFQkts/Tm5PZustYxI/AAAAAAAAMv4/KDZYVb2mgQ0/s320/oconnor.jpg" width="237" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El negro artificial y otros escritos incluye los dos relatos que Flannery escribió durante los últimos días de su vida, en la cama de un hospital: “Revelación”, que transcurre en la aparente modorra de la sala de espera de un consultorio médico y tiene un desenlace sumamente violento, y “La espalda de Parker”, donde un hombre aficionado a tatuarse como una salida desesperada contra la invisibilidad social, se tatúa en la espalda el rostro de un Cristo iracundo que se convertirá en su peor pesadilla: en su persecutor. Días previos a su muerte, acaecida el 3 de agosto de 1964, Flannery se lamentará en sus cartas de que no se le permita escribir demasiado y mencionará a El tambor de hojalata de Günter Grass, que la acompañará mientras se le realiza la siguiente transfusión. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="345" src="http://www.youtube.com/embed/3-vyUQx5Yss" width="420"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;No alcanzará a leerlo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-8307997705168454401?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/8307997705168454401/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=8307997705168454401' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/8307997705168454401'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/8307997705168454401'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/09/sentido-del-demonio.html' title='Sentido del demonio'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-kaLdIvbJxVw/Tm5OlvHWxMI/AAAAAAAAMv0/q58Nla4Yauo/s72-c/Flannery+O%2527Connor+color.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-8253277082912343264</id><published>2011-09-10T19:51:00.000-07:00</published><updated>2011-09-10T19:51:16.513-07:00</updated><title type='text'>Épica del adulterio</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-sIqDbXeEzas/TlnfsStFfdI/AAAAAAAAMu0/IKJNt5LaNtU/s1600/e003641903-v61.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="438" qaa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-sIqDbXeEzas/TlnfsStFfdI/AAAAAAAAMu0/IKJNt5LaNtU/s640/e003641903-v61.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cogí estas rosas porque parecían tan asquerosas, ahí, esperando que llegaran las abejas a follárselas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Puede el amor mantenerse lejos de las necesidades?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;E.S&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los pícaros y los canallas van al cielo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-ugDnGaVhnzw/TlneLylXw0I/AAAAAAAAMuk/j0BEqv9bZ3I/s1600/3162621_com_500px_elizabeth_smart_sketch.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" qaa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-ugDnGaVhnzw/TlneLylXw0I/AAAAAAAAMuk/j0BEqv9bZ3I/s320/3162621_com_500px_elizabeth_smart_sketch.jpg" width="237" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Nacida en Ottawa, Canadá, el 27 de diciembre de 1913, hija de Russell Smart, exitoso abogado de patentes, y de Louise, una influyente socialité, famosa por sus exquisitos gustos y aficiones, Elizabeth Smart, que en el apellido llevaba la penitencia –Smart, “elegante” en español. También: “escozor”- estudió en los mejores colegios de Canadá e Inglaterra y llevó la vida de lujos, trapos, limusinas, fiestas y novios, acorde a su privilegiada condición de niña rica, pasando los veranos en la fastuosa residencia de veraneo de sus padres en Kingsmere. A los diez años, sin embargo, ya había publicado su primer poema y soñaba con una vida aventurera y llena de retos. A los quince publicó una primera reunión de poemas cuyo título se desconoce. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Siendo una joven atractiva, sensual y encantadora, no tardó en verse asediada por lo que pudiéramos llamar “excelentes partidos”, los mejores de Ottawa y sus alrededores, que a ella, sin embargo, le resultaban sosos, carentes de ingenio y de pasión. Confiada en que el destino le tenía reservado un genuino príncipe azul, despreció a todos y cada uno de ellos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-7k4h8fmPO18/Tlneerezd4I/AAAAAAAAMus/_j3EE28V3m4/s1600/EN_GRA%257E1.JPG" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" qaa="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-7k4h8fmPO18/Tlneerezd4I/AAAAAAAAMus/_j3EE28V3m4/s1600/EN_GRA%257E1.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;En 1937, a los veinticuatro años –edad “avanzada” para una mujer soltera de la época- habiendo recorrido mundo en calidad de secretaria y dama de compañía de la escritora, ya anciana, Margaret Watt, y estudiado música en Londres, París, Suecia y Alemania. Durante un periodo vacacional de verano de la exclusiva universidad privada a la que asistía, la joven socialité entró en una librería de Notting Hill, en Londres, y se topó con un libro que habría de transformarla. No se específica el título del citado libro, pero de sobra se sabe que el autor era el inglés George Barker (1913-1991), nacido el mismo año que ella y discípulo de T.S Eliot. Elizabeth quedó tan impresionada con la poesía de Barker, que no solamente salió de la librería con el libro bajo el brazo, sino que además se juró a sí misma que se casaría con el autor (cuya fotografía, por cierto, no aparecía en las solapas); que lo buscaría hasta por debajo de las piedras para proponerle matrimonio… no, no: le propondría algo mucho mejor: huir juntos, acción más afín al temperamento volcánico de la rubia. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nunca contó con que había dos impedimentos para realizar su sueño: el primero, que el poeta inglés vivía en Japón. El segundo y más grave: era casado y con hijos, que sumarían cuatro en total. Elizabeth pudo haber dicho entonces: “Desde el recodo donde el cerro le da la espalda al mar para internarse en el secreto, en la humedad de las cosas prohibidas, contemplo desinteresada los instrumentos y el perfil de mi destino.” (En Gran Central Station, me senté y lloré, Femenino Lumen, Segunda Edición, 1996, Prólogo, traducción del inglés y notas de Laura Freixas).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lejos de desenamorarse, cuenta Laura Freixas en el prólogo a la edición española de la primera novela de Elizabeth Smart, la entonces futura novelista, que para entonces era amante del escultor griego Jean Varda, realizó una colecta entre los colonos de una residencia de artistas de Big Sur, California, donde ella radicaba en ese momento, para pagar el pasaje desde Japón a E.U de Barker… y de su esposa. Logró contactarlo a través del gran escritor Lawrence Durrell, y aún cuando el poeta no resultó el príncipe azul que ella esperaba (era bastante común y corriente, más bajito de ella), y a las pocas horas de conocerlo, Elizabeth no cejó en su necedad de fugarse con él… y ese sería el principio de un interminable escándalo que culminaría en la escritura de En Grand Central Station, me senté y lloré, considerada, junto con Nuestra señora de las flores, de Jean Genet, la única novela lograda del movimiento surrealista; movimiento que, como bien señala Freixas, abominaba de este género literario –la novela-por considerarlo incompatible con el precepto bretoniano de la escritura automática. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;Ahora bien: se ha puesto en duda el que esta primera novela de Elizabeth Smart sea realmente una novela, pues, dice Freixas, “la simplicidad del hilo argumental, la estilización o distorsión de los elementos propios de la novela, como el diálogo, el escenario o los personajes, la preponderancia de las imágenes, todo ello apunta a la poesía.” Lo mismo, sin embargo, podría decirse de su segundo libro, Los pícaros y los canallas van al cielo, todavía menos novelístico, sobre el que hablaremos más adelante. Los críticos olvidan a menudo –o sencillamente no lo saben-que la novela es descendiente directa de la poesía, y todo cuanto hace Elizabeth, presiento que sin proponérselo, es retornar al génesis del género novelístico: único medio que le permitía trastocar una vulgar historia adulterina en toda una épica de la pasión entre un hombre y una mujer. A mí no me queda la menor duda: estoy ante un roman, misma que hizo escribir al implacable Cyrill Connolly: “Con demasiada frecuencia los escritores de prosa poética pierden el sentido de la forma, pero la historia de la señorita Smart tiene un principio y un final. Recomendamos este libro no sólo por su uso del lenguaje, apasionado y sensual, sino en tanto que conmovedor soliloquio sobre el amor y el mundo contemporáneo.” El novelista español Enrique Vila-Matas no titubea en calificar la primera novela de Elizabeth Smart como “una obra maestra” “(…) gracias a su capacidad de diálogo con la tradición poética y a su elegante inspiración surrealista (…) perfecto ejemplo de novela en comunicación directa con el gran espectro poético.”&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/--0_6Qawyr7I/TlnfLyAKnaI/AAAAAAAAMuw/LmRaUCfics0/s1600/nlc008488-v6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="242" qaa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/--0_6Qawyr7I/TlnfLyAKnaI/AAAAAAAAMuw/LmRaUCfics0/s400/nlc008488-v6.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;La primera consecuencia de la aventura adúltera de Elizabeth y Barker fue la cárcel, episodio que recrea admirablemente en esta novela, intercalando ingeniosamente los burdos interrogatorios policiales con fragmentos de El cantar de los cantares. Desde el título mismo de la novela, que remite al Salmo 137 (“junto a los ríos de Babilonia nos sentamos y lloramos recordando a Sion”), se advierte la obsesión estética, ¿religiosa? de la autora con la Palabra de Dios. “La matrona dice: Déme esa pulsera, no están permitidas las joyas (El amado mío…) Démela inmediatamente. Y el anillo (El amado mío…) Y el bolso. ¿Todo este maquillaje lleva aquí dentro? ¡Pero qué barbaridad! ¡Barra de labios! ¡Perfume! No me extraña que esté donde está. (Aliviadme con flores y con manzanas, dadme algún contexto).” (p. 68). &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;Elizabeth abandonará la prisión un par de semanas después que su amante, que sólo permaneció ahí tres días, y no demoró un minuto en reencontrarse con él para continuar donde se habían quedado, solo que ahora con diferentes consecuencias: el embarazo de su primera hija, Georgina. La hermosa y culta Elizabeth terminaría siendo la “casa chica” de Barker que jamás se divorciaría de Jessica, a quien Elizabeth tanto compadece en su primera novela, “y sus flacos pechos dan lástima, como santuarios de virgen saqueados”; incluso en la segunda, que deja entrever su historia con Barker. Se escondió como una delincuente en Pender Harbour para parir a su primer hijo, en 1941. Engendraría un total de cuatro hijos con su amante, aunque solo aceptó ocultar el primero para no avergonzar en sociedad a su distinguida familia. Fue durante el encierro que desplegó lo que ella denomina “mi pequeña maestría” en el poema “Tratando de escribir”, e inició la redacción de la novela que nos ocupa, la cual habría de publicarse en 1945 con un tiraje inicial de 2000 ejemplares, “Y el día de hoy, mi único hoy, lo derramo inútilmente en mi cuaderno de diez centavos, con los ojos arrasados por las lágrimas.” A la inestabilidad del amante, que ciertamente no le es más fiel que a su esposa legítima (vuelve a embarazar a Jessica y tendrá un total de quince hijos con tantas otras mujeres), se suma la ira de la madre de Elizabeth que se empeña en hacer desaparecer cada uno de los ejemplares de la escandalosa novela de su hija, comprándolos todos para quemarlos. Afortunadamente para sus lectores, no consiguió arrasar con todos.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-CLxNIko5Mts/TlnhT_iLDiI/AAAAAAAAMu8/Xmf3ddw7R_A/s1600/elizabethsmart.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" qaa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-CLxNIko5Mts/TlnhT_iLDiI/AAAAAAAAMu8/Xmf3ddw7R_A/s1600/elizabethsmart.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Elizabeth ejerció el periodismo y la publicidad para mantener a sus hijos. Colaboró, entre otras publicaciones, en Vogue, y fue editora de la revista canadiense Queen. La pensión de sus padres apenas alcanzaba para procurarse los hermosos vestidos a los que estaba acostumbrada. Barker, naturalmente, nunca le dio un centavo. Aunque llegó a publicar tres celebrados libros de poesía, Elizabeth no volvió a publicar novela sino hasta 1978, a la edad de 57 años, Los pícaros y los canallas se van al cielo que ni remotamente tuvo los alcances de la primera, ni en calidad literaria ni en recepción de la crítica, pero vale mucho la pena leerse. ¿Aludía en el título de esta a Barker, quien en 1950 había publicado una novela titulada La gaviota muerta en la que narra su propia versión de los hechos y describe a la madre de sus cuatro hijos como una criatura frívola y superficial, insinuando incluso que ella le plagió En Gran Central Station? &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque no sea exactamente una continuación de En Grand Central…, los lectores de esta no podrán evitar asociarlas. Una misma mujer en dos etapas muy distintas de su vida, la autora de Los pícaros y los canallas van al cielo refleja decepción –sobre todo decepción-, un cinismo ni remotamente encantador como el que refleja su primera obra, y un perpetuo encogimiento de hombros ante el destino que ella misma eligió. Ahora es la mujer de Lot quien sale a relucir en su discurso: “Oprimidos bajo una increíble obediencia, yacen deseos deformes, desnutridos, hambrientos, maltratados; bajo una sonrisa social. Ni una lágrima: hay años y años más allá de esa sentimental estatua de sal que mira hacia atrás.” (Editorial Periférica, Col. Largo Recorrido 12, España, 2010, Traducción y notas de Laura Salas Rodríguez, p.44).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta segunda novela de Elizabeth se aproxima mucho más al aforismo que a la anécdota. Justo como ella misma señala en las últimas páginas, es producto del irrefrenable deseo de liarse con la desafiante página en blanco, “(…) Tras haber gritado buscando distracción soy conducida a la terrible página en blanco, (irracionalmente) temblando todavía por si alguien mira por encima de mi hombro; aunque no hay nadie, no, nadie en absoluto ahí, y por esa razón soy conducida. Conducida a la evasiva saliva… ¡Signos de parto!” (p. 127).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La narradora de estas escenas tiene poco o nada que ver con la de En Grand Central…, cuya escritura vibraba de pasión. Se describe como una mujer de 31 años con piojos en el pelo y un amante infiel. Describe su sitio de trabajo como un lugar infame que nadie asociaría con la redacción de una revista glamorosa y menciona su maternidad como un hecho que le produce resignación, pero ninguna satisfacción evidente...por mucho que los demás alabaran la buena educación de las niñas y sus rizos de Blancanieves. Solo en los bares encuentra alguien que la hace reír, personajes cuyas existencias mediocres –desde intelectuales hasta fontaneros- parecen más dignas de ser comentadas que la propia. Se percibe un profundo autodesprecio en su tono, pero también una implacable visión de una sociedad a la rechaza en la misma medida en que esta la rechaza a ella. Ni un rasgo de la hermosa y desdeñosa señorita que aguardaba un príncipe azul, menos aún cuando menciona a sus padres, por quienes parece experimentar cariño…muy particularmente por su padre, al que bellamente equipara con un bosque de jacintos. Es en la hermosa prosa de Elizabeth, así como en algunas de sus contundentes, despiadadas, poéticas y a veces terriblemente sarcásticas afirmaciones sobre la naturaleza humana y la clase social que “la tolera” –siendo mutua la tolerancia, hay que señalar- lo que hace de Los pícaros y los canallas van al cielo un libro que no debe pasar inadvertido…aunque no posea los alcances poéticos y dramáticos de su primera novela.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Echen un vistazo a las mujeres decoradoras, tranquilamente sentadas en el cojín del tiempo. Tienen el corazón tapizado con toile-de-jouy; tienen biombos de Coromandel alrededor de su sexo; sutilezas eau-de-nil confunden sus facultades intelectuales, que se expanden y contraen con educación en el momento adecuado. ¿Y qué si no se asoman sospechosamente por debajo de sus velos? Sus guantes están impecables, no tienen carreras en las medias y llevan los zapatos nuevos. Alfombrillas de baño, toallas limpias y crema de champiñones las esperan en casa a horas fijas. Incluso aunque la lluvia pueda repiquetear sobre la base de maquillaje Elizabeth Arden, el viento nunca aúlla con desolación cerca de tan alegres encantos (…) Serena junto a un obelisco, y al borde de la muerte, una vida de contención y atropellos femeninos deja tan sólo una máscara arrugada como un pañuelo de papel. &lt;/em&gt;(p.p 44 y 45)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-fOWjv0sc5dQ/TlneV6kA_HI/AAAAAAAAMuo/skVInZjni64/s1600/Elizabeth+old.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" qaa="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-fOWjv0sc5dQ/TlneV6kA_HI/AAAAAAAAMuo/skVInZjni64/s1600/Elizabeth+old.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Barker jamás legitimó su relación con Elizabeth, de hecho, al morir su mujer, Jessica, se casó con la también escritora de origen escocés, y casi treinta años menor que él, Elspeth Barker (1940). Cuando en 1980, Elizabeth y su ex amante coincidieron en un encuentro de escritores en Edimburgo, él no se tocó el corazón para declarar a voz en cuello que lo que su ex amante escribía se podía leer en cualquier revista femenina, sin embargo, y como bien señala Freixas, En Gran Central Station me senté y lloré fue, diría Carlos Fuentes, long seller, mientras que la novela de Barker jamás volvió a editarse. Pocos años después de la publicación de Los pícaros y los canallas van al cielo, Elizabeth se recluyó en una residencia para escritores de la Universidad de Alberta. Póstumamente se publicarían su Diario (del cual, se descubrió entonces, había extraído algunos fragmentos para su primera novela) y una colección de relatos tempranos titulada Juvenilia (1987). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Elizabeth Smart, a quien muchos y muchas podrán tildar de tonta por entregarle su vida y su reputación a un ególatra que se limitó a recibir sin dar nada a cambio, tenía, sin embargo, que cometer esa enorme tontería para escribir una obra maestra de las letras inglesas. “Contemplo vagamente los instrumentos del amor, y con frío asombro me pregunto. ¿De veras se estremeció el planeta cuando él acercó la mano?” (p. 123) Murió el 4 de marzo de 1986, de un ataque al corazón, en su casa de Suffolk, Inglaterra, donde vivía desde la década de los sesenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-AC5eSEPgaRQ/Tlng1AlnreI/AAAAAAAAMu4/hdkT6PGWegk/s1600/ElizabethS.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" qaa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-AC5eSEPgaRQ/Tlng1AlnreI/AAAAAAAAMu4/hdkT6PGWegk/s640/ElizabethS.jpg" width="450" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Un poema de &lt;em&gt;Elizabeth Smart&lt;/em&gt; en&amp;nbsp;edición bilingüe&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;Blake's Sunflower&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Why did Blake say &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;'Sunflower weary of time'? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Every time I see them &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;they seem to say &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Now! with a crash &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;of cymbals!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Very pleased &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;and positive &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;and absolutely delighting &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;in their own round brightness.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorry, Blake!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Now I see what you mean. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Storms and frost have battered &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;their bright delight &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;and though they are still upright &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nothing could say dejection &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;more than their weary &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;disillusioned&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hanging heads. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El girasol de Blake&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué dijo Blake&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que los girasoles están “cansado del tiempo”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que los veo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;parecen decir ¡Ahora! Con un chocar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De platillos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy complacidos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y optimistas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y absolutamente deleitados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su propia luminosidad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo siento Blake&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora entiendo lo que tratas de decir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tormentas y heladas han maltratado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;su brillante alegría&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y aunque parezcan tan verticales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nadie podría decir que están abatidos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aunque sí más que cansados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;decepcionados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;con sus cabezas colgando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Traducción: Eve Gil&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-CLxNIko5Mts/TlnhT_iLDiI/AAAAAAAAMu8/Xmf3ddw7R_A/s1600/elizabethsmart.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-8253277082912343264?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/8253277082912343264/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=8253277082912343264' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/8253277082912343264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/8253277082912343264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/09/epica-del-adulterio.html' title='Épica del adulterio'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-sIqDbXeEzas/TlnfsStFfdI/AAAAAAAAMu0/IKJNt5LaNtU/s72-c/e003641903-v61.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-1082308452213730198</id><published>2011-08-27T18:13:00.001-07:00</published><updated>2011-08-27T18:13:47.110-07:00</updated><title type='text'>La rosa más pequeña</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-I29_X8X2FWE/Tj4JJpkS20I/AAAAAAAAMtU/-mL9rvGIeC4/s1600/esatelje.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-I29_X8X2FWE/Tj4JJpkS20I/AAAAAAAAMtU/-mL9rvGIeC4/s640/esatelje.jpg" t$="true" width="412" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Quiero ser libre: por eso no me importa el noble estilo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;E.S&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none; text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/--CT8cWnCI80/Tj4H47APGCI/AAAAAAAAMtM/aO0L99WtiAs/s1600/edith_sodergran_pic.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/--CT8cWnCI80/Tj4H47APGCI/AAAAAAAAMtM/aO0L99WtiAs/s320/edith_sodergran_pic.jpg" t$="true" width="177" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando Edith Södergran nació, el 4 de abril de 1892, la patria de sus padres, “esa lejana Finlandia cubierta de estrellas”, como la nombra en su poema “¿Cuál es mi patria?”, era un gran ducado incorporado al imperio ruso desde 1809, cedida por Suecia, que había dominado estas tierras durante los siglos XII y XIII, a los zares. Sus padres no podían ser más incompatibles: Matts Södergran era un técnico finlandés, alcohólico, que que apenas sabía escribir y, por supuesto, desdeñaba los libros, aunque su inteligencia natural le permitió asumir la responsabilidad y el salario de un ingeniero pese a ser solo un mecánico. Helena Lovisa Holmroos, en cambio, provenía de una adinerada familia suecofinlandesa para la que el arte era parte fundamental de su estructura. Imposible entender como dos seres tan antagónicos pudieron coincidir, más aún, casarse y engendrar a la que estaba destinada a ser la más grande poeta escandinava: aquella muchacha de tupida cabellera dorada, que se vio forzada a llevar quevedos desde muy jovencita, llamada Edith Södergran. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A juzgar por los violentos conflictos conyugales entre los padres de Edith, detallados por sus biógrafos, no debe haber sido nada fácil para ella seguir una educación con la que el padre no podía estar menos de acuerdo, aunque el que este cayera prematuramente enfermo porr la tuberculosis que le contagiaría a su hija pudo haber facilitado las cosas. Todo parece indicar que la señora Södergran estaba empeñada en que su única hija trascendiera en medio de aquel mundo sin identidad ni cultura propias, por lo que le procuró la mejor educación posible. &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ty-8xpjhm6k/Tj4ITvjRjyI/AAAAAAAAMtQ/f-DXoAx9zkY/s1600/edith.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-ty-8xpjhm6k/Tj4ITvjRjyI/AAAAAAAAMtQ/f-DXoAx9zkY/s320/edith.jpg" t$="true" width="249" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A decir de Jesús Pardo; traductor y prologuista de Antología poética (Visor libros, Madrid, 1992), la única concesión infantil para la pequeña Edith, criada con rigidez de adulto, era dormir abrazada a un álbum con retratos de gatos, tomados por ella misma, luego que sus vecinos envenenaron al suyo. Amedrentada y triste, optó por no adoptar otro más. Fue a partir de ese acto tan estúpidamente cruel, que la pequeña Edith cayó en un pozo de melancolía del que jamás volvería a asomar entera.Esto, y la afición de su madre por el tabaco, compartida por otros amigos con quienes la dama charlaba animadamente en torno a un samovar que hervía sobre la mesa central del cuarto de estar, pudieron influir en el decaimiento de la salud de la niña, a quien no se le impedía convivir con los adultos. Sus achaques habrían de acentuarse a comienzos de 1918, cuando Ráivola se convirtió en territorio de guerra y la joven se entregó de lleno al ejercicio poético, forzada a beber la leche que le vendían a precio de oro los mismos vecinos que mataron a su gato. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Impactada por el asesinato de su mascota, la muerte de su querida abuela materna cuando contaba diez años, sus propias dolencias que iban minando sus fuerzas, sin contar la pérdida de la fortuna familiar en 1917 a consecuencia de la guerra, son el origen de su permanente interlocución con la muerte ; esto y no una moda como insisten en afirmar algunos:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;NADA&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Calma, niño mío, nada existe,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y todo es como tú lo ves: el bosque, el humo, el vuelo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;de los raíles.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;En algún lugar, muy lejos, en un país remoto,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;el cielo es más azul y hay una pared con rosas&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;o una palmera y un viento más cálido,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y eso es todo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;No hay nada más que nieve en las ramas del abeto,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;No hay nada más que besar con labios cálidos,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y todos los labios, con el tiempo, se enfrían.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Pero tú dices, niño mío, que tu corazón es fuerte,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y que vivir en vano es peor que morir.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;¿Qué quieres de la muerte? ¿conoces acasi el hedor que&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;exhalan sus prendas?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Nada es más repulsivo que el suicidio.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Hay que amar las largas horas de dolor que brinda la vida,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;los angostos años de anhelo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;cuanto los cortos instantes en que el desierto florece.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;De “La Tierra Que No Es”(1925)&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-EzBEZZpkcNw/Tj4Kf78m_OI/AAAAAAAAMtk/YUCqX3NPG68/s1600/ES_ungdomsbild.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-EzBEZZpkcNw/Tj4Kf78m_OI/AAAAAAAAMtk/YUCqX3NPG68/s320/ES_ungdomsbild.jpg" t$="true" width="235" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Edith se crió en Ráivola, a unos 60 kilómetros de San Petersburgo, en una encantadora dacha con habitaciones suficientes para una familia pequeña y unos cuantos sirvientes, en medio de una gélida Babel donde se hablaba sueco, finlandés, inglés y ruso; a veces todo mezclado, aunque ella elegiría el sueco arcaizante, empleado apenas por una minoría, para escribir su poesía adulta. Estudió en la escuela Petrischule, la misma a la que acudió Lou Andreas Salomé, y aprendió una lengua más: el alemán, que le permitió acceder a Nietsche y fascinarse con sus ideas, las cuales se reflejan nítidamente en sus primeros poemas y aforismos: “En la corrupción está la más alta belleza, y el diablo es la más alta bondad de Dios”(1922). Varios de sus poemas podían calificar como “panteístas” y esto la lleva a cuestionarse respecto a la muerte desde una óptica mucho más amplia: para la joven Edith Sódergan la muerte no tiene nada que ver con el espíritu; es un descanso físico; el ansiado final de los dolores y las penas. Trascender en la naturaleza. Hay algo casi festivo cuando la invoca, no así como se refiere a un Dios por el que acaso experimenta una duda teñida de pálida esperanza. Nietzsche, al que solo conoce a través de sus escritos, es lo más próximo a una figura tutelar intelectual que habrá de tener en su corta e incomprendida vida:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;ANTE LA TUMBA DE NIETZCHE&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;El gran cazador ha muerto…&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Y yo cubro su tumba con cálidas cortinas de flores…&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Besando la fría losa, digo así:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;He aquí a tu primera hija con lágrimas de alegría.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Burlona me siento sobre tu tumba&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;como un ultraje… más bella que en tus propios sueños.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;¡Extraño padre,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Cuyos hijos no te olvidan!,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;pisan la tierra a paso de dioses,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;frotándose los ojos: ¿dónde estoy yo?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;No, en serio…éste es mi sitio,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;ésta es la tumba decaída de mi padre…&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Dioses: guardad eternamente este lugar.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Septiembre, 1918)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;De “La lira septembrina”&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;(1918) &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En aquella prestigiada institución, cuyo idioma docente era el alemán, el aprendizaje de la literatura y de las lenguas era tan importante como las de baile, impartidas por una bailarina del Ballet Imperial Ruso. Ahí, la jovencita escribió sus primeros poemas en la lengua más tardíamente aprendida, es decir, el alemán. Unos 250 redactados entre 1907 y 1909 , conservados en un diario que, durante la evacuación de Raivola en la guerra ruso-finesa, la joven poeta suplicó a su madre que los quemara, cosa que, por fortuna, .la señora Södergran no hizo. Curiosamente, se afirma que en su obra redactada en sueco se detectan imperfecciones y germanismos, debido acaso al casi nulo estímulo sueco recibido por la joven que sin embargo llegó a entusiasmarse por autores suecos y suecofilandeses como Runeberg y Topelius, si bien sabía poco finlandés. Los autores de cabecera de Edith: Moliére, Víctor Hugo, Maupassant y Musset, todos ellos francófonos. En alemán leyó a varios autores por exigencias académicas, pero solo Nietzsche la cautivó. “Edith Södergran tiende a no mostrar sus influencias literarias absorbiéndolas hasta hacerlas parte de su propia intuición poética”, señala Jesús Pardo. Se dice, sin embargo, que la razón por la que Edith optó por cambiar el alemán por el sueco fue un fugaz pero trascendente encuentro con el filólogo Hugo Bergroth (1866-1937)&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-kkRmBaRiX1w/Tj4JmWKFB7I/AAAAAAAAMtg/EoGTMrtjvwA/s1600/EDITH_%257E1.JPG" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="251" src="http://3.bp.blogspot.com/-kkRmBaRiX1w/Tj4JmWKFB7I/AAAAAAAAMtg/EoGTMrtjvwA/s320/EDITH_%257E1.JPG" t$="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1918, la tuberculosis forzó a Edith a interrumpir sus estudios para internarse en Nummela, el sanatorio donde había sido atendido su padre, quien muriera por la misma afección. El sitio le inspiraba verdadero horror a Edith, pero también la impulsó a escribir una serie de cartas donde relata esta triste vivencia a la que nunca imaginó sobrevivir, “(…)Mis poemas son descuidados esbozos a lápiz. En cuanto a su contenido, dejo que mi instinto construya lo que ve mi mente. Mi aplomo se basa en que he descubierto mis dimensiones. Y no tengo porqué hacerme menos de lo que soy”, escribiría la propia Edith para du advertencia premiliminar a su segundo libro, Lira Septembrina. . Dos años después se encontraba en Davos-Dorf, el escenario que Thomas Mann inmortalizó en La montaña mágica. Se dice –aunque sin certeza absoluta- que la poeta fue enviada ahí por “prescripción” del doctor Ludwig Von Muralt, con quien ella había iniciado una inconveniente relación amorosa pues él era casado. En 1917, aquel médico murió tuberculoso, pero se dice que Edith, quien casi milagrosamente se repuso a la enfermedad, siempre conservó su fotografía en la cabecera de su cama. Jesús Pardo, sin embargo, sugiere que mantuvo una relación afectivo-erótica con la crítica y rescatista de su obra póstuma, Hagar Olsson, a quien debemos el libro post mortem de Edith, La Tierra que No Es, poemas que, se dice, fueron localizados bajo la almohada donde dormía la joven poeta. Otros afirman que se enamoró de prácticamente todos los poetas suecos de su tiempo, cosa que es una exageración mal intencionada si tomamos en cuenta que no tuvo oportunidad de tratar a muchos, ni de viajar demasiado. Con Hagar Olsson, por otra parte, Edith mantuvo una larga e intensa correspondencia que deja perfilar una profunda afinidad espiritual, y es que Hagar fue la única verdadera amiga que tuvo Edith.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La poeta regresó a Finlandia justo antes de estallar la revolución rusa hasta que, al tomar los bolcheviques el poder, los finlandeses reivindicaron su soberanía y se declararon independientes en diciembre de 1917. Algo de su discreta ideología se refleja en éste poema suelto titulado “Imagen instantánea”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Hay diversos pueblos en Europa,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;pero benditos sean los que se nos asemejan.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La victoria del volchevismo es rapidísima,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;pero la nuestra lo será más aún, porque es la última.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Perderemos las riendas de la vida.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Quitaremos el bozal a la humanidad:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;¡Espléndido animal salvaje, ahora eres tú el que manda!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la edad de veinticuatro años (1916), en medio de la guerra, la enfermedad y el hambre publicaría su primer libro, Dikter (Poemas), donde representa a su querida Raviola como algo casi soñado; una tierra imaginaria donde la comunicación se vuelve especialmente difícil. Se dice que los exclusivos circulos literarios de Helsinski se complacieron en destazar su libros, posiblemente más movidos por cuestiones políticas que literarias.Ése ámbito venerador de bellezas vanas, no toleró el discurso “patético” de una muchacha joven y enferma. Su segundo libro, Septemberlyran (1918), de fuerte influencia nietszchiana, daría pie a un estéril debate sobre una posible locura. Casi todos sus críticos coinciden en que sus dos grandes libros son los quue siguieron a éstos: Rosenaltaret (1919, El altar de las rosas) y Framtidens Skugga (1920, Sombra del futuro), donde deja atrás su pasión por Nietzsche e intenta explicarse a sí misma el insondable misterio de Dios. Viajó finalmente a Helsinski exclusivamente para cenar con los poetas Hemmer y Grotenfelt, y se presentó intempestivamente en casa del crítico Hans Ruin, que había elogiado su primer libro de poemas. Edith hablaba con admiración de los expresionistas alemanes y los futuristas rusos, ahí notó Hemmer que sus raíces eran diferentes a las de los poetas que conformaban el círculo al que ella quería pertenecer, lo que hacía de ella una poeta sin rótulo: única. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;EL SIGNO&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;¿Es Dios un malvado?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;¿Expulsó del cielo a su ángel más audaz?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;No, yo digo que no:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;A mí me dio miel y amargor,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;y vomité por toda la tierra la masa espumeante. La&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;forma resistió.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Me dio una rosa rojinegra,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;la más pequeña del mundo&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Y ésa me distingue de todos los demás seres humanos,&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;se ve desde muy lejos sobre mi vestido blanco.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Septiembre, 1918)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;De La Tierra Que No Es&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;(1925)&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La aventura intelectual duró poco: cuando Edith retornó a Raivola, tuvo que enfrentar la cruda realidad de la pobreza junto con su madre. Para subsistir, la poeta se dedicaba a hacer traducciones y crítica literaria, incluso fotografía, pero llegó un momento en que se le vio tratando de vender productos tan ínfimos como un frasquito de perfume y una tira de encaje. En esa circunstancia la encontró Rudolf Steiner (1861-1925), padre de la antroposofía, quien habría de convertirse en su guía espiritual de los últimos años. Gracias a aquella búsqueda metafísica, Edith escribe La sombra del futuro, su libro más influenciado por Steiner, publicado en 1920. Sin embargo, a medida que profundizaba en el misticismo, Edith descubrió maravillada la lectura de los Evangelios y muy específicamente la figura de Cristo, mientras que su salud se deterioraba de nuevo, la tuberculosis retoñaba, y aún así, en medio de los cañonazos de la rebelión de Kronstad y escupiendo sangre, ayudó a los refugiados hambrientos y promovió la intervención de la Cruz Roja sueca, “El prejuicio contra Dios es el más difícil de vencer”, escribiría.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-fQLR2X9bfM4/Tj4JhUSUy2I/AAAAAAAAMtc/CeXtTF7cfgg/s1600/sodergran_.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="230" src="http://2.bp.blogspot.com/-fQLR2X9bfM4/Tj4JhUSUy2I/AAAAAAAAMtc/CeXtTF7cfgg/s320/sodergran_.jpg" t$="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una mezcla de factores –tuberculosis, mala alimentación, depresión y cansancio –terminaron cn la vida de Edith Södergran, el 24 de junio de 1923, a los 31 años de edad, sin imaginar que su voz menospreciada llegaría a ser la más importante del ámbito poético suecofinlandés del siglo XX, donde, afirma Jesús Pardo, ningún otro poeta sueco ha sido más admirado y venerado que ella: “Anhelo la tierra que no es,/ porque estoy cansada de anhelar las cosas que son…”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/HfBp90-Ae8o" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;iframe width="560" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/PFKxRSaC3aM" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-1082308452213730198?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/1082308452213730198/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=1082308452213730198' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/1082308452213730198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/1082308452213730198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/08/la-rosa-mas-pequena.html' title='La rosa más pequeña'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-I29_X8X2FWE/Tj4JJpkS20I/AAAAAAAAMtU/-mL9rvGIeC4/s72-c/esatelje.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-1438172560775464425</id><published>2011-08-13T15:53:00.000-07:00</published><updated>2011-08-13T15:53:21.619-07:00</updated><title type='text'>Escritura de tacones altos</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-nqDNRekTRrc/TkYdRYciy4I/AAAAAAAAMtw/n6EfUhfcRq4/s1600/christa01.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="396" naa="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-nqDNRekTRrc/TkYdRYciy4I/AAAAAAAAMtw/n6EfUhfcRq4/s640/christa01.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;…Estaba tan furiosa que me sentía como si estuviera enamorada…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;…Era como estar enamorado, ¿sabes? Sólo que lo que sentía era odio…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C.F&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una ex actriz porno de origen italiano como súper heroína de una novela negra que desmantela, ella solita, una organización que prostituye niñas extranjeras (rumanas, húngaras y eslavas) y –se sugiere- trafican con sus órganos cuando ya la “mercancía” ha dejado de ser “atractiva” para sus torcida clientela. ¡Alucinante! Más aún si está narrado desde el punto de vista femenino, una “chica maja” cuyo nombre de batalla es Angel Dare, y dirige una agencia de actrices porno perfectamente en regla y con todas las garantías laborales para sus trabajadoras. Una empresaria que no se droga ni se alcoholiza porque se habituó a ahorrar el producto de su trabajo con miras a llevar una vida “honesta” algún día…algo así como una versión underground de Julia Roberts en Mujer bonita:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;…Llevaba en el negocio siete años, y los años en el porno son muy parecidos a los años de los perros. Las chicas tienden a envejecer mucho más rápido por cada año real de ser humano…&lt;/em&gt; (Valdemar, Col. Es Pop, Madrid, 2010, traducción de Óscar Palmer Yáñez, p.112)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Fundar Daring Angels fue apostar por que las chicas del negocio necesitaban una alternativa positiva a los novios representantes, a los chulos con maletín y a las agencias abusivas dirigidas principalmente por hombres. Necesitaban una agencia dirigida por una mujer. Propiedad de una mujer. Que tratara a las chicas con respeto, que les guardara las espaldas y que se asegurara de que no acabaran devoradas vivas y escupidas de nuevo en menos de un año… &lt;/em&gt;(p. 129).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asimismo, Angel critica quijotescamente los títulos misóginos que le aplican a los filmes XXX ciertos productores con los que, por supuesto, nunca había trabajado; Cerdas folladoras, Las putas no pueden decir no o Lo que sea por dinero. Sí: hasta una actriz porno puede asumir su actividad desde una perspectiva feminista y exigir respeto. Se enternece, además, con los tipos que desean acostarse con ella pero temen que, al estar tan habituada a miembros descomunales y súper potentes, termine mofándose de sus aparatos tan… estándar: “…Muchos tíos se piensan que no tienen nada que hacer conmigo porque no llevan una barra de acero de veinticinco centímetros entre las piernas. Lo cierto es que la polla más grande y dura del mundo resulta completamente inútil si no sabes cómo comer coño…” (p. 203)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-c5XYgwzSnB0/TkYdpSSipAI/AAAAAAAAMt0/JcXlwy6Btg4/s1600/2358_a_la_cara_prom.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="256" naa="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-c5XYgwzSnB0/TkYdpSSipAI/AAAAAAAAMt0/JcXlwy6Btg4/s320/2358_a_la_cara_prom.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con todo, A la cara es una novela absolutamente original en un género que va más allá del noir y algunos críticos emparentan con el pulp, si bien su propia autora, en entrevista con Rob Hart, la denomina hardboiled (novela de crimen asociada con detectives y escaso o nulo sentimentalismo, como las de Dashiel Hammett yRaymond Chandler…muy tocados, por cierto, por la pulp fiction): “Veo a Angel Dare como una versión femenina y más compleja del típico protagonista hardboiled: un tipo solitario y duro que no se ve limitado por la moral tradicional a la hora de caminar por el sucio mundo del hampa . Como Mike Hammer o Sam Spade. Jamás pensé en Angel como una mujer fatal.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la cara es como una novela gráfica abundante en callejuelas oscuras, explosiones, rubias de enormes pechos, casi siempre artificiales; un ex policía con un amargo pasado familiar y la “chica buena” que de tonta no tiene un pelo. De mala tampoco….hasta que se meten con ella y con su negocio, producto del arduo ejercitar de su cuerpo. La autora, Christa Faust, podría ser la viva encarnación de su heroína; atractiva, sexy, tatuada hasta el último rincón de su cuerpo –su tatuaje favorito es una máquina de escribir que porta en el ombligo- y en sus tempranos cuarenta, aunque no haya trabajado en el porno pero si en una peep show de Times Square como “chica de cabina”…de las que hacen el “numerito” para un ansioso cliente solitario que contempla del otro lado del cristal mientras se masturba, “Nunca he hecho porno , pero sí muchos videos de fetichismo. Pero mientras me documentaba para escribir A la cara me pasé por estudios de varios niveles del cine para adultos. Olvídate de la puñetera internet. Para un escritor la mejor manera de documentarse es escuchando…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-PG-iB6QYfyY/TkYeBVo5I_I/AAAAAAAAMt4/FnffQMQarxw/s1600/cfgermany.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" naa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-PG-iB6QYfyY/TkYeBVo5I_I/AAAAAAAAMt4/FnffQMQarxw/s320/cfgermany.jpg" width="240" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Christa Faust, que podría no ser su verdadero nombre, nació el 21 de junio de 1969 en Nueva York, aunque actualmente radica en Los Ángeles. Hija de padres divorciados, “divididos entre la Cocina del Infierno y el Bronx”. Desde que tiene uso de razón ha sobrevivido a sus pequeñas tragedias personales inventándose historias…incluso acudió a la universidad y llegó a impartir clases de literatura, hasta que descubrió que la verdadera escuela de los escritores está en leer a otros escritores, “Te puedes pasar la vida asistiendo a clases y talleres de escritura, retocando y puliendo la gran novela americana que nadie leerá nunca…o machacarte 95.000 palabras durante seis semanas sin dormir y curtirte como una profesional. Fue la mejor educación que he recibido.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un amigo le sugirió presentar uno de sus escritos “experimentales” para una antología…y terminó escribiendo a cuatro manos con otra gran autora del género de horror, Poppy Z. Britte, titulada Triads. Además, se ha permitido el lujo de escribir varias novelas inspiradas en películas, no precisamente artísticas, como Viernes 13 y Serpientes en el avión: “Mi entorno de trabajo no tiene nada de especial puesto que vivo en una casa diminuta y carezco de estudio: solo tengo una mesa en un rincón. Sin embargo vivo sola, con dos Boston terriers y dos gatos persas, lo cual no está nada mal. No soy escritora de cafetería, definitivamente. Vivo, a duras penas, de lo que escribo. A veces me pregunto si no sería mejor un trabajo aburrido que me dejara mucho dinero.”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-0guIeD81V_4/TkYeLD8v07I/AAAAAAAAMt8/7wLtMc7h0x0/s1600/cfdesk.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="316" naa="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-0guIeD81V_4/TkYeLD8v07I/AAAAAAAAMt8/7wLtMc7h0x0/s320/cfdesk.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Christa Faust se ha especializado en novelas, digamos, “tarrantinianas” –por evocar a su fan número uno, el afamado director de cine que se refiere a ella como “la única morena en un mundo de rubias”-, pero la obra que la consagró definitivamente fue Money shot, publicado al castellano bajo el título A la cara, su única novela traducida a nuestro idioma a la fecha y nominada al prestigiado Premio Edgar. Los críticos han elogiado la belleza de la edición de Valdemar, que con esta novela inaugura una serie de literatura “pop” inspirada en una afamada serie estadounidense de libros llamada Hard Crime, donde publica la propia Christa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una de las razones por las que eligió a un personaje de las características de Angel Dare como heroína, continúa Christa, es porque estaba harta del estereotipo de las actrices porno como víctimas patéticas…aunque un par de sus personajes encajan en ese modelo y son tratadas sin miramientos pues, al parecer, Christa considera que solo las muy tontas e ingenuas se dejan corromper y transformar en muñecas inflables: mujercitas raquíticas que apenas pueden sostenerse en pie por el inmenso volumen de sus pechos de utilería: “No me gustan las novelas escritas en tono irónico que utilizan los tópicos del género con vocación camp a la vez que pretenden alzarse por encima de ellos con una actitud conscientemente distanciada, metalingüística y de listillo. Prefiero que me cuenten una historia clásica de traición y desesperación en un entorno moderno, poblada por personajes complejos y fallidos con los que los lectores de ahora puedan identificarse.” Y entre sus mayores influencias cita a Richard S. Pratter, Megan Abbot y Chester Himes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y no se puede acusar a Christa de no haber emprendido este ideal en su propia narrativa: A la cara está poblada de personajes decentes con muchos defectos, y de villanos asquerosamente simpáticos. Aunque parece muy compenetrada –y comprometida- con el género negro, señala que es prácticamente “nueva” en esto. Antes lo suyo era el splatterpunk, corriente ochentera, especie de gore con sensibilidad punk y existencialista, donde generalmente los protagonistas son zombies…de ahí que algunos de sus personajes –pienso en la psicótica Roxette hurgándose en una herida de bala del muslo con un cepillo de dientes… o la “dura de matar” pero encantadora Didi mientras se desangra en el baño- nos remitan a esa estética de la carne cayéndose a pedazos. Conforme vamos avanzando en la lectura, estamos a la espera de la arquetípica traición de alguno de los “buenos”…pero como todo en la narrativa de Christa, que respeta casi religiosamente los lineamientos del género, las cosas que tienen que suceder, suceden…pero en forma absolutamente impredecible. Y esa es otra de las virtudes que hay que aplaudirle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-0Nh-n0NS6ew/TkYeeCwhTvI/AAAAAAAAMuA/cWi5wl8tn3E/s1600/Christa-ElPecas-7949131.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" naa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-0Nh-n0NS6ew/TkYeeCwhTvI/AAAAAAAAMuA/cWi5wl8tn3E/s320/Christa-ElPecas-7949131.jpg" width="297" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como en todos los ámbitos de la vida, incluso la industria pornográfica, existen personas decentes e indecentes, y Angel Dare –cuyo verdadero nombre no conoceremos nunca –pertenece, se ha visto ya, al primer bando. A través de su aventura se nos va revelando como una chica lista que ingresó al “negocio” por gusto, y no porque ningún novio le hubiera sorbido el coco como a Linda Lovelace. Como cualquier mujer normal ha sufrido por amor, pero su asombrosa fuerza de carácter se impone en todo momento, lo cual no significa que no se preocupe de vez en cuando por la ley de la gravedad que afecta sus otrora afamados –y naturales- pechos. Como en toda buena novela detectivesca, no puede faltar una secretaria listilla y medio puta, que en este caso en la encantadora cincuentona Didi, también ex actriz porno que trabaja a las órdenes de Angel y continúa vistiendo prendas ajustadas y ligando en los bares. Ella no es solo la empleada de confianza de Angel: es su mejor amiga y confidente, y ambas tienen un corazón de oro que se conmueve con las muchachitas famélicas que pretenden salir de la miseria a través del porno. Nunca imaginan que justamente una de ellas, que acarrea un enigmático maletín negro, llamada Lía, las meterá en un lío monumental del que solo un escritor extraordinariamente astuto podía salir tan campante. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día cualquiera, Angel recibe una llamada de su mejor amigo, que además dirigió la mayor parte de sus películas: otro tipo decente llamado Sam, casado con otra ex actriz porno que ahora se dedica a hornear galletitas y, contrario a la sexy Didi, ha adquirido el aspecto de una dulce matrona. Sam le suplica a Angel que trabaje en su nueva película porque el actor protagónico, Jesse Black, es un nuevo divo empeñado en no hacer ese filme con otra que no sea la mismísima legendaria Angel Dare. La ex actriz se rehúsa, alegando que está retirada, pero Sam insiste con algo que a ella le parece angustia…excesiva angustia… y Angel no soporta ver sufrir a sus amigos, así que muy profesional acude a la cita en una casa que parece más un set de película de fantasmas que de una porno. La violencia comienza casi de inmediato, con una interminable sesión de puñetazos emprendidos por el joven y guapo Jesse Black contra la recién llegada…y no precisamente porque se trate de una película bondage. Otros dos tipos se encuentran presentes y mantienen encañonado a Sam que no deja de rogar por la vida de su esposa a la que, al parecer, tienen secuestrada. Lo que a ellos les interesa saber es donde escondió Angel “el maletín”, pero ella no tiene idea de a qué se refieren…y tardará un buen rato antes de recordar a la chiquilla rumana que ese mismo día acudió en busca de una de las actrices de la agencia de Angel que se encontraba trabajando lejos de allí…la que abrazaba un maletín como el que describen los maleantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jesse Black y sus compinches subestiman a Angel, a quien golpean y violan sin misericordia. La dan por muerta y la abandonan en el maletero de un coche abandonado en un lugar oscuro, sin imaginar que se trata de una chica fuerte y obstinada que todo ese tiempo ha peleado duro por su vida. Y uno se pregunta una vez más: ¿cómo sobrevivirá una chica desnuda, medio muerta, atrapada al interior de un maletero, y despojada de la única arma que llevaba consigo desde que un fan idiotizado empezó a acosarla, una coquetería, “un arma para chica”, que de algo le hubiera servido? Lo que salva a Angel, además de su astucia –que es la astucia de Christa Faust para desenredar sus propias madejas como surrealistas cubos de rubik- es su dignidad como mujer y un ardiente deseo de venganza contra quienes la han vejado. Un deseo que va creciendo como bola de nieve conforme averigua que su amigo Sam ha sido asesinado, y que, no conformes con “matarla”, han arruinado su buena reputación y su negocio sembrando material de pornografía infantil en su ordenador. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-TtjGhTXUfy8/TkYeqOHdfkI/AAAAAAAAMuE/LLIyySw7kDU/s1600/faust.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" naa="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-TtjGhTXUfy8/TkYeqOHdfkI/AAAAAAAAMuE/LLIyySw7kDU/s320/faust.jpg" width="225" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A quien recurre Angel en ayuda en primera instancia no es a Didi, pues teme meterla en problemas, sino a un policía retirado de origen mexicano-irlandés que le ha prestado servicios de protección llamado Lalo Malloy. Tiene que confiar necesariamente en alguien, y considera que ese silencioso personaje con una oreja deformada por algún truculento accidente, es el más indicado: este la pone en antecedentes respecto a que la policía la está buscando por el asesinato de su querido amigo Sam. Así entonces, Angel tiene dos misiones: escapar de la policía y atrapar a quienes han destrozado su vida, para lo cual deberá asumir un disfraz que le permita pasar inadvertida: un chico afeminado. Sin embargo, como se ha dicho ya, terminará haciendo mucho…mucho más de lo que se propone. Y de una manera por demás verosímil, por su fuera poco, con un desenlace que deja sin aliento. El escritor Duane Swierczynski no exagera cuando afirma: “A la cara consigue que la mayoría de las novelas policíacas parezcan tan excitantes como la postura del misionero un martes por la noche.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En Estados Unidos se ha publicado ya la segunda aventura de Angel Dare titulada Choke hold, a quien la autora ha dejado un paquete bien pesado al final de A la cara. Al parecer la venganza no ha quedado completada como se sugiere en la primera parte, y nuestra heroína deberá recorrer los pasajes más áridos en Arizona en búsqueda de los miembros que quedan de la red de esclavistas sexuales. A la pregunta de Luigui Landeiro de si se parece a su heroína, Christa responde: “Para nada. Ella es de Chicago y yo de Nueva York.Ella tuvo un padre maltratador y el mío era un hippie vegetariano. Ella recibió una educación católica y yo crecí sin religión. Ella es una chica muy sociable y yo muy solitaria. Por supuesto, tenemos cosas en común, pero también tengo cosas en común con otros personajes de la novela, incluso con los de la peor calaña. Todo escritor pone algo de sí mismo en sus personajes, eso les da vida.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://www.christafaust.com/"&gt;Blog de &lt;em&gt;Christa Faust&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/zivKLFrYI3Q" width="425"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-1438172560775464425?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/1438172560775464425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=1438172560775464425' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/1438172560775464425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/1438172560775464425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/08/escritura-de-tacones-altos.html' title='Escritura de tacones altos'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-nqDNRekTRrc/TkYdRYciy4I/AAAAAAAAMtw/n6EfUhfcRq4/s72-c/christa01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-3116774821190410751</id><published>2011-07-30T17:45:00.000-07:00</published><updated>2011-07-30T17:45:27.594-07:00</updated><title type='text'>Inmolación de la inocencia</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-x-V90_jDAEY/TiEyVUn33WI/AAAAAAAAMro/nXSowK11Jsw/s1600/inesa5.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" m$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-x-V90_jDAEY/TiEyVUn33WI/AAAAAAAAMro/nXSowK11Jsw/s640/inesa5.jpg" width="460" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Para Elena Méndez &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Quiero decir todo lo que se ha acumulado en un alma provinciana, que lo pule, lo acaricia y perfecciona, sin que lo sospechen los demás.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;I.A&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-dPHuAnG6TiA/TiExvlTmzNI/AAAAAAAAMrg/Zus-UyXnlio/s1600/inesa2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-dPHuAnG6TiA/TiExvlTmzNI/AAAAAAAAMrg/Zus-UyXnlio/s320/inesa2.jpg" width="201" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Inés Arredondo fue de las pocas mujeres destacadas dentro de una corriente eminentemente masculina conocida como Generación de la Casa del Lago -o de la Revista Mexicana de Literatura-, conformada, entre otros, por Tomás Segovia, Sergio Pitol, José de la Colina, Salvador Elizondo, Huberto Bátis, Juan Vicente Melo y Juan García Ponce. En un arranque de sinceridad, el escritor mexicano Eloy Urroz, autor del prólogo de Las palabras silenciosas, primera edición española de los relatos de Inés, reconoce haberla leído pasados los treinta años, no obstante que a otros distinguidos miembros de este grupo –cita específicamente a Melo, Elizondo, Pitol, José Emilio Pacheco, Jorge Ibargüengoitia, Segovia y García Ponce- los había leído ya a los veinte años, ¿machismo literario, distracción, olvido, prejuicio?, se pregunta Urroz: “(…) en un mundo literario regido por los hombres, ser una escritora genial, ser una escritora rigurosa como Inés, equivalía –y sigue equivaliendo- a ser simplemente una “buena escritora”, una autora “decente” y nada más, cuando lo cierto es que no estamos frente a una “buena cuentista” o una “autora decente” o “ de valía”, sino ante el mejor autor de cuentos que ha dado México en el siglo XX al lado de Juan Rulfo (…)” (Algaida, Col. Calembe, Madrid, 2007). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A García Ponce, en particular, la unió una entrañable amistad y una empatía absoluta en cuanto a su visión del quehacer literario, amén de una pasión amorosa momentánea, inmediatamente posterior a su divorcio del poeta Tomás Segovia, del que, cuentan, no soportó que Juan Carlos Onetti llegara a casa de los Segovia no en busca del gran poeta, sino de la esposa de éste, alojada en la cocina, la escritora mexicana Inés Arredondo por quien el narrador uruguayo afirmó sentir gran admiración, “El comentario de Onetti—narra Claudia Albarrán, biógrafa de Inés —fue para ella sol de verano en medio de ese crudo invierno (el de su desdichado matrimonio); para Tomás y su ego, una despiadada tormenta de nieve.” (Luna menguante, Vida y obra de Inés Arredondo, Juan Pablos, 2000).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-cV5BKSB-NLc/TiEyA8mZiII/AAAAAAAAMrk/gdN_DeO_2U8/s1600/inesa4.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-cV5BKSB-NLc/TiEyA8mZiII/AAAAAAAAMrk/gdN_DeO_2U8/s320/inesa4.jpg" width="193" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacida en Culiacán, Sinaloa, el 20 de marzo de 1928, Inés Amalia Camelo Arredondo, que siempre llevó el corte de moda (a la garcón en su etapa más prolífica), y conmovía por la elocuencia de sus grandes ojos de color café claro, dio vuelo a sus demonios a través de impenetrables pero impecables relatos, tan exactos y redondos que uno no puede evitar preguntarse si la autora no se extralimitaría en la búsqueda de sí misma. Aunque la mayoría de sus protagonistas son mujeres, casi todas victimizadas por un padre, un hermano, un tío, un esposo o un amante, en su narrativa brillan por su ausencia elementos perpetuamente ligados a lo femenino, imponiéndose la pasión, la muerte y la perversión, filtradas a través de una desmesurada mirada femenina que grita lo que la voz calla. Directa, incisiva, incluso cruel, pero siempre sutil, maliciosamente sutil, “El verdadero fuego quema sin anunciarse”, escribe Evodio Escalante respecto a la narrativa arredondiana, haciendo hincapié en su empleo magistral del understatement (sobreentendido) como técnica literaria. (“La poética de lo siniestro”, Lo monstruoso es habitar en otro, encuentros sobre Inés Arredondo, Luz Elena Zamudio, coordinadora, UAM, Juan Pablos, 2005). Como García Ponce, Inés restringe al máximo el devaneo con la metáfora, lo que no la exime de ser poética y vagamente filosófica. En el prólogo de su compilación de cuentos completos, titulada justamente así, Cuentos completos (Fondo de Cultura Económica, México, 2011), la también narradora Beatriz Espejo, en un original sorprendente análisis sobre la vida y obra de Inés, señala que “Como camino y meta se empeñaba en un arte que obligara a reflexionar muy a lo Valéry. Y como algunos poetas célebres, pongamos el caso de Baudelaire, iba lejos en sus propósitos y descubría la colaboración del demonio y las contradicciones del carácter (…)”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Primogénita de un ginecólogo llamado Mario Camelo y Vega y de una señorita de la sociedad culiacanense, Inés Arredondo, la escritora decidió tomar el nombre de su madre no tanto por homenaje a esta sino al hombre más importante de su vida, su abuelo materno, Francisco Arredondo. También por rebeldía contra un padre que nunca dejó de engañar a su madre y ni siquiera se molestó en respetar a sus hijos a quienes hizo testigos de sus galanteos a las mucamas con quienes engendró otros tantos hijos. Fue el padre, sin embargo, quien despertó en Inés el interés por la literatura, según ella misma narra: “(…) a los seis años, tomando nieve bajo un flamboyán, oí a mi padre recitar para mí, de memoria, lo que después supe que era el Romancero del Cid. Quizá ese fue mi primer contacto real con la literatura (…)” (La verdad o el presentimiento de la verdad, DIFOCUR, INBA, CONACULTA, 2008).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No obstante ser personas cultas, los padres de Inés manifestaron una total incomprensión hacia la inquietud artística de su hija que ya a los ocho años se encerraba en su habitación para ponerse a salvo de sus salvajes hermanos varones y leer hasta arderle los ojos. Se evadiría asimismo a través de enfermedades imaginarias que con el tiempo se tornarían fatalmente reales. Quien la apoyó incondicionalmente en su deseo de estudiar una carrera universitaria, para lo cual debía salir por fuerza de Culiacán, fue su abuelo materno, un ranchero analfabeto pero de extraordinaria sensibilidad… y es que como la propia Inés, don Pancho era inventor de su ciudad: Eldorado, pueblo al que hoy se llega por una carretera asfaltada, a media hora de Culiacán, que habría de convertirse en el paraíso de la niña y escenario emblemático de sus futuros cuentos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los críticos y estudiosos que se han lanzado a la aventura de recorrer el escenario de la narrativa arrendodiana han manifestado su desilusión de no encontrar el menor rastro del pueblo imaginado, ¿prometido?, y es que Inés nunca se declaró reinventora de Eldorado, del que virtualmente se apropió para fundar su oscuro reino de ficción, ése por cuyos algodonales, ríos y huertas ruedan amantes adolescentes. Ahí, donde la pequeña Inés prescindía de la etiqueta, de los moños y de la corrección en la mesa: “Eldorado fue creado, construido, árbol por árbol y sombra tras sombra. Dos hombres locos, padre e hijo, en dos generaciones, inventaron un paisaje, un pueblo y una manera de vivir. Mi abuelo fue cómplice de los dos, y trazó y sembró con sus manos las huertas que yo creí que habían estado allí siempre. Él ayudó con toda su vida a lograr la realidad inventada que yo viví. Y que fue hecha para eso, para vivirla y no para hacer literatura, lo sé. Pero cuando uso esa realidad es con la conciencia de que tiene un peso real por sí misma aparte del que puede tener en mi vivencia”, escribe en su breve autobiografía, incluida en sus obras completas. La miseria, la miseria extrema quiero decir, esa que limita al individuo en todos los sentidos, no la descubriría hasta llegar a la ciudad de México: “(…) Eso, y que ser mexicano limitaba terriblemente en todos los sentidos: Teotihuacan excluía a Chartres, Tenochtitlán a Florencia, Cuauhtémoc a Cortés, lo católico a lo liberal, lo moreno a lo blanco (…)” (La verdad o el presentimiento de la verdad. P. 19).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con la anuencia de don Pancho, Inés marchará a estudiar la preparatoria a Guadalajara y de ahí saltará a la UNAM en el D.F para ingresar a la carrera de filosofía que dejará trunca para pasarse a Letras. Elsa Cecilia Frost, una de sus más queridas amigas, la recuerda “(…) tejiendo en clase de introducción a la filosofía: el golpeteo de sus agujas poniendo un obstáculo más a una exposición que de cualquier manera era ininteligible.” En la facultad de Letras conocerá a su futuro esposo, el poeta Tomás Segovia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-wiu1tRG4BNM/TiEy4X_C3oI/AAAAAAAAMrs/Vww2BA_Fgks/s1600/inesa7.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-wiu1tRG4BNM/TiEy4X_C3oI/AAAAAAAAMrs/Vww2BA_Fgks/s320/inesa7.jpg" width="196" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pese a que dicha unión resultó desgraciada para la joven, dado que Tomás era ya un poeta laureado amén de apuesto y acosado por las mujeres, fue durante su matrimonio que empezó a escribir, más concretamente, tras la muerte de su segundo hijo, recién nacido, llamado José. El membrillo, aquel relato que ella insiste en designar como “el primero”, no obstante haber publicado textos que considera fallidos en algunas revistas, no exhibe, no al menos de manera muy evidente, el trance por el que pasaba al instante de escribirlo. Aborda la primera decepción amorosa de una muchacha que podría ser ella misma, “(…) y por más que esto entristeciera a todos —escribiría Inés en un texto de 1982 reproducido en el extinto suplemento Sábado del periódico Unomásuno, el 29 de marzo de 1997—, mi dolor era mío únicamente. Sólo yo sentía mis entrañas vacías, únicamente a mí me chorreaba la leche de los pechos repletos de ella.”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Inés tuvo tres hijos en total: Inés, Ana y el poeta Francisco Segovia, llamado así en honor al abuelo cómplice de la escritora. Según narra Claudia Albarrán, Inés, que no había recibido un ejemplo propiamente feminista de su madre, pretendió hacer oídos sordos ante las fehacientes pruebas de las infidelidades de Tomás, aunque llegaría el momento en que, joven aún, optaría por librarse de su prisión, “De regreso del juzgado, Inés se sentó al piano y tocó por última vez el concierto número 2 de Chopin. Acababa de cumplir 38 años.” (Luna menguante, p. 122). Para mantener a sus hijos, desempeñará diversos trabajos como periodista, profesora y guionista. Años más tarde conocería al que sería su segundo esposo, el médico Carlos Ruiz Sánchez, durante lo que ella dio en llamar “la visita a mis hospitales”, siendo ya una escritora respetada pero consumida por diversas dolencias físicas y mentales: padecía insomnios, alucinaciones, irritabilidad, combinados con largos periodos de hipersomnia, sin contar sus problemas de la columna y la vesícula que la hicieron pasar por cinco intervenciones quirúrgicas. Había tocado el fondo que se advierte en sus relatos donde la protagonista perenne es la mirada, no importando sea la mirada inmediatamente posterior a la pérdida de la inocencia o la última mirada de la mujer estrangulada, “(…) aquellos ojos que miraban sin misericordia, por encima de la vergüenza, vivos y abrasadores más allá de la renuncia (…)” (“Olga”).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El doctor Ruiz se enamoró perdidamente de ella a pesar de que las enfermedades, las penas y la afición al alcohol le habían arrebatado su belleza juvenil. Su genio, todavía más bello, permanecía intacto. Ni siquiera la madre del médico, que parecía un personaje salido de los cuentos de la propia Inés y terminó suicidándose tras la celebración del matrimonio de su hijo único, impidió que el destino se cumpliera. La biografía de la autora realizada por Claudia Albarrán abre en forma tan poco convencional como la vida misma de la escritora, con el instante de la muerte de Inés, acaecida el 2 de noviembre de 1989, a causa de un paro cardíaco mientras miraba una película rusa en televisión acompañada por su esposo. “Escribir es un acto místico, es un rito —escribirá bellamente el doctor Ruiz en un texto a la memoria de su esposa —. No se puede celebrar un rito con una máquina de escribir, y menos con una computadora, Inés escribe a mano, en una tabla de clip y con un lápiz o bolígrafo, sobre papel revolución.” (“El ámbito literario de Inés Arredondo, Lo monstruoso es habitar en otro, p. 19). Diría Juan José Gurrola, otro de los grandes amigos de la escritora: “Si la vida se retroalimenta en algún lado, donde seguramente toma fuerza es en los corazones como el de Inés: sutil indicación, profunda conjetura, inesperado asombro. La finísima cortina que nos separa de nuestro otro, Inés la corría con tan sólo reflexionar un poco sobre el acontecimiento y transformarlo en su literatura.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Y50glnKYVAk/TiEzQY6yeZI/AAAAAAAAMrw/XNUVFH444dQ/s1600/inesa3.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-Y50glnKYVAk/TiEzQY6yeZI/AAAAAAAAMrw/XNUVFH444dQ/s320/inesa3.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La producción cuentística de Inés Arredondo consta apenas de tres libros: La señal (1965), Río subterráneo (1986) y Los espejos (1988), los cuales fueron reunidos en 1988, junto con su excelso ensayo sobre Jorge Cuesta, en el volumen titulado simplemente Inés Arredondo (Siglo XXI, 2002). La reciente compilación de sus Cuentos Completos incluye tres relatos inéditos en libro, publicados en diversos suplementos y revistas, y que no desmerecen absolutamente en calidad con respecto a su obra recogida en libros, particularmente el impactante relato “La cruz escondida”, donde abandona por completo su territorio para abarcar una dramática circunstancia que nos remitirá, irremediablemente, al escándalo de las torturas y violaciones de los militares estadounidenses contra ciudadanos iraquíes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque las temáticas varían notablemente, y van de lo dramático a lo siniestro, existe una concordancia entre los textos que sugieren un punto de partida para su análisis: lo subterráneo a lo que alude su segundo libro, lo no dicho; el enfoque simbólico de sus personajes y una constante necrofilia. Sus cuentos poseen reglas internas estrictísimas, jamás se constriñen a lo que los personajes hacen, viven o piensan sino que contrapuntean la vivencia con el transcurrir de un pensamiento contrastante. “El mismo camino en diferentes direcciones” al que se refiere Juan García Ponce. Abundan los seres deformes, física pero, sobre todo, moralmente; seres grotescos, pervertidos, siniestros, convulsos, más como descripción de su naturaleza que de un comportamiento específico. Las mujeres son víctimas o verdugos o ambas cosas. Depositarias de la depravación, casi nunca ejercitadoras voluntarias de la misma. En el universo arredondiano no existe pasión más grande que la devastación de la inocencia, leit motiv asimismo de la obra de Sade, autor al que sin embargo no leyó con tanto entusiasmo como a Bataille. En “Los inocentes” señala algo que pudiera explicar el mecanismo intrínseco de engendros de Inés: “(…) los hombres entregados a sí mismos gozan con la destrucción de la belleza”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-E26yh2wLNyg/TiExQQe0JoI/AAAAAAAAMrc/jJTnJq5EnY0/s1600/inesa.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-E26yh2wLNyg/TiExQQe0JoI/AAAAAAAAMrc/jJTnJq5EnY0/s320/inesa.jpg" width="180" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Foto: &lt;strong&gt;Huberto Bátiz&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otra constante es, asimismo, la perversión sexual. Cuentos como “Apunte gótico”, “En Londres”, “En la sombra”, “Las mariposas nocturnas”, “Mariana” y, el más popular de todos, “La Sunamita”, son representativos de este afán. La víctima no siempre será una doncella, puede ser también un ama de casa que ante la perturbadora visión de unos vagabundos que parecen invitarla a un acto obsceno, descubre de pronto la salida de emergencia a su existir monótono. “La sunamita”, de reminiscencias bíblicas desde su título, inicia con una chica bella e inocente que visita a un tío moribundo por el que siente un tibio afecto y algo de asco debido a la naturaleza de su enfermedad que la autora tiene a bien nunca nombrar. La compasión, más que la mera ambición, la orilla a casarse en artículo de muerte con el hombre que desea hacerla su heredera universal, pero cuando el moribundo se revitaliza gracias a la lujuria que la simple visión del cuerpo juvenil le incita, la joven se enfrenta a un lento proceso de degradación física y moral que la mata en vida, “Inés, sabedora de las técnicas, escogió una estructura circular como si quisiera decirnos que es inevitable quedar crucificado en una lucha inútil”, explica Beatriz Espejo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Inés supo traducir como nadie el lenguaje de la mirada. Asistiremos no pocas veces a diálogos extraordinariamente mudos donde son los ojos quienes apelan y se gritan entre sí. Las atrocidades que desfilan ante estos mismos ojos, y que el lector solo puede ver a través de estos, resultan terriblemente nítidas, inquietantes. Nos es posible recapturar emociones transmitidas y no descritas, aunque los personajes se nos presenten tan despojados de cara como la niña mutilada del estremecedor relato “Orfandad”. Las atmósferas irrepetibles, donde el erotismo se confunde con la muerte, son producto de una íntima especulación de Inés quien llegará a la conclusión de que “la única mirada de amor imperecedera sólo puede ser la última.” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Ozx5tuDxD-I/TiE1FS8HnlI/AAAAAAAAMr4/NDb1gi2I7OA/s1600/Scan10212.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" m$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-Ozx5tuDxD-I/TiE1FS8HnlI/AAAAAAAAMr4/NDb1gi2I7OA/s640/Scan10212.jpg" width="448" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace; font-size: large;"&gt;Orfandad,&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Cuento de &lt;em&gt;Inés Arredondo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Creí que todo era este sueño: sobre una cama dura, cubierta por una blanquísima sábana, estaba yo, pequeña, una niña con los brazos cortados arriba de los codos y las piernas cercenadas por encima de las rodillas, vestida con un pequeño batoncillo que descubría los cuatro muñones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;La pieza donde estaba era a ojos vistas un consultorio pobre, con vitrinas anticuadas. Yo sabía que estábamos a la orilla de una carretera de Estados Unidos por donde todo el mundo, tarde o temprano, tenía que pasar. Y digo estábamos porque junto a la cama, de perfil, había un médico joven, alegre, perfectamente rasurado y limpio. Esperaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Entraron los parientes de mi madre: altos, hermosos, que llenaron el cuarto de sol y de bullicio. El médico les explicó&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-Sí, es ella. Sus padres tuvieron un accidente no lejos de aquí y ambos murieron, pero a ella pude salvarla. Por eso puse el anuncio, para que se detuvieran ustedes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Una mujer muy blanca, que me recordaba vivamente a mi madre, me acarició las mejillas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-¡Qué bonita es!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-¡Mira qué ojos!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-¡Y este pelo rubio y rizado!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Mi corazón palpito con alegría. Había llegado el momento de los parecidos, y en medio de aquella fiesta de alabanzas no hubo ni una sola mención a mis mutilaciones. Había llegado la hora de la aceptación: yo era parte de ellos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Pero por alguna razón misteriosa, en medio de sus risas y su parloteo, fueron saliendo alegremente y no volvieron la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Luego vinieron los parientes de mi padre. Cerré los ojos. El doctor repitió lo que dijo a los primeros parientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-¿Para qué salvó eso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-Es francamente inhumano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-No, un fenómeno siempre tiene algo de sorprendente y hasta cierto punto chistoso&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Alguien fuerte, bajo de estatura, me asió por los sobacos y me zarandeó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-Verá usted que se puede hacer algo más con ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Y me colocó sobre una especie de riel suspendido entre dos soportes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-Uno, dos, uno, dos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Iba adelantando por turno los troncos de mis piernas en aquel apoyo de equilibrista, sosteniéndome por el cuello del camisoncillo como a una muñeca grotesca. Yo apretaba los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Todos rieron.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-¡Claro que se puede hacer algo más con ella!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;-¡Resulta divertido!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Y entre carcajadas soeces salieron sin que yo los hubiera mirado&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Cuando abrí los ojos, desperté.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Un silencio de muerte reinaba en la habitación oscura y fría. No había ni médico ni consultorio ni carretera. Estaba aquí. ¿Por qué soñé en Estados Unidos? Estoy en el cuarto interior de un edificio. Nadie pasaba ni pasaría nunca. Quizá nadie pasó antes tampoco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Los cuatro muñones y yo, tendidos en una cama sucia de excremento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;, Courier, monospace;"&gt;Mi rostro horrible, totalmente distinto al del sueño: las facciones son informes. Lo sé. No puedo tener una cara porque nunca ninguno me reconoció ni lo hará jamás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-3116774821190410751?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/3116774821190410751/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=3116774821190410751' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/3116774821190410751'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/3116774821190410751'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/07/inmolacion-de-la-inocencia.html' title='Inmolación de la inocencia'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-x-V90_jDAEY/TiEyVUn33WI/AAAAAAAAMro/nXSowK11Jsw/s72-c/inesa5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-2400079081542204662</id><published>2011-07-09T18:06:00.000-07:00</published><updated>2011-07-09T18:06:58.391-07:00</updated><title type='text'>Música de látigos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-76ovQ_rTXMk/ThZ2yyckPqI/AAAAAAAAMq8/NX_eoSZDRrk/s1600/Yoko1555382075.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="502" m$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-76ovQ_rTXMk/ThZ2yyckPqI/AAAAAAAAMq8/NX_eoSZDRrk/s640/Yoko1555382075.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yoko Ogawa es una prolífica escritora japonesa que solo tiene cuatro de sus novelas traducidas al castellano, y de estas, Hotel Iris, no figura entre los cuatro títulos traducidos al inglés. Me pregunto si los anglo parlantes la habrán encontrado de mal gusto. Y es que, sí, estamos ante una autora “difícil” en más de un sentido. Inclasificable, por principio. La lengua romance en que se ha traducido la mayoría de su obra es el francés.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacida en la prefectura de Okayama, el 30 de marzo de 1962, Yoko comparte un rasgo con su referente más inmediato, Banana Yoshimoto: la habilidad para extraernos violentamente de un mundo aparentemente idílico y hasta anodino. Yoko, sin embargo, tiene mucho más desarrollado el sentido de la malicia: y algunas de sus heroínas pareciendo más inocentes que las de Banana, esconden celosamente alguna perversión, como la tierna Mari de Hotel Iris, que goza intensamente de ser vejada… o la hermana menor de El embarazo de mi hermana que lleva un meticuloso seguimiento de la gestación de su primer sobrino y al tiempo que prepara para la embarazada mermelada de pomelo americano… a sabiendas de que está contaminado por fungicidas. Pero ante el voraz antojo de su hermana parece no tener otra salida… ¿o será acaso que la joven estudiante de química pretende comprobar los efectos del fruto contaminado? Dice la traductora Yoshiko Sugiyama en el postfacio de El embarazo de mi hermana (El Funambulista, Col. Literadura, Madrid, 2006), refiriéndose a su autora como la enfant terrible de las letras niponas: “(…) A Ogawa le obsesiona esa paradoja del bien y el mal conviviendo en el mismo instante (…) destaca por ese contraste entre el lado oscuro y latente de lo cotidiano y el lado luminoso del bien (…)”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-k6TZxCx8sFc/ThZ3yopXQ7I/AAAAAAAAMrE/IK80jzawx6w/s1600/yoko_ogawa.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" m$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-k6TZxCx8sFc/ThZ3yopXQ7I/AAAAAAAAMrE/IK80jzawx6w/s1600/yoko_ogawa.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yoko, prosigue Yoshiko, quedó sumamente afectada al leer los pormenores del Holocausto Judío en el Diario de Anne Frank, sobre el que escribió un ensayo en 1998 tras seguir las huellas de su heroína por Ámsterdam y Aushwitz. En ese tenor se reconoce influida también por el Premio Nóbel, Kenzaburo Oé: “En su análisis de la obra (“El convite de los muertos”, de Oé, publicada en 1957), en la que hayamos un universo lleno de cadáveres visto a través de los ojos del estudiante protagonista que trabaja en el centro anatómico forense, (Yoko) llega a la conclusión de que el escritor debiera situarse en un lugar intermedio, justo entre el mundo de la vida y el de la muerte, pues tal mundo no es solo un lugar de seres vivos, también el lugar de muertos (…)”, señala Yoshiko. Este efecto es llevado al delirio en Hotel Iris, donde los personajes oscilan violentamente entre el eros y el tanatos, hasta crear una pavorosa mixtura. Mari, la protagonista, es una adolescente de 17 años con una sensibilidad a flor de piel. Más que hija de la dueña del hotel que da título a la novela, ubicado en una isla turística, Mari forma parte del inmueble, propiedad de una madre que, además de explotarla laboralmente, insiste en peinarla a diario con aceite de camelia, como a una niña boba. Mari se encarga de la recepción y ocasionalmente suple a las camaristas que se ausentan. Su innata curiosidad, que forma parte de su compleja sensibilidad, le hace más llevadero un trabajo que pareciera excesivo para una muchachita como ella. Su discurso deja entrever hasta qué punto ha entrenado sus sentidos para aportar sentido a su triste vida: ¿A quién se le hubiera ocurrido, por ejemplo, contemplar la orina del abuelo, anclado a una selva de tubos, y pensar: “El líquido fluía con gran facilidad. Era de un amarillo tan hermoso que en ocasiones me pregunto por qué un color como aquel permanecía oculto en el interior del cuerpo humano (…)?” (Ediciones B, Barcelona, 2002, traducción de Jordi Mos, p. 13) ¿Goza Mari su condición servil, después de todo? ¿O es capaz de encontrar placer estético en la abyección?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más tarde advertimos su sensibilidad auditiva. Se ha armado tremendo alboroto en uno de los cuartos. Pareciera un altercado entre una prostituta y su cliente. Habrá solicitado alguna excentricidad lo bastante degradante para hacer chillar a una vieja y cínica puta. El resto de los huéspedes asoman alarmados. Parece ser la primera vez que la inocente Mari confronta situación semejante. Ve salir a la puta desgreñada, entre despavorida y fúrica, y a sus espaldas alguien exclama: ¡cállate puta! Mari empieza a obsesionarse con la voz que ha rugido tan breve pero contundente orden. Se obsesiona al grado de seguir al cliente que ha provocado el escándalo. El dueño de la voz, hay que decirlo, no corresponde al rugido que la ha impactado: se trata de un tipo enjuto, más aún, inocuo, insignificante, lo bastante viejo, además, para ser su abuelo. Se gana la vida traduciendo instructivos del ruso y por hobbie traduce una truculenta novela rusa sobre un cuaderno pautado, con caligrafía exquisita. Nunca conoceremos el nombre de este personaje a quien se alude simplemente como “el traductor”, en minúsculas, Tampoco el autor ni el título de la novela que traduce y que el traductor considera el proyecto más grande de su vida. La trágica heroína de dicha novela, a la que fuerzan a tragar polvos abortivos, se llama, casualmente, “María”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-sVa-1R-C37s/ThZ4lj983sI/AAAAAAAAMrM/i6xD4HoUyOw/s1600/Iris.bmp" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-sVa-1R-C37s/ThZ4lj983sI/AAAAAAAAMrM/i6xD4HoUyOw/s320/Iris.bmp" width="194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El hombrecillo no tarda en advertir el acecho de Mari, poco menos que descarado, a decir verdad. Su reacción inicial es violenta, pero no tarda en descubrir en aquella chiquilla de grandes ojos lo que siempre ha buscado: una víctima voluntaria. Permite entonces que Mari ingrese a su solitario y torcido mundo de navajas y látigos, y ella descubre en sus brazos el placer del miedo y del dolor a través, primero, de un violento desfloramiento que sin embargo la vuelve consciente de su cuerpo, una gran herida en carne viva. Pero lo mejor viene tras el suplicio: el traductor se muestra tierno y considerado como el padre que la niña no alcanzó a conocer. Las situaciones afectivas son tan inquietantes como aquellas donde se ejerce la violencia consentida. Las descripciones explícitas, tanto de las maniobras del traductor como de las sensaciones de Mari, pudieran herir susceptibilidades: “Como por arte de magia hizo aparecer un extraño cordel, más flexible, grueso y resistente que las cintas de plástico que se utilizan para los paquetes, y me ató con él. Desprendían un tenue olor a producto químico, como el del laboratorio de la escuela después de clases, o más bien como el que aprendí a reconocer en mi abuelo justo antes de la muerte. También me evocó el conducto por el que se vertía el líquido amarillo del vientre del abuelo (…) La cinta se me hundió en la carne hasta deformar mi cuerpo. El traductor se mostró muy hábil; a lo largo de todo el proceso cada uno de sus gestos fue bellísimo, ejecutado con una elegancia perfecta. Sus dedos desempeñaron fielmente la función que les estaba asignada, como si realizara algún sortilegio sobre mí.” (p.62).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El traductor -¿solo un traductor del ruso o lo es también de los deseos oscuros de Mari? –es viudo y en la isla se rumora que él mató a su esposa. Mari no solo ha creído la historia, sin mediar cuestionamiento alguno: le emociona. Particularmente desde que se topa con la mascada con que, se supone, fue estrangulada, cuidadosamente doblada en un cajón, más como prenda de uso habitual que como un recuerdo. Ante su madre, Mari inventa excusas delirantes para acudir a sus citas con el traductor. Lo mejor que se le ocurre, apelando a la avaricia de su progenitora, es que una vieja millonaria que la trata como una sobrina y podría heredarla al morir, la solicita cada tarde para conversar. Ni siquiera le incomoda mentir. Lo único que pudiera haber de anómalo en su relación, piensa, es la fama de neurótico de su amante y el hecho de que sea lo bastante viejo para ser su abuelo. La sensación de que algo no anda bien no toca a su puerta sino hasta que se aparece un enigmático muchacho mudo de cuyo cuello pende una enigmática libreta de notas y que el traductor presenta a Mari como su sobrino político. Por primera vez un tercero se incorpora a la perfecta intimidad de tan singular pareja.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El sobrino, que tampoco tiene nombre, se presenta como la pieza clave para descubrir la verdad sobre la muerte de la esposa del traductor. ¿Llevarían el muchacho y el hombre aquélla relación tan llena de camaradería, si el traductor hubiera matado a la tía carnal de aquel? ¿Qué papel jugará el muchacho, literalmente deslenguado, en la relación entre el viejo y la chiquilla? ¿Volverse acaso activador de la violencia de su tío, que empieza a volverse cotidiana, y del consiguiente placer de Mari?: “Más que por el dolor me sentía ofuscada por el sonido, tan agudo y puro que recordaba la vibración de un instrumento de cuerda. El látigo alcanzó todos los rincones de mi cuerpo, convulsionando los órganos y los huesos que se refugiaban en su interior. Me resultaba inconcebible que mi cuerpo produjera un sonido tan fascinante, como si el agua que ascendía en la gruta más profunda de mi cuerpo se estremeciera.” (p. p 181 y 182).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/--rGRiGdS10E/ThZ4EoGXqbI/AAAAAAAAMrI/gxgF9WZLJ1w/s1600/images.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" m$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/--rGRiGdS10E/ThZ4EoGXqbI/AAAAAAAAMrI/gxgF9WZLJ1w/s1600/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A simple vista, la muy artesanal El embarazo de mi hermana, parecería la antítesis de Hotel iris. Aparentemente trata los pormenores del embarazo de una joven, narrados en tercera persona por la observadora más inmediata: la hermana que cuida de ella… pero, ¿por qué ha de cuidarla si su hermana encinta parece felizmente casada con un técnico dental que, a todas luces, la narradora menosprecia? La novela arranca con los primeros síntomas de la embarazada (amenorrea, mareos, nauseas) y culmina con un parto… ¿monstruoso? De la narradora solo sabremos que es universitaria y se costea sus estudios trabajando como demostradora en un supermercado. Fuera de la radiante prosa de Yoko, minimalista, la califican sus críticos, pareciera un personaje ordinario; excepcional apenas por la abnegación con que procura la comodidad de su hermana, colocando fuera de su alcance los olores que la mueven a la nausea y procurándole todos sus caprichos. En el ínterin, detalla los extraordinarios cambios fisiológicos y emocionales que detecta en la embaraza, con precisión casi científica, dejando entrever su desprecio: “(…) De todas formas, no soy capaz de entender el “matrimonio”. Me parece una especie de extraño gas impenetrable. Un gas huidizo que no tiene ni contornos, ni color, difícil de distinguir bajo el cristal transparente de un frasco triangular del laboratorio.” (p. 21). La hermana menor se regodea también en la descripción de las golosinas, de los obsequios, de las supersticiones que suscita el estado de su hermana (la suegra le ha regalado un curioso talismán que representa a una perra amamantando a sus cachorros); y de pronto, la maldición del pomelo: la narradora recibe una bolsa de pomelos americanos, cortesía de la administración del súper donde trabaja, y en lo primero que piensa es en preparar con ellos una deliciosa mermelada para su hermana. Esta adquiere fijación por dicha golosina y la narradora se cerciora de surtirle su antojo a diario. Por entonces se entera de que la fruta está contaminada. Lo lógico hubiera sido impedir que su hermana lo consumiera más, pero nada: la muchacha continúa atiborrando a la embarazada de “(…) la mermelada que temblaba ligeramente como si estuviera asustada en el fondo de la olla.” Como Mari, este personaje tampoco reflexiona sobre sus actos y se deja arrastrar por un oscuro deseo. La lectura entre líneas, sin embargo, es tan clara como turbia la naturaleza de las protagonistas. Forcejeo perpetuo entre luz y sombra… si bien es en los puntos sombríos, hasta la aparición de la novela que los críticos consideran su obra maestra, La fórmula preferida del profesor, donde la prosa de Yoko Ogawa alcanza la máxima potencia de su luz poética.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-mhNEtAi9PrY/ThZ3WSEOKTI/AAAAAAAAMrA/P_s9CldlgCM/s1600/ogawa+cover1.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-mhNEtAi9PrY/ThZ3WSEOKTI/AAAAAAAAMrA/P_s9CldlgCM/s320/ogawa+cover1.jpg" width="239" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La fórmula preferida del profesor ha merecido el máximo elogio que pueda atribuírsele a un escritor de prosa: denominarla “un gran haikú”. Esto no solo implica la presencia de una prosa pulida como un brillante, sino la posibilidad de la armonía próxima a la perfección, que es lo que persiguen quienes cultivan el haikú. Por si esto no fuera suficiente, esta es la primera novela que además de obtener premios literarios, se hace acreedora a un homenaje por parte de la Sociedad Nacional de Matemáticas “Por haber mostrado la belleza de esta disciplina”. Y en efecto, hasta para el más cabeza dura en esa materia, esta novela es un verdadero deleite…aún si –como es mi caso- no alcanza a comprender algunas de las operaciones planteadas. Lo que cualquier sensibilidad medianamente entrenada sí alcanza a percibir, al grado de interesarse por ello, es el amor del Profesor hacia los números. En ese sentido, y contrario a las dos novelas anteriores de Yoko, La fórmula preferida… es una novela luminosa que alumbra con antorchas aquello tan oscuro e inaccesible para la mayoría: el lado espiritual y romántico de las matemáticas. El alma de los números que, según palabras del Profesor, son el lenguaje de Dios: “…es un descubrimiento. No es una invención. Es como excavar y sacar de debajo de la tierra teoremas que ya existían mucho antes de que naciera, sin que nadie haya detectado su existencia. Es como transcribir línea tras línea una verdad que sólo está escrita en el cuaderno de Dios. Nadie sabe dónde está ese cuaderno ni cuándo se abre.” (Editorial El Funambulista, Col. Literadura, Novena edición, unió 2010, traducción de Yoshiko Sugiyama y Héctor Jiménez Ferrer, Madrid, p. 74). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuevamente la narradora es una mujer en apariencia en sencilla que poco a poco nos revelará una parte insospechada de sí misma: una joven trabajadora doméstica, madre de un niño de diez años, es contratada por la cuñada del Profesor para cuidar de éste que, tras un accidente, ha sufrido un daño cerebral que le produce lapsus de memoria de 80 minutos, es decir, padece una extraña forma de amnesia que lo fuerza a realizar una serie de extravagantes maniobras para llevar una existencia aparentemente normal. Curiosamente no ha olvidado nada de lo sucedido previo al accidente, pero su memoria fija se ha estacionado en el año en que este tuvo lugar, 1975. La joven, habituada a humillaciones e injusticias, se resigna a enfrentar una de las situaciones más embarazosas de su vida pues todos los días su rostro le resulta nuevo al patrón cuya pregunta introductoria, por lo general, es ¿en qué día naciste?, y con la fecha de nacimiento de la joven, 20 de febrero, actúa como un mago extrayendo conejos de un sombrero. Ella no solo se habitúa rápido a esa situación anómala, sino que empieza a cobrarle afecto al Profesor, máxime cuando este, al enterarse de que tiene un hijo, insiste en conocerlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El muchachito, del que nunca conoceremos el nombre –como tampoco el de su madre ni el del Profesor- es nombrado Root por el anciano al advertir que la forma de su frente se asemeja al símbolo de la raíz cuadrada. El problema de memoria del Profesor no es impedimento para que entre él y el muchachito surja una preciosa amistad salpicada de circunstancias tragicómicas que representan una gran lección tanto para el niño como para el viejo, que tienen en común la afición por el beisbol…aunque el Profesor todavía no se entera de que la camiseta 28 de su equipo favorito, los Tigers, ya no es portada por su ídolo, Enatsu, hecho que Root, con auxilio de su madre, se ve obligado a disfrazar de mil maneras para no destrozar el alma de su amigo que, de cualquier manera, olvidaría el golpe al cabo de 80 minutos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Me puse a pensar en lo grueso que sería el cuaderno de Dios y en la finura del encaje del creador del mundo. Por mucho esfuerzo que se dedicara en seguir la labor punto por punto, un pequeño descuido podía hacer perder de vista el enlace con el siguiente paso. Tan pronto uno se regocijaba pensando que ya había alcanzado la meta como aparecía otro dibujo más complicado&lt;/em&gt;. (p. 203)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-O5yXfDAHQ1Q/ThZ5eDrAOrI/AAAAAAAAMrQ/mVdapmLLAVA/s1600/yoko_ogawa.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" m$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-O5yXfDAHQ1Q/ThZ5eDrAOrI/AAAAAAAAMrQ/mVdapmLLAVA/s320/yoko_ogawa.jpg" width="162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me pregunto si Yoko asociaría esta reflexión de la protagonista de La fórmula preferida…con el ejercicio literario. Al menos parece una descripción de su propia escritura, elaborada, al margen del tema, con la delicadeza de un bordado finísimo. Desde la perversión de Hotel Iris, hasta la ternura de La fórmula preferida del profesor, la prosa de Yoko siempre se percibirá como un entramado sedoso donde no sobra un hilo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yoko Ogawa cursó estudios en la Universidad Waseda de Tokio e inició su exitosa carrera literaria a muy temprana edad, en 1986, con la publicación de la novela Cuando la mariposa se descompone. En 1988 obtiene el prestigiado Premio Kaien. En 1991, con su segunda novela, que es justamente El embarazo de mi hermana, se hace acreedora al Premio Akutogawa. Actualmente vive con su esposo e hijo en una tranquila ciudad costera del Mar Interior de Seto. Su más reciente novela traducida al castellano, que aun no se consigue en México, se titula Perfume de hielo, publicada también por Editorial El Funambulista. &lt;/div&gt;&lt;iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/0EOHSgBEu40" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-2400079081542204662?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/2400079081542204662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=2400079081542204662' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/2400079081542204662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/2400079081542204662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/07/musica-de-latigos.html' title='Música de látigos'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-76ovQ_rTXMk/ThZ2yyckPqI/AAAAAAAAMq8/NX_eoSZDRrk/s72-c/Yoko1555382075.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-1470478747250843147</id><published>2011-06-25T19:46:00.000-07:00</published><updated>2011-06-25T19:46:56.047-07:00</updated><title type='text'>Penetrar las palabras</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-YSJyHMeMTYg/TgP9Sw7gLjI/AAAAAAAAMok/Ag7je5YpvKI/s1600/Cristina%252520Rivera-Garza%252520II-1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="474" i$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-YSJyHMeMTYg/TgP9Sw7gLjI/AAAAAAAAMok/Ag7je5YpvKI/s640/Cristina%252520Rivera-Garza%252520II-1.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;Foto: &lt;em&gt;Enrique Vázquez&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;﻿﻿&lt;em&gt;Entrar en ellas. Hoyarlas. Estar dentro de ellas&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;CRG&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Acabo de leer lo que considero una revelación, la novela de Cristina Rivera Garza, Nadie me verá llorar, una de las hermosas y perturbadoras que se han escrito jamás en México”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tales palabras fueron pronunciadas por alguien que no suele ser dispendioso en halagos: Carlos Fuentes. La aludida era una joven recién galardonada con el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero (2000) gracias a la obra mencionada; una muchacha tamaulipeca que aterrizó de pronto, armada con la más maravillosa sonrisa, en un panorama dominado por los talentosos jóvenes del Crack, corriente en la que, hay que puntualizar, brillan por su ausencia las mujeres. Al año siguiente, Cristina Rivera Garza, coincidentemente de la misma generación de los autores antes citados (Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Ramón Ángel Palou, Eloy Arroz y Ricardo Chávez Castañeda, entre otros), nacidos a mediados y finales de los sesenta, se hace acreedora, por primera vez, al Sor Juana Inés de la Cruz, con el que se consolida como una de las más interesantes narradoras de las letras latinoamericanas. Posteriormente se le distinguió en Alemania con el Anna Seghers, propuesta por el mismo Fuentes, quien, como miembro del jurado, destacó la voz de Cristina como una de las más representativas de la nueva generación de narradores mexicanos y latinoamericanos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: left; margin-right: 1em; text-align: left;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ndyztsrpGec/TgP5a_mpusI/AAAAAAAAMoU/nupvYWb2SW0/s1600/CRISTINA+TRENZA.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320" i$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-ndyztsrpGec/TgP5a_mpusI/AAAAAAAAMoU/nupvYWb2SW0/s320/CRISTINA+TRENZA.jpg" width="233" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;Foto: &lt;em&gt;Eve Gil&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;A&lt;/em&gt; algunos autores, no cabe duda, los hace el marketing. A otros,los menos, sus lectores. Cristina Rivera Garza, pelo largo y liso, sonrisa pícara, ha recibido uno de esos raros premios otorgados no por intelectuales, sino por los lectores: el Impac-Conarte-ITESM. Nadie me verá llorar fue objeto, en julio de 2007, de un Coloquio de Literatura Mexicana en la Universidad de Santa Bárbara titulado “Un diálogo con Cristina Rivera Garza”. En 2010, con varios libros detrás de su primera exitosa novela, Cristina sacó a la luz el libro que antecede a aquel, La Castañeda, Narrativas dolientes desde el Manicomio General. México, 1910-1930 (Tusquets, Col. Centenarios), que saca del baúl a los personajes anónimos que participaron en la historia de la fundación de una de las instituciones más modernas del régimen de Porfirio Díaz, el cual, autoritarismo aparte, se caracterizó por el asombroso nivel de progreso que alcanzó México. “La Castañeda” es el mismo manicomio donde tiene lugar la peculiar historia de amor entre el inolvidable fotógrafo de locos, Joaquín Buitrago, y Matilde Burgos, quien, como las mujeres de la época que ejercían la prostitución, eran diagnosticadas con el curioso rótulo de “locura moral”, es decir, no se concebía que una mujer mentalmente “sana” ejerciera cabalmente su sexualidad. Aunque se trata de un ensayo histórico, perfectamente documentado y sustentado –es, de hecho, una versión de la tesis con que Cristina se graduó como doctora en historia- sus lectores encontrarán en La Castañeda no solo las claves de la que sigue siendo su obra maestra, sino de las obsesiones literarias de una autora verdaderamente singular:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“…aspiro a poner atención en las palabras con las que se enunció el padecimiento, es decir, los libretos a través de los cuales se estructuró, así como los quiebres y censuras mediante las cuales se introdujo no pocas veces el silencio, para detectar después, y sólo después, cómo las interpretaciones opuestas de género, clase y nación contribuyeron a explicar el nacimiento y la evolución del padecimiento. Esto implica, aunque de forma explícita, que lo que importa aquí es la enunciación primera de la condición y la compleja interrelación de esa enunciación con la sociedad.” (La Castañeda, p. 24)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En su novela Verde Shanghai (Tusquets, 2011), por ejemplo, emparienta también la locura con el lenguaje: “(…) Todos los afiebrados tenían esa tendencia de ir al origen del lenguaje como quien va al mar y se sumerge en él para extraer el fósil perfecto, la especie por todos desconocida.” (p. 102).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacida en octubre de 1964, en Matamoros, Tamaulipas, el lugar de residencia de Cristina Rivera Garza fluctúa entre California, de cuya universidad es profesora de Creación Literaria, en el Departamento de Literatura, en San Diego; y su casa en Metepec, Estado de México, junto con su hijo adolescente. Fue codirectora de la cátedra de Humanidades del ITESM, campus Toluca, y, como amante de las palabras, más que de la escritura per se, ha abordado prácticamente todos los géneros literarios, aunque ha sido en el terreno de la narrativa –novela y cuento- donde ha cosechado sus más perdurables frutos. Por su faceta cuentística ha obtenido el Premio Juan Vicente Melo, con su fascinante colección de cuentos titulado con un verso de Ted Hughes: Ningún reloj cuenta eso (Tusquets, 2002). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-8KJ3QIfayYk/TgP7ybZTngI/AAAAAAAAMog/QHbVbHUd0g8/s1600/030318words.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" i$="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-8KJ3QIfayYk/TgP7ybZTngI/AAAAAAAAMog/QHbVbHUd0g8/s1600/030318words.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero es también poeta de amplísimos registros, género con el que se dio a conocer como escritora a través del libro La más mía, publicado originalmente por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 1998, y recogido junto con dos más, inéditos, en Los textos del Yo (Fondo de Cultura Económica, Col. Letras Mexicanas, 2005). En uno y otro género logra una íntima vinculación que vuelve casi imposible mencionar una faceta sin, por lo menos, aludir a la otra. “La más mía”, que es el poemario que abre Los textos del Yo, hace evocar sus dos primeras novelas: Nadie me verá llorar y La cresta de Ilión (Tusquets, 2003). La primera, como se ha comentado, se desarrolla en un manicomio; la segunda, en un hospital que, aunque no convencional, es recreado a partir de los ánimos y humores de un hospital perfectamente tangible. La diferencia básica entre este poemario y las novelas antes citadas, es que su tono es inequívocamente autobiográfico y se dirige específicamente a una mujer de nombre Hilda Garza Bermea, que agoniza en una cama hospitalaria, y a quien la hija, Cristina Rivera Garza, reprocha con inaudita ternura -inaudita por violenta y por su no negación a la faceta de la madre como individuo sexuado-, que la considere “La decepción más tuya y más íntima”. Es el reproche de una hija hacia la madre que no quiso o no pudo asimilar la emancipación de la hija en tanto mujer, pero también en tanto hija. El más maravilloso regalo que una hija puede hacerle a su madre, aunque ésta lo rechace categórica, es hacerle ver que, como ella, también es mujer; también es libre y puede volar. En ése momento, más que madre e hija, la hija anhela ser cómplice de otra mujer a su imagen y semejanza: “Entre tú y yo, amantísima, la más mía, nunca hubo/ ternura/ nunca entre nosotras existió la rosa/ el candado unívoco del tallo/ el aroma/ los pétalos de las palabras juntas en la corola luminosa (…) Pídeme ajenjo./ Pídeme todas las puertas que no abriste cuando llegué a tu corazón desnuda./ Pídeme la misma falta de piedad.” (“You should not mistreat me, baby, because I am young and wild. BOB DYLAN”, p. 67).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es en estos poemas que nos encontramos con la Cristina más allá de su sonrisa y ojos de diablillo… más allá también de la otra Cristina, la de las atmósferas enrarecidas, góticas, enfermizas, oníricas. Ésta es la Cristina que era antes de Joaquín Buitrago y Ámparo Dávila; la que renunció al mar para perderse en una ciudad lo bastante terrible pero engullirla pero, asimismo, con un regazo lo bastante amplio para ocultar a cualquier muchacha fugitiva de los totalitarismos provincianos, de los matrimonios con hombres que construyen prisiones de silencio en torno a sus mujeres… muchachas que huyen para preservar su más grandioso hallazgo, el más peligroso de todos: que su cerebro es una flor gelatinosa que exige ser alimentada de algo más nutricio que obediencia y resignación: “Y yo me volvía pájaro, niña buena, calle sin gente, / manera./ Yo me volvía yo, un paréntesis, un alado caer/ de infinitivo, un caer lentísimo/ parvada de aves azules con voluntad/ de precipicio.” (“y wendy creció”, p. 133). En la poesía, como en la narrativa, Cristina se da licencia de ser muy ella y recobrar su lenguaje de muchacha de la frontera; de muchacha que se busca en los diccionarios hasta dar con ella misma y descubrir, no sin sorpresa, que se encuentra en el lugar equivocado, ante el mar equivocado, con el amante equivocado y solo el hijo correcto, lo único digno de acarrear consigo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-9tdog1Mar_Y/TgP-IdtuusI/AAAAAAAAMoo/DvLhNu4Lpw0/s1600/sacaimagen.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" i$="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-9tdog1Mar_Y/TgP-IdtuusI/AAAAAAAAMoo/DvLhNu4Lpw0/s320/sacaimagen.jpg" width="214" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A Nadie me verá llorar (TusQuets 1999, 2001 y 2003) casi todos los reseñistas le colgaron la etiqueta de novela histórica. Discernir qué es una novela histórica nos llevaría demasiado espacio, pero lo cierto es que, doctorada historiadora por la Universidad de Houston, Cristina optó por ubicar a sus personajes en este marco histórico y urdir una trama ficticia a partir de algunos expedientes que logró rescatar. Cristina, de hecho, tiene la nada descabellada teoría de que los personajes literarios también son históricos; en un sentido de trascendencia, y los ejemplos cunden. Narra entonces el conflicto de Joaquín Buitrago, aristócrata venido a menos, sobreviviendo al auge del desprecio por lo que queda del porfiriato; fotógrafo adicto a la morfina cuya fijación estética es la locura (¿la belleza de la locura? ¿La fealdad de la locura? Para Buitrago poco importa…y para Cristina, menos). Entre los pacientes de La Castañeda reconocerá a Matilde, una bella prostituta a la que alguna vez retrató en un burdel y a quien, tras huir del mismo con un amante, reencuentra sumida en las tinieblas de la locura. Pocos críticos tuvieron el pulso y la sensibilidad para captar que gran parte de la magia de esta novela radica en la naturaleza vulnerable de su protagonista masculino, equiparable, en ese sentido, con el entrañable José García de El libro vacío, de Josefina Vicens, aunque, en el caso de Buitrago no se trata de un narrador en primera persona sino de un personaje descifrado por un narrador en tercera. Un hombre que se cuestiona el concepto de hombría y la funcionalidad del mismo a la hora de experimentar una muy humana necesidad de llorar por amor, de reconocer la derrota y hacer un alto en el camino para arrojarse al regazo de una, de una sola y concreta mujer: “Un hombre rara vez puede confesar que toma fotografías de mujeres para volver al lugar de una sola mujer (…) Para Joaquín, el milagro de las mujeres tras la lente no sólo era obvio, sino además irreversible. No había que cambiar nada, lo que tenían que hacer era aprender a ver. Todas estaban ahí, suspendidas dentro de ellas mismas, tan contenidas que su fuerza amenazaba con destruir el ojo que las espiaba.” (p.p 19 y 21).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La segunda novela de Cristina, La cresta de Ilión (Tusquets, 2002) mantiene estos aciertos estilísticos; ese afán de bregar en el alma atormentada de un protagonista varón, en la espesura de las sombras de unos largos cabellos castaños, y confirma lo que, a la fecha, parecen ser sus obsesiones: la locura y la muerte, transfiguradas, esta vez, en la persona de Ámparo Dávila, la enigmática cuentista zacatecana que interviene como personaje, mensajera de la muerte, efluvio de la trama misma. La fascinación del médico ante las mujeres adquiere aquí la forma del miedo, de la angustia, de la incertidumbre. De nueva cuenta, Cristina nos introduce a la tiniebla existencial de personajes atormentados, en este caso, el médico que le abre la puerta a Ámparo Dávila, ave de presagios en medio de una noche de tormenta: “A las mujeres les digo que esto pasa más frecuentemente de lo que imaginan: miedo. Ustedes provocan miedo. A veces uno confunde esa caída, esa inmovilidad, esa desarticulación con el deseo”. (p. 17).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Rm5p87otUmA/TgP7csg77XI/AAAAAAAAMoc/VFU93aJ3knM/s1600/Cristina_Rivera_Garza.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" i$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-Rm5p87otUmA/TgP7csg77XI/AAAAAAAAMoc/VFU93aJ3knM/s320/Cristina_Rivera_Garza.jpg" width="235" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tanto en su primera como en su segunda novelas, Cristina opta por un protagonista varón que, en el caso de La cresta de Ilión (que no es sino la denominación médica del hueso de la cadera, sobresaliente, se nos dice, en el caso de Ámparo) es asimismo narrador; hombres contemplativos, desesperados, adictos, represores de sus propias pasiones y dueños de una sensibilidad casi femenina. En La cresta..., el médico que le abre la puerta de la novela a Ámparo Dávila está a cargo de un pabellón para enfermos terminales, tan horrorosamente conmovedores como los locos de Nadie me verá llorar. “El hospital no era más que un panteón con las tumbas abiertas”, describe el innominado personaje que a fuerza de luchar contra su propia naturaleza, ha logrado doblegar la piedad, haciéndole una llave de lucha libre. Poco detrás de Ámparo Dávila llega La Traicionada —el médico dice guardarse el nombre de su ex amante por elemental caballerosidad— y de pronto se ve en el centro de una conspiración de quien ha declarado ser Escritora, es decir, Ámparo, y aquella otra, que bien pudiera ser fruto de la invención de ésta. Las dos mujeres parecen conocer el secreto del médico, su único terrible secreto que él ha pretendido diluir hasta para sí mismo, perdido en la abyección de los enfermos que han extraviado no sólo la identidad, sino hasta el género y la huella, característica ésta de los hospitales que se menciona también en “La más mía”: “(…) fuera del asilo donde reptan en círculos concéntricos veinte millones de ángeles sexuados, cancerosos, heridos, locos, perfectamente asesinados (…)” (“los bárbaros se quedan a cenar”, p. 78). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-VG3k7AuSSkE/TgP-u_YGnaI/AAAAAAAAMos/c5m0xpMyqEk/s1600/criveragarza.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" i$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-VG3k7AuSSkE/TgP-u_YGnaI/AAAAAAAAMos/c5m0xpMyqEk/s1600/criveragarza.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“La desaparición es una condición contagiosa”, dice sobriamente el médico, y en esta frase pudiera estar la clave no sólo de la novela, sino de las historias de Ámparo Davila, la Verdadera, la del enigmático hueso en la cadera, la de las historias donde la truculenta imaginación de los personajes cobra vida propia propiciando su auto devoramiento. Con la tercera, Lo anterior (Tusquets, 2004), Cristina parece deslindarse de una fórmula exitosa que pudo haber explotado ad nauseam: la novela que hace protestar a ciertos críticos que advierten a una Cristina Rivera Garza cada vez más diluida en una a veces violenta ruptura entre lenguaje y continuidad narrativa que me incita a compararla con el efecto creado cuando se lee un letrero en el espejo y deja uno de reconocer el idioma en que ha escrito, aunque sin olvidar su significado. En Lo anterior, el protagonista es el Amor, al grado de anular a los amantes que pudieran servirle de pretexto a éste para manifestarse. En La muerte me da (Tusquets, 2007), su cuarta novela, que la hizo acreedora por segunda ocasión al Premio Sor Juana, el thriller psicológico sobre un asesino serial de varones –con lo cual la extrañeza es planteada desde el inicio: ¿es que acaso las víctimas no son siempre del sexo femenino?-; víctimas que solo tienen en común pertenecer al género masculino y a quienes el asesino o asesina, además de castrar, adhiere un papelillo con versos, siempre distintos, de Alejandra Pizarnik. Los encargados de resolver esta serie de crímenes son una sofisticada detective y su sensitivo ayudante varón, quiénes recurren al auxilio de la profesora de literatura, Cristina Rivera Garza, para intentar resolver el rompecabezas que pudieran representar los versos de Pizarnik. Y sin embargo el protagonista es la Poesía. Curioso vehículo para darle voz a éste género menospreciado en nuestra lengua: un thriller policiaco. Esta curiosa forma de subvertir los géneros y el lenguaje mismo podría tener su origen en el hecho de ser, como la misma Cristina reconoce en sus poemas, una misma hija desdoblada: la que cumple al pie de la letra el destino de su madre y la que huye en flagrante rebeldía de ése destino. Cristina, en realidad, es muchas Cristinas: la muchacha que huye; la escritora con la más maravillosa sonrisa del mundo y ojos de diablillo; la feminista que invita a los varones a sumarse a los aquelarres de mujeres barbudas; la mujer que quiere hacerles ver a los hombres que pueden ser las mejores mujeres del mundo, etcétera. En la literatura de Cristina Rivera Garza lo que importa es la humanidad sexuada, angelizada: “Quieres que te adore./ Que adore tu verga, tu culo, tu semen, tu mierda./ Quieres que te coja./Quieres ser mi mujer.” (“el ángel aleccionador”, Los textos del Yo. p. 124). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: left; margin-right: 1em; text-align: left;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-SryCVzH-DYQ/TgP5wQH9meI/AAAAAAAAMoY/r7UcpGwBBFA/s1600/CRISTINA+TRENza+2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320" i$="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-SryCVzH-DYQ/TgP5wQH9meI/AAAAAAAAMoY/r7UcpGwBBFA/s320/CRISTINA+TRENza+2.jpg" width="215" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;Foto: &lt;em&gt;Eve Gil&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No puedo evitar preguntarme si allí tiene su origen de la más reciente novela de Cristina, Verde Shanghai, centrada en el tema de la identidad…más aun –porque tratándose de Rivera Garza, atribuirle “la identidad” como tema, per se, sería demasiado limitado- de lo que pudimos ser en un pasado que, o no sucedió, o no recordamos, y sin embargo ha sido decisivo en la construcción de nuestro ser. Es en ésta novela donde Cristina nos hace ver que el lenguaje, por sí mismo, tiene memoria y es capaz de escucharse a sí mismo: “Tanto Xian como Marina han estado conmigo desde hace muchos años…más Xian que Marina. Pero yo misma no sé demasiado sobre las vidas simultáneas de estos personajes y recrearlos me ha servido para reflexionar acerca de la labor de la memoria…de cómo la escritura recuerda; de cómo la escritura se oye también. Me ha permitido, además, reflexionar sobre el tipo de historias que creas en estos espacios en blanco, que son espacios en transición: es allí donde se gesta la historia de Xian y donde surgen todos estos personajes alternativos relacionados con el café de chinos llamado Verde Shanghai”, me dice en entrevista. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una convencional ama de casa, esposa de un médico, Marina, sufre un aparatoso accidente de tránsito, y es durante su convalecencia que descubre que pudo haber sido otra, en este caso, una mujer llamada Xian, que es también el nombre de la ciudad en China donde tuvo lugar uno de los más sorprendentes hallazgos arqueológicos del siglo pasado: los soldados de terracota. Pero Xian no necesariamente es una mujer. Puede ser muchas otras cosas, incluso, se ha dicho ya, una ciudad: “…ella había sido, en efecto, una ciudad llena de soldados. La guerra y el poder alrededor” (p. 54). En medio de la desesperada de la búsqueda ese otro yo, cuyo nombre significa también “inmortalidad”, Marina penetra en lo que pareciera ser un prototípico café de chinos, en el Barrio Chino de una Ciudad –que es la Ciudad de México, aunque la novela no lo aclara jamás- y traspasa una dimensión donde la aguarda una variopinta de personajes migrantes, siendo ella misma es una migrante de identidades. Cristina señala que eligió China no por la pregunta que le formulan constantemente respecto a su posible ascendencia china reflejada en sus rasgos faciales, sino porque los mexicanos ven en “lo chino” a “el otro”, “No decimos “está en finlandés”, aunque esa lengua nos sea tan ajena como el chino”, explica, sonriente. Así, pues, entrevera las historias de dos mujeres que en realidad son una sola, y esa sola mujer es, a su vez, una metáfora del lenguaje que no solo construye historias literarias sino seres de carne y hueso. Quién puede dudar que el lenguaje nos ha construido y re construido a lo largo de nuestra vida; es a través del lenguaje que nos reafirmamos o nos diluímos. Cristina lo describe así: “(…) Marina pensó que nadie puede ir hacia el pasado sin desatar un nuevo desorden, un caos todavía sin revelar y, entonces, se le antojó un cigarro…” (p. 98).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esto, y no un accidente geográfico, es lo que valida la clasificación de Cristina Rivera Garza como “escritora fronteriza”. Como ella misma dice a Jung Euy Hong y Claudia Macías Rodríguez, de la universidad Nacional de Seúl: “Donde hay diferencia hay frontera, y ese es un concepto que me interesa de lo fronterizo –el lugar umbroso, flexible, fluido, paradójico, donde confluye lo disímbolo. En la vida, como la escritura, lo verdaderamente interesante ocurre en las colindancias (…)”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Entra al blog personal de Cristina Rivera Garza, &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://www.cristinariveragarza.blogspot.com/"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;No hay tal lugar&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/plr8de1OLT4" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-1470478747250843147?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/1470478747250843147/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=1470478747250843147' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/1470478747250843147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/1470478747250843147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/06/penetrar-las-palabras.html' title='Penetrar las palabras'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-YSJyHMeMTYg/TgP9Sw7gLjI/AAAAAAAAMok/Ag7je5YpvKI/s72-c/Cristina%252520Rivera-Garza%252520II-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-6288000128296267226</id><published>2011-06-11T19:57:00.000-07:00</published><updated>2011-06-11T19:57:32.982-07:00</updated><title type='text'>La periodista que adoptó a la Chechenia latinoamericana</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table align="center" cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-pa1vlj1Ghj8/TfKrY6nc-jI/AAAAAAAAMmM/iiKvrP5VYBs/s1600/Judith+photoshop.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-pa1vlj1Ghj8/TfKrY6nc-jI/AAAAAAAAMmM/iiKvrP5VYBs/s640/Judith+photoshop.jpg" t8="true" width="460" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Foto: &lt;strong&gt;Eve Gil&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sé si llamar “conversión” al caso de Judith Torrea, pues lo suyo parece, dicho sea con el gran respeto que amerita su abnegado ejercicio del periodismo, un apostolado más que como “una chamba”, como ella la nombra, muy a la mexicana. Una chamba por la que obtiene apenas un pago simbólico, otorgado por las personas a quienes da voz y cuidan de ella como lo que es: un maravilloso ángel guardián de un metro ochenta y dos, que si bien se encuentra tan vulnerable y expuesto a la maldad y a las balas como aquellos que la procuran, tiene la fortaleza psicológica necesaria para brindar consuelo y amistad a quienes pasan a engrosar las cifras de huérfanos, viudas o viudos. Algo más próximo a lo metafísico que al materialismo que caracteriza nuestra época de usar y tirar… como cuando dice, con esa voz aterciopelada y dulcísima, que me hace pensar más en una Florence Nightingale que en Anna Politkovskaya, por compararla con otra periodista que también adoptó a una ciudad sitiada por la ambición de otro dictador disfrazado de demócrata, Vladimir Putin en este caso. No considero descabellado decir que Ciudad Juárez es la Chechenia personal de Felipe Calderón Hinojosa:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Cuando llegué a Juaritos, dispuesta a quedarme, pensé que podría vivir de mi trabajo como free lance, pero me encontré con la nueva de que en ningún diario o revista local aceptaban mis colaboraciones… quizá por la crisis económica imperante hasta el momento. Decidí entonces abrir un blog y vomitar ahí toda la información. Yo soy muy creyente en las fuerzas del universo, y estoy convencida de que si haces algo por genuina pasión, te cae el alimento del cielo.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-fjk_tqd1MgI/TfKr5vSTloI/AAAAAAAAMmQ/tqEqwQtr1t4/s1600/Scan10199.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-fjk_tqd1MgI/TfKr5vSTloI/AAAAAAAAMmQ/tqEqwQtr1t4/s320/Scan10199.jpg" t8="true" width="198" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recientemente el blog de Judith titulado “Ciudad Juárez a la sombra del narcotráfico”, ha sido acreedor a dos premios internacionales: el Ortega y Gasset de Periodismo Digital, y el BOB, Reporteros sin fronteras 2011, “algo así como el Oscar de los blogs”, me explica Judith, con la sonrisa más candorosa del mundo, “y acudiré a recogerlo a Alemania en un par de semanas”. Parte del monto del Ortega y Gasset –y pretende hacer lo mismo con el que recibirá próximamente- lo ha donado a Casa Amiga, creada por su querida amiga Esther Chávez Cano, fallecida el 25 de diciembre de 2009, para apoyar a los padres y madres de mujeres desaparecidas o asesinadas, y que amaba a Juaritos tanto como la propia Judith. A Esther no la doblegaron las balas, como a la mayoría de los luchadores en pro de los derechos humanos, sino un cáncer: “El día de Navidad –escribe Judith en la entrada de su blog con fecha de la muerte de su querida amiga: Navidad, que de ninguna manera equivale a tregua para quienes han sembrado el terror en aquella ciudad- a las 6:00 de la mañana murió (Esther) en su hogar de Ciudad de Juárez. Hacía tres días que no hablaba. Sólo respiraba (…) En lugar de llorar me siento fuerte, y de hecho he comenzado a avisar a varias de sus amigas, desde Eve Ensler hasta Lydia Cacho o la señora Villagrana, que volvió a sonreír gracias a Casa Amiga, después de haber sufrido la agonía de esperar alguna noticia de su hija de 15 años y recibir un cráneo como única respuesta de las autoridades.” (p.p 43 y 44).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Resulta difícil de imaginar que todo este tiempo, Judith haya buscado una puerta de salida al glamur que caracteriza la vida de una periodista de espectáculos en Nueva York, y que entre cuyos “privilegios”, según lo narra ella misma en su hasta ahora único libro, Juárez en la sombra, Crónicas de una ciudad que se resiste a morir (Aguilar, México, 2011), que no es sino la recopilación de las entradas de su blog premiado, se cuenta acceder a las más sofisticadas drogas en la más fastuosa comodidad de palacios de magnates de toda laya. “¿Tienes una idea de cuantos mexicanos pobres-pobres tienen que morir para que tú te atiborres de eso?”, los increpaba Judith, sin poderlo evitar. En el libro se lee cual era la respuesta del reclamo lloroso de la periodista: “¡Judith, Judith! No hablemos de cosas serias. ¡Brindemos por México!” (p. 20).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-nHcGS-ZP1nM/TfKsILLbZOI/AAAAAAAAMmU/awCkDPrcObw/s1600/Judith.png" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-nHcGS-ZP1nM/TfKsILLbZOI/AAAAAAAAMmU/awCkDPrcObw/s1600/Judith.png" t8="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Yo cubrí por nueve años espectáculos en Nueva York, y durante otros cuatro cubrí la política del alcalde de aquella ciudad, Michael Bloomberg –señala Judith- Pero hace 14 años, cuando pisé Ciudad Juárez por casualidad para pasar a Austin Texas a disfrutar de un año sabático, me quedé fascinada con aquella región de México. Al grado de considerar cambiar de planes. Al regresar a mi trabajo, solicité quedarme a cubrir la frontera con México. Ya para entonces estaba crítica la situación: los asesinatos de chicas pobres y bellas eran parte de la cotidianidad de aquella ciudad, pero yo quería estar allá no solo por instinto periodístico… también, y sobre todo, porque es muy fácil encariñarse con su gente.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cómo es posible, se pregunta Judith impotente, llorosa, que Ciudad Juárez haga frontera con la segunda ciudad más segura de los Estados Unidos que es El Paso, Texas? ¿A costa de qué es tan segura?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-i5R_XvtGck0/TfKsen-XCrI/AAAAAAAAMmY/chvLze-0he8/s1600/esp-judith-torrea.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="179" src="http://2.bp.blogspot.com/-i5R_XvtGck0/TfKsen-XCrI/AAAAAAAAMmY/chvLze-0he8/s320/esp-judith-torrea.jpg" t8="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Judith Torrea es la clase de mujer que uno NO imaginaría viviendo en Ciudad Juárez, de manera no solo voluntaria sino voluntariosa, rentando una modesta habitación con apenas lo necesario para subsistir. Resulta demasiado evidente que ha sido extraída de un ámbito de exquisitos modales y ropa de diseñador; tiene incluso el físico de una modelo de alta costura con su espigada silueta de un metro ochenta y dos (su sola estatura causó sensación entre la prensa del DF) y su larga cabellera de un rubio cenizo, cayéndole en gruesas guedejas sobre los hombros. Y si por ahora no trae puesto un traje de diseñador, hace que la mascada surgida de la mano de indígenas de la región de Chihuahua que tan amorosamente la arropa, luzca en ella como una prenda adquirida en alguno de los grandes almacenes de la Quinta Avenida. Labios impecablemente pintados de rojo. Casi nada de maquillaje en los ojos más bien pequeños en comparación con su sonrisa tipo Julia Roberts. Intento imaginarla confundida entre el caos de gente que se forma con cada asesinato perpetrado en Ciudad Juárez, casi siempre ejecuciones públicas como en tiempos de la Revolución…o del Circo Romano… pues a diferencia de los fusilamientos, estas ejecuciones –mucho más comunes por la tarde que en la madrugada- no tienen lugar para darle una lección al resto de la población, sino para perpetuar el terror al que, aunque parezca mentira, empiezan a habituarse los habitantes de aquella ciudad, la herida sangrante no solo de los mexicanos, sino para cualquier ciudadano pensante del mundo como la propia Judith. Todo allí, según nos los describe Judith, está dispuesto para mantener en vilo a los habitantes que a diferencia de las guerras “decentes”, por llamarles de algún modo, no tienen derecho a tregua ni a ser prevenidos en caso de bombardeo. Lo único que pudiera considerarse una especie de aviso, pero no incluye ninguna clase de advertencia respecto al momento y el lugar en que se suscitarán los hechos, son los narcocorridos que interrumpen fugazmente las señales de radio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Según declaró Judith para el diario Milenio el 6 de junio de 2011: ““Yo no estoy casada, no tengo pareja, no tengo hijos, no tengo que estar ganando dinero porque le tenga que dar de comer a alguien, y estoy más libre que otras personas. Bueno, hay que hacer realmente lo que uno debe de hacer en un determinado momento de la vida. Yo en ese punto me sentía muy libre. Valoro mucho a mis compañeros que hacen diferentes tipos de periodismo, y que a veces quisieran hacer otro tipo de periodismo, pero no lo hacen porque no pueden arriesgar a sus familias, porque además no pueden ser free lance porque necesitan un sueldo fijo.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-gh_QzAtxv5w/TfKs81ze-FI/AAAAAAAAMmg/i5SS-zQNrvw/s1600/judith_torrea.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="214" src="http://2.bp.blogspot.com/-gh_QzAtxv5w/TfKs81ze-FI/AAAAAAAAMmg/i5SS-zQNrvw/s320/judith_torrea.jpg" t8="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En su libro relata, respecto a que los periodistas siempre llegan antes que los policías al lugar del crimen: “Un colega se acerca y me dice que tuve suerte. A él le han puesto un arma en seis ocasiones en estos últimos dos años. Una vez pensó que era el final. Y siguió haciendo su chamba hasta el fin de su turno. Porque quiere seguir creyendo lo que le enseñaron que era su deber como periodista: en que si no se cuentan estas historias habrá más horror. Impune. Tiene dos hijos.” (Sábado 27 de febrero de 2010, p. 76)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Yo me di cuenta de que mi pasión es el periodismo, y que en ese momento necesitaba contar las historias de Juárez-continúa Judith-. Entonces fue cuando me regresé de free lance, y pensaba que iba a ser más fácil. No lo fue, pero siempre pienso en lo que me han enseñado los habitantes de Ciudad Juárez: que la adversidad hay que convertirla en fortaleza. Y que luego, si tú haces las cosas con pasión, con amor y con respeto al otro, pues las cosas van a venir de manera positiva.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta mujer de origen vasco, que podría detentar cualquier edad y sin embargo confiesa alegremente sus 39 años, nació un 2 de julio en un poblado al norte de Navarra, España y se crió con sus abuelos en un pueblito de apenas 37 casas. El abuelo era invidente a consecuencia de un disparo que recibió en la cabeza durante la guerra civil española, aunque una de las cosas que más admiraba Judith de él era que no parecía ciego y se movía con desenvoltura y gracia en todas partes: un poco como la propia Judith en medio de ese campo minado que es Juaritos. A través de este abuelo, que era fanático de todo lo mexicano, heredó la periodista su amor y curiosidad por aquel remoto país…por su música -mis grandes pasiones son la ópera y la música norteña-, y por sus escritores. Juan Rulfo ha sido decisivo en su existencia, y aunque no lo menciona es muy probable que Ciudad Juárez, cuyo destino inminente parece quedar reducida a fantasmas, le remita al Comala poblado de almas en pena que acarrean tras de sí muertes violentas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero ni siquiera la ficción basta para preparar a un ser humano para ser testigo de los horrores que ella ha presenciado y consignado debidamente en su blog, y del que se desprende el estrujante libro de crónicas Juárez en la sombra, donde queda constancia de que la violencia se disparó por las nubes con el inicio de la pomposamente llamada “Guerra contra el narcotráfico” que más bien parece guerra contra los ciudadanos juarenses. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el prólogo de Juárez en la sombra, titulado “La mujer con la esperanza entre los dientes”, el escritor Juan Cruz, miembro del jurado del Ortega y Gasset, recuerda: “Lo primero que escuché de Judith Torrea fue un grito. Acababa de ganar el Ortega y Gasset de Periodismo y a mí me había tocado darle la noticia. Ella gritó de júbilo. Venía de otros gritos, venía de callar la esperanza, de gritarla, de comunicarla, en medio de la sangre y del dolor. A ella habría que atribuirle la hermosa frase que una vez escribió Ernest Hemingway para que la divulgara luego, con tanto éxito, Alfredo Bryce Echenique: “Conoció la angustia y el dolor pero nunca estuvo triste una mañana.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero además de ser autora del blog más visitado del mundo, Judith ha colaborado para diversos medios como el diario El país de su natal España, Le Monde Diplomatique de Francia, la agencia EFE y la revista Letras libres. Tiene el dudoso honor de haber sido la primera periodista española en presenciar en directo la ejecución de un condenado a muerte, mientras trabajaba como reportera para el capitolio en Texas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y si bien el libro es magnífico, Judith Torrea lo considera, más que una obra literaria o periodística, un grito de auxilio. Empecemos por decir que no es políticamente correcto, porque desmiente de manera tajante que los muertos, sin excepción, hayan tenido relación con el crimen organizado (y aunque la tuvieran: son vidas humanas las que se juegan). Y he ahí la parte más escalofriante del asunto: cualquier ciudadano es susceptible de ser asesinado en cualquier momento, ya sea porque quedó atrapado en lo que llaman “fuego cruzado”… o porque se rehusó a pagar una cuota a los policías federales para mantener funcionando su negocio…o simplemente fue objeto de una equivocación o de un vulgar ajuste de cuentas que nada tenía que ver con las drogas… O porque sí. Y cada una de esas muertes quedará impune porque no significan nada para el gobierno. A lo largo de las entradas del blog de Judith, consignadas en el libro, vamos advirtiendo, no sin desesperación, como varios de sus amigos y conocidos van desapareciendo paulatinamente de escena…y no por estar involucrados con el crimen organizado, sino por el simple hecho de estar vivos. Ahora la vida social no transcurre en las plazas públicas, sino en los cementerios. Es ahí donde se han refugiado los vendedores ambulantes que siempre encontrarán clientela para sus chicharrones con chile y sus dulces entre los asistentes a los entierros que se efectúan a diario, y donde los féretros son cada vez más numerosos… y pequeños. Se lee en la página 114 (entrada del Jueves 5 de agosto de 2010):&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Lo que se mata es todo. El presente y el futuro. Las personas. La salud mental. La libertad de prensa. La libertad de ir a la chamba, a la escuela, al centro comercial, sin peligro de ser asesinado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo que se mata cada día es la democracia. No la encuentro. No la veo. Se ha perdido entre tanta impunidad anunciada desde el comienzo de los feminicidios hace 18 años. Ahora agudizada con esta llamada guerra contra el narco y la lucha del Cártel de Sinaloa por controlar la principal plaza del paso de drogas hacia Estados Unidos del Cártel de Juárez. En una ciudad militarizada (…) Los únicos lugares donde se ve gente en la calle son los cementerios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(…) Juárez está fuera de control. Más que nunca. Y cada vez más lejos de la fantástica Ciudad de México, lejana y no sólo en distancia (unas tres horas y media en avión y 20 en automóvil), sino también en la realidad de vivir bajo el peligro de muerte constante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-mwVb8LgScSQ/TfKthSlp4xI/AAAAAAAAMmk/CUO-0SwQ9ak/s1600/JudithTorrea+photoshop4.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-mwVb8LgScSQ/TfKthSlp4xI/AAAAAAAAMmk/CUO-0SwQ9ak/s320/JudithTorrea+photoshop4.jpg" t8="true" width="202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;Foto: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eve Gil&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Judith ha dicho en más de una ocasión que lo que más ama de Ciudad Juárez es su gente, y me lo repite con una amplia sonrisa que no parece propia de la mujer que ha presenciado un horror peor que la guerra…porque hasta las guerras tienen reglas, y aquí no las hay: “La gente de Juárez siempre me ha brindado su mejor sonrisa…siempre están allí para darme ánimos. Es increíble. Acabándoles de matar al vecino, al amigo… ¡al hijo!... ¡ahí están, preocupados por mi bienestar! En Juárez aprendí, entre otras cosas, a valorar la vida y a disfrutar intensamente cada minuto, por respeto a los que ya no pueden porque les ha sido arrebatado ese derecho fundamental. Nunca dejará de sorprenderme que conserven esa alegría de vivir…que todavía sonrían.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Acabo de regresar de unas vacaciones en mi país natal –España- donde todo son caras largas, malos modos y rezongos por lo del desempleo… ¡y no lo puedo creer! Eso no es nada comparado con lo que sucede en Ciudad Juárez. En Juaritos ninguna de las personas con las que hablo cotidiana está segura de estar viva al día siguiente. Y sin embargo conversan, cantan, bailan… &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Judith Torrea, nuestra Anna Politkovskaya –a quien sin embargo le deseamos un futuro mucho más prometedor y, sobretodo, extenso: Judith tiene que llegar a vieja, tiene que llegar- no tiene en mente ningún libro, ninguna novela: solo su blog. Continuar dándole voz a la gente de su Juaritos del alma y, sobre todo, entrenar a ciudadanos de a pie para que a estos, a su vez, abran otros tantos blogs con sus propias experiencias y su grito se convierta en uno solo que traspase las fronteras y realice el milagro de retornar esta maravillosa ciudad a su bullicioso esplendor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Entra el blog de Judith Torrea, &lt;/span&gt;&lt;a href="http://juarezenlasombra.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Ciudad Juárez a la sombra del narcotráfico&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/KDV2nhLbtj0" width="425"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-6288000128296267226?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/6288000128296267226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=6288000128296267226' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/6288000128296267226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/6288000128296267226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/06/la-periodista-que-adopto-la-chechenia.html' title='La periodista que adoptó a la Chechenia latinoamericana'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-pa1vlj1Ghj8/TfKrY6nc-jI/AAAAAAAAMmM/iiKvrP5VYBs/s72-c/Judith+photoshop.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-6768442668232821943</id><published>2011-05-28T18:50:00.000-07:00</published><updated>2011-06-11T19:57:10.558-07:00</updated><title type='text'>Segundo rapto de Europa</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-u7TBcPAxwXo/Td65lpOqXYI/AAAAAAAAMlY/vfbumbwuLig/s1600/leonora+carrington+en+el+seu+estudi.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-u7TBcPAxwXo/Td65lpOqXYI/AAAAAAAAMlY/vfbumbwuLig/s640/leonora+carrington+en+el+seu+estudi.jpg" t8="true" width="548" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Estoy creciendo. Estoy creciendo…y tengo miedo; porque nada escapará a la destrucción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;L.C&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…A las pintoras surrealistas nadie las reconoce. Lo que en los hombres es creatividad, en ellas es locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leonora, Elena Poniatowska, Seix Barral, México, 2011, p. 91&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras Crookhey Hall dormía, Leonora, segunda de cuatro hijos y única mujer, jugaba. Leonora, la de verdad, la pequeña hiena y no aquel cuerpecillo vaciado de espíritu que por las mañanas, autómata, se dejaba trenzar la espesa cabellera negra y rematar en moño, como un regalo lujoso. Esa que atendía, con ojos como platos, las lecciones de francés y piano mientras su yo real le musitaba obscenidades al oído; la que se conformaba con observar los inalcanzables juegos de sus hermanos. Lo único que la espabilaba era su lección de equitación, empezando por el ritual de ajuarearse –“armarse”-de amazona para, al cabo de un rato, volar aferrada a las crines de su yegua pinta, hasta que el viento le desbarataba las trenzas y le diera forma, contemplada en lontananza, de acrobática Medusa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-_yeMWC6MceU/Td66KzvJehI/AAAAAAAAMlc/BEI9wyFgYa8/s1600/carington.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="266" src="http://1.bp.blogspot.com/-_yeMWC6MceU/Td66KzvJehI/AAAAAAAAMlc/BEI9wyFgYa8/s320/carington.jpg" t8="true" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero… ¿a qué jugaba Leonora nocturna, sonámbula, hiena? ¿Con quién? Su madre y Nanny la habrán encontrado, alguna vez, exhausta y no dormida sobre un montón de dibujos preocupantes que exhibían criaturas con cuernos y siluetas de macho cabrío. Conforme creciera, las aderezaría con un sexo enhiesto. Lejos de convivir con hadas, unicornios y príncipes azules, Leonora se inclinaba notoriamente por gnomos, brujas, demonios y, en general, la mitología celta. Es posible que su madre la llevara alguna vez al médico y este palmeara el hombro de la señora, no se sabe si para tranquilizarla o imponerle resignación. Lo único apropiado en la niña… lo equilibrado… era su apariencia física, de la que su padre, un rico industrial químico, capitalista ejemplar, siempre se jactó. Nada que ver con la lady típica de apariencia remotamente caballuna: la tez cremosa contrastaba con el rizoso cabello oscuro y sus ojos, de un azul acerado, refulgían atrevidos sin llegar a arrogantes. De sus finos labios, sin embargo, brotaban palabrejas que pasmaban a sus escuchas… brebajes de otro mundo, seres que hacían correr a los demás niños: “¡Yo no quería otra cosa que ser buena con el mundo entero, y aquí estaba, atada como un animal salvaje!” No por nada fue expulsada sin miramientos de varias escuelas religiosas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917, en Lancashire, Inglaterra, bajo el influjo del dios Marte. Al sonreír, lo mismo podían confundirla con Dios que con el Diablo, nada de medias tintas, “Vengo notando cierto dolor en las paletillas; eso me hace pensar que me están saliendo alas”. Sus padres nunca imaginaron… Nanny –hacedora de trenzas- nunca creyó…Leonora, en cambio, lo supo siempre: algún día desaparecería, no solo de Croohkey Hall, su casa, sino de esa tierra a la que no pertenecía. Reaparecería en un lugar remoto llamado Albedrío, donde podría ser Leonora hiena todo el tiempo y rascar la tierra con sus propias uñas y retozar sobre las hojas de otoño. Por entonces, sin embargo, se sentía extranjera en un cuento de hadas donde languidecía de aburrimiento: “(…) Me siento pequeña e ignorante, y eso no me gusta en lo absoluto. No lo puedo aceptar, quiero sentirme inmensa y poderosa (crees secretamente que soy una diosa con brevísimos instantes de encarnación) (…)” (“La puerta de piedra”, El séptimo caballo y otros cuentos, Siglo XXI Editores, México, Segunda Edición, 2007, p. 90).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En sus relatos reunidos en Memorias de abajo, Leonora alude más de una vez al que debe haber sido el más bochornoso día de su vida: su presentación en sociedad, equivalente, supongo, a la quinceañera mexicana, aunque las debutantes inglesas ya rondan los veinte y hasta más. Puedo imaginar a una Leonora desgreñada, demoliendo el peinado de tres pisos, renegando de las zapatillas y del vestido primoroso… rasguñando el rostro de su doncella, a la que deja sin cara en “La debutante”; sacando a empellones a la peinadora, gritando sin voz y sin freno. En el relato antes citado, nos deja entrever lo que pudo haber sido aquel desastre, que concluiría con corazones desportillados, el rubor de la familia y la jovencita Leonora medio borracha, a lomo de yegua, permitiendo que las ramas le hicieran jiras el vestido: “En la época en que fui debutante, solía ir a menudo al parque zoológico. Iba tan a menudo que conocía más a los animales que a los chicos de mi edad (…) El animal que mejor llegué a conocer fue una hiena joven. Ella me conocía a mí también. Era muy inteligente. Le enseñé a hablar francés y en cambio ella me enseñó su lenguaje (…)” (Memorias de abajo, Siruela, Barcelona. Segunda edición, 2001, traducción de Francisco Torres Olivier, p. 75).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-WU8XqfNhcJA/Td644TwJjsI/AAAAAAAAMlU/OxRb5qQH2WE/s1600/Leonora.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-WU8XqfNhcJA/Td644TwJjsI/AAAAAAAAMlU/OxRb5qQH2WE/s1600/Leonora.jpg" t8="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“La debutante”, como la obra literaria de Leonora, mucho menos conocida que la pictórica y, sin embargo complementarias, forma parte de una autobiografía en clave donde las jóvenes de largas cabelleras fragantes se entienden y tutean con las bestias. Incluso copulan con ellas. Leonora, ajena al género humano y amante de los extremos, nunca entabló una amistad duradera con sus compañeras de colegio, ni con chicas ni chicos de su exquisito círculo. Pagana. Outsider. La amazona, capaz de cabalgar sonámbula, pertenecía a un reino infranqueable. No sería sino hasta poco antes de los veinte, siendo alumna de la Academia Ozenfant de arte –única protección contra sus convulsiones rabiosas- que conoció a quien le abriría las puertas del reino al que realmente pertenecía: el pintor alemán, nacionalizado francés, Max Ernst (1891-1976), también psiquiatra y maestro de sordomudos, diecisiete años mayor que ella, vinculado carnalmente nada menos que con Peggy Guggenheim. Se conocieron, la aprendiz y el artista, durante una cena ofrecida por Ursula Blackwell, esposa del arquitecto Erno Goldfinger. La mutua fascinación hizo el resto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ese mismo año, 1936, Leonora escaparía de su casa para alcanzar a su amante en París. Pasión fulgurante. Jabalí. Complejo de Europa. Propiciando la posesión del toro. “Desposada del viento”, la llamaba Max. “No ha leído nada, sino que se ha bebido todo…”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-aZSEIoQIMT0/Td66o0QWSBI/AAAAAAAAMlg/EdfS30BKEQI/s1600/leonoraymax.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/-aZSEIoQIMT0/Td66o0QWSBI/AAAAAAAAMlg/EdfS30BKEQI/s320/leonoraymax.jpg" t8="true" width="285" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En París, Leonora se integrará de lleno, no solo al movimiento surrealista, también al Knustler Bund, movimiento subterráneo de intelectuales anti fascistas. En aquella época, recuerda Leonora, las mujeres eran vistas por los surrealistas como meros objetos: “Ser mujer surrealista quiere decir que eres la que cocina la cena de los hombres surrealistas”, aunque muy pronto ella les haría saber que antes les volcaba el contenido de la cacerola en la cabeza que cocinarles. A través de Max, exploraría Leonora el psicoanálisis, cosa que habría de fascinarla e imprimirle un significado adicional a su obra, aunque, señalan los críticos, es su obra pictórica de los años sesenta la que más evidencia sus lecturas de Carl Jung. La influencia de Lewis Carroll, autor que también descubrió durante su convivencia con Max, es evidente. Su literatura, escrita casi íntegramente en México aunque en lengua inglesa, exceptuando El séptimo caballo, ilustrada por el propio Max Ernst, es rica en simbología mística y religiosa, mucho más que sus cuadros, aunque dichas alusiones adquieren, sin aspavientos, un cariz pagano, acaso influida por la religiosidad característica de su patria adoptiva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La autobiografía (ni tan) fantasiosa, Memorias de abajo, parte del momento en que Leonora se ve sola en el París ocupado por los nazis, con el pasaporte de un ausente Max en su poder, el que conservó incluso tras extraviar el propio. La autora afirma no haber sentido miedo, y de hecho ese sentimiento está ausente del relato. Gracias a unos amigos logró llegar hasta España, la roja tierra teñida por la guerra civil, que inflamaría su ánimo guerrero al contemplarla desde la terraza de su habitación en un hotel vacío: “Subí corriendo a la azotea (…) y lloré, contemplando la ciudad encadenada a mis pies, ciudad que era mi deber liberar (…)” (p. 13). Si nos atenemos a la versión literaria, sufriría allá una violación tumultuaria y una confinación indefinida en un psiquiátrico de Santander. Quienes la conocen avalan esto último. Leonora narra estas experiencias desgarradoras como quien narra un sueño, fuera de su cuerpo…y hasta se da el lujo de exponer su veta humorística: “(…) Cuando volví a ser dolorosamente razonable- escribiría con fecha Martes 24 de agosto de 1943- me dijeron que durante varios días me había comportado como diversos animales: había saltado a lo alto del armario con la agilidad de un mono, había arañado, había rugido como un león, había gañido, ladrado, etc.” (p. 19). Es afamada la resistencia de la artista a hablar de su vida privada, así que cualquier versión podría ser la buena… o ninguna.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esa renuencia podría verse reflejada en la frase con que inicia esta misma entrada: “Temo caer en la ficción, veraz, pero incompleta” Los extremos, ficción y realidad, representan el talón de Aquiles de Leonora: sencillamente no conoce, no concibe frontera ni límite entre los dos, suspendida en un mundo muy personal que otros juzgarían fantástico. Pudiera pensarse que los relatos de Leonora, que como buenas piezas surrealistas carecen de nudo y desenlace, definido al menos, no son otra cosa que interpretaciones verbales de sus propios cuadros, aunque también su reinterpretación a un mundo que no ha dejado de producirle extrañeza: una explicación para sí misma de las experiencias que los ajenos a su cuerpo describirían con vulgaridad intolerable. Tras su experiencia psiquiátrica, acarreando apenas un bolso con sus papeles –“cualquiera que estos fueran”- un lápiz, una cajita con polvos Tabú y un labial Tangee, Leonora, quizá bajo el efecto de un rosario de medicamentos, bellamente despeinada, se topará en un restaurante en Madrid con el que habría de ser su segundo esposo, el poeta mexicano Renato Leduc (1898-1986), veinte años mayor que ella, quien de entrada le brindó refugio en el Consulado de México: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: “Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla”. No sé cuando apareció Renato. Al final dijo: “Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…” (p.54).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-qYqTctg2GvQ/Td68NvTEJSI/AAAAAAAAMlw/6YBXKVOwJAM/s1600/LE3C7A%257E1.JPG" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-qYqTctg2GvQ/Td68NvTEJSI/AAAAAAAAMlw/6YBXKVOwJAM/s1600/LE3C7A%257E1.JPG" t8="true" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En México encontraría acomodo para su desmesurada ansia de vivir, aunque ganarse a los mexicanos, quienes ante los extranjeros muestran una ambivalente actitud de xenofobia y adoración, no le resultó tan fácil, especialmente porque lejos, muy lejos estaba de la sumisión y el recato que observaba en las mexicanas. Años después, principalmente a través de sus cuadros pero también de sus relatos, Leonora plasmaría su fascinación por la cultura que la había acogido, como el relato “La invención del mole”, incluido en El séptimo caballo y otros cuentos, donde, a través de un ingenioso diálogo entre Montezuma y un sacerdote católico, contrapone la magia y ancestral sabiduría de los pueblos indígenas, con el oscurantismo e intolerancia de la Iglesia Católica. Su primer admirador en México sería el poeta, mecenas y coleccionista escocés, también “chamán”, afincado en la Sierra Huasteca, Edward James (1907-1984), quien, en 1947, organizaría para Leonora una primera exposición de sus cuadros… ¡en una mueblería neoyorquina! Sería hasta entonces, en plena adultez y en México, que Leonora, hiena sabia, potra blanca, conocería la amistad de las mujeres… Mujeres como ella, un poco diosas y un tanto brujas: en primerísimo lugar la española Remedios Varo (1913-1963), esposa del escritor, también surrealista, Benjamín Péret, a quien Leonora no vacila en denominar “mi gemela”, a un tiempo hombro para llorar, comparsa de aflicciones y hermana de lienzo. Juntas padecieron todo el rigor del machismo e hicieron frente común en su contra. La indignación feminista las unió todavía más que sus notorias coincidencias estéticas. Otras leonas con quienes fundó Leonora un territorio de sueños: la también pintora, argentina, Leonor Fini (1908-1996), a quien conoció durante su estancia en París, y la fotógrafa de guerra húngara Kati Horna (1912-2000), también radicada en México. Las mujeres exponentes del surrealismo, concretamente pintoras como Leonora, Remedios y Leonor, además de Kay Page y Dorotea Tanning, quien fuera mujer también de Max Ernst, se distinguían de los varones, a decir de la crítica de arte Whitney Chadwick, por dotar su arte de una magnificación casi monstruosa de la naturaleza donde resaltan los poderes regenerativos de esta, con una intención claramente irónica con respecto a las violentas alucinaciones eróticas que predominaban en la obra de los varones surrealistas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se especula respecto a que Leonora se casó con Leduc solo por la urgencia de salir de Europa, razón por la cual tuvieron una unión tan breve, de 1942 a 1943. Quedaron, no obstante, como buenos amigos. Tres años después, siendo ya pintora de prestigio internacional, se casaría con el fotógrafo húngaro, radicado en México, Imre “Chiqui” Weisz, con quien engendraría dos hijos: el pintor Pablo Weisz, quien ilustró un libro de su madre, La trompeta acústica, y el escritor Gabriel Weisz: “Mi madre –escribe Leonora- vino a verme a México cuando nació mi hijo Pablo en 1964 (…) No volví a ver más a mi padre.” Aunque indomable, según revela Elena Poniatowska, Leonora aprendió a coser para “con hilo cósmico” confeccionar muñecos para sus hijos, no muy distintos a los que las madres pobres hacen para sus hijas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-BeARlfB2Se0/Td67es0m-oI/AAAAAAAAMlo/497Z9uPn1vk/s1600/leonoraCarrington2000000.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-BeARlfB2Se0/Td67es0m-oI/AAAAAAAAMlo/497Z9uPn1vk/s320/leonoraCarrington2000000.jpg" t8="true" width="254" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sobreviviente última del surrealismo y, quiero suponer, abuela majestuosa que entretenía a sus nietos con historias de fabulosas criaturas lascivas, Leonora Carrington se mantuvo activa hasta el último aliento, particularmente en el terreno de la escultura, siempre con algo nuevo para exponer. En su prólogo a Memorias de abajo, el filósofo Fernando Savater realiza un comentario de sorprendente mal gusto, que nos hace atisbar los alcances del pensamiento machista, aún entre los intelectuales: cuenta que la pintora los dejó plantados a Claude Lévi Strauss, a Octavio Paz y a él, en una cena que el poeta había organizado en honor al propio Savater, desplante que Lévi Strauss comentó de la siguiente manera: “Pues yo prefiero que no haya podido venir. La conocí hace treinta años. Era tan hermosa y estuve tan enamorado de ella que no sé cómo habría soportado verla hoy.”¿Por qué no se le ocurrió al señor Savater que Leonora abortó su cena para no tener que ver en su estado actual al no tan guapo pretendiente desairado?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es muy probable que Leonora no haya alcanzado a leer la novela que lleva su nombre, con la que Elena Poniatowska obtuvo el Premio Biblioteca Breve 2011, aunque sí tuvo tiempo de enterarse. Apenas un mes después de la publicació de esta magnífica novela que sin duda le hace justicia, Leonora, la última surrealista, murió a los 94 años, a consecuencia de una neumonía, la madrugada del 26 de mayo de 2011. Su última voluntad fue no recibir ningún homenaje de cuerpo presente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-1c_-uRDhgX0/Td66-MYBYMI/AAAAAAAAMlk/DBszTAC6Wlc/s1600/leonora-carrington-toro-bravo-litografia-59-77-49x65cm.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="492" src="http://1.bp.blogspot.com/-1c_-uRDhgX0/Td66-MYBYMI/AAAAAAAAMlk/DBszTAC6Wlc/s640/leonora-carrington-toro-bravo-litografia-59-77-49x65cm.jpg" t8="true" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-7HsVvSs7-jA/Td67zlLfSyI/AAAAAAAAMls/gkx5Xo5A-y8/s1600/Leonora_Carrington_003.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="388" src="http://3.bp.blogspot.com/-7HsVvSs7-jA/Td67zlLfSyI/AAAAAAAAMls/gkx5Xo5A-y8/s640/Leonora_Carrington_003.jpg" t8="true" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-njOLYBk8C4Q/Td68s8YgAFI/AAAAAAAAMl0/eVwfToi5xwI/s1600/carr_houseopp_crop_0.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="448" src="http://2.bp.blogspot.com/-njOLYBk8C4Q/Td68s8YgAFI/AAAAAAAAMl0/eVwfToi5xwI/s640/carr_houseopp_crop_0.jpg" t8="true" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-6768442668232821943?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/6768442668232821943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=6768442668232821943' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/6768442668232821943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/6768442668232821943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/05/segundo-rapto-de-europa.html' title='Segundo rapto de Europa'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-u7TBcPAxwXo/Td65lpOqXYI/AAAAAAAAMlY/vfbumbwuLig/s72-c/leonora+carrington+en+el+seu+estudi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-5203441195977792040</id><published>2011-05-14T20:07:00.000-07:00</published><updated>2011-05-14T21:19:51.095-07:00</updated><title type='text'>Vocación de existir</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-xYCFnQio_wM/TcoBC4mdlpI/AAAAAAAAMkw/LffPqqgrZIc/s1600/SABINa+berman.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" j8="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-xYCFnQio_wM/TcoBC4mdlpI/AAAAAAAAMkw/LffPqqgrZIc/s640/SABINa+berman.jpg" width="518" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;Las mujeres vivimos nuestra vida privada como si fuera política...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;SB&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Muchos años después, muchas palabras después, muchos libros después, encontré en una hoja de un libro antiguo, escrito por un filósofo francés, una oración que pone en palabras mi distancia con los humanos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Pienso, luego existo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;La oración me dejó la boca abierta, porque es, evidentemente, increíble. Basta tener 2 ojos en la cara para ver que todo lo que existe, primero existe y luego hace las cosas.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Pero lo más increíble es esto, que el filósofo no propone que así sea, sino que sólo pone en palabras lo que los humanos creen acerca de sí mismos. Que primero piensan y luego existen.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Y lo peor es lo que sigue. Que como los humanos viven así, creyendo que primero piensan y luego existen, piensan que todo aquello que no piensa no existe del todo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Karen Nieto, narradora de &lt;em&gt;La mujer que buceó dentro del corazón del mundo&lt;/em&gt;, Sabina Berman, Planeta, 2011.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque ha incursionado con éxito en la novela (La bobe, Amores de segunda mano y más recientemente la extraordinaria Mujer que buceó dentro del corazón del mundo, que considero un trascendente parte aguas en su trayectoria literaria) y en la poesía, Sabina Berman Goldberg, "arquitecta del lenguaje", nacida en la Ciudad de México, el 21 de agosto de 1955, esencialmente dramaturga, "Escribo prosa también, pero el teatro es como el platillo fuerte", dice a Armando Partida Tayzan (Se buscan dramaturgos, Vol. I, CONACULTA, 2002). Afirma que lo escritora lo trae en la sangre, herencia directa de su abuelo que fue escritor de Biblias, “Escribía el texto sagrado con pluma y tinta negra en grandes pliegos que a su vez se volvían objetos sagrados”. Criada en el seno de una tradicional familia judía, en la que predominan los sicólogos, Sabina se distinguió por su feroz individualismo y rebeldía. Curiosamente, se rebelaba a la idea de ser una sicoanalista más de la dinastía, en primer lugar porque sus primeras lecturas de Freud (que habría de convertirse, qué ironía, en su icono, casi en su gurú), la hicieron odiarlo. Ella pensaba ser cualquier cosa, menos eso. Entonces, a pesar de quedar deslumbrada por Alejandro Jodorowsky en una puesta de Ionesco, pensó ser presidenta, bombera, pintora y roncarolera, pero no dramaturga. "Fui muy traviesa-confiesa a Susana Alicia Rosas, en una entrevista publicada en la antigua Etcétera, de Raúl Trejo Delabre:-me corrían de la escuela a cada rato, no podía estarme en paz. Cuando terminé la secundaria no me dieron carta de buena conducta, entonces fue muy difícil encontrar una prepa donde se les olvidara pedirme la carta". Sin embargo de la persona de su más familia que más sabemos es de su bobe, quien le inspiró una breve y preciosa nouvelle donde narra la historia de aquella niña judía de nariz pequeña pero aguileña que llegó a México desde Polonia, huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y habrá de convertirse en la abuela de una futura dramaturga que es llevada a fuerzas a la Sinagoga donde se aburre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-am206XI02ig/TcoBVHtEn4I/AAAAAAAAMk0/2YhwvUzCEKk/s1600/la+bobe.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" j8="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-am206XI02ig/TcoBVHtEn4I/AAAAAAAAMk0/2YhwvUzCEKk/s320/la+bobe.jpg" width="202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Independientemente de su mala conducta, Sabina destacó siempre por su inteligencia y su ingenio, "Mi hermana era la bella y yo la traviesa y supuestamente inteligente, definición que a las dos nos ha pesado. Ahora ella está terminando su doctorado en Filosofía porque ya se ha liberado de esa definición."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Y Sabina? Sigue negándose a ser una buena chica judía, aunque en obras como Los Caravajales, donde aborda la persecución de los judíos de la España del siglo XVI por el Santo Oficio, se explaya respecto a sus raíces, lo que le exigió, como la gran mayoría de sus obras, una investigación exhaustiva. Terminó estudiando Sicología, licenciada por la UIA, sin duda la mejor carrera que pudo elegir, como consta en el profundo contenido de sus obras que algunos juzgan "chistosas", como le ocurrió con la más taquillera de su producción, Entre Villa y una mujer desnuda (el título ironiza el de la novela del ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, Entre Marx y una mujer desnuda), a la que ningún director serio quiso montar, según cuenta a Armando Partida Tayzan: "(...) Unos se referían a que era demasiado sentido del humor; ellos no hacían ese tipo de teatro, y los otros decían:-"Si me voy a lanzar con un dramaturgo mexicano, por qué voy a hacer algo que no va a tener éxito".-, o- "Pero entonces quiero algo que sea serio, no algo de lo que la gente se ría." El verdadero problema, considero yo, era el juego con una figura cuasi sagrada de la historia de México, Pancho Villa en este caso, que en la obra se manifiesta como el súmmum del machismo, es decir, el Macho Mexicano por antonomasia; ese espíritu chocarrero que habita a cada hombre mexicano que de pronto experimenta arrebatos contra la independencia que se han ganado sus parejas femeninas que no están dispuestas a servirles más como Adelitas. Finalmente, Cristina Galindo se arriesgó. La obra, protagonizada por Diana Bracho, Jesús Ochoa y Juan Carlos Colombo (en la versión fílmica este es reemplazado por Arturo Ríos), fue un éxito sin precedentes. Acercó a Sabina a las grandes audiencias pese a no ser una comedia "fácil", y se convirtió en una laureada película, dirigida por la propia Sabina e Isabelle Tardan, quien la acompañaría en posteriores proyectos también exitosos. "Yo, desde que tuve que ver con el cine, cada vez hago un teatro menos parecido al cine, menos realista. Pero por otro lado sí asimilé la edición de cine, el hecho de saltarme los puentes entre una escena y otra", declara Sabina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ZU1XWLJiqe4/TcoBnklnTzI/AAAAAAAAMk4/LfLtvkBhmew/s1600/Sabina3.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" j8="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-ZU1XWLJiqe4/TcoBnklnTzI/AAAAAAAAMk4/LfLtvkBhmew/s320/Sabina3.jpg" width="247" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Su trayectoria como dramaturga arranca en su época de universitaria, cuando dramatizó unos poemas de su autoría y casualmente ganó un concurso convocado por Luis de Tavira. Destacada alumna nada menos que de Vicente Leñero y Hugo Argüelles, el triunfo no se le dio, sin embargo, de forma fácil, "(...) he tenido que hacer trabajo pirata, escribir cosas para ganarme la vida, para "tele", o para revistas; y sé muy claramente lo que es escribir con falsedad". Aunque su obra juvenil es respetable (Esto no es una obra de teatro, El suplicio del placer, Rompecabezas), Sabina considera que su etapa adulta empieza con la antes citada Los Carvajales, obra que hurga despiadadamente en la sicología y la doblez de los personajes, característica que habría de tornarse distintiva de la producción Bermiana. Sin embargo, lo que terminaría por tornear su estilo, a decir de los críticos, sería su relajada postura feminista ante las relaciones de pareja que tiene su parte fársica en Entre Villa..., y su parte oscura en Muerte súbita, de la que nos dice Partida Tayzan: "(...) la estructura dramática ha logrado la síntesis en la exposición de la situación inicial de la pareja, en el planteamiento de su vida en común y, con ello, sus encuentros y desencuentros; a través de la unidad espacial y temporal. Aquí no hay que hacer mención de dos conflictos distintos de parejas: el heterosexual y el homosexual, y su imposibilidad de alcanzar la realización total (...)" (Se buscan dramaturgos, Vol. II). La idea de Muerte súbita se anticipó en su novela Amores de segunda mano (Oceáno, 1995), donde Sabina divide los amores en "nutrientes y esperanzadores" y "de hambre y veneno", concluyendo que la mayoría (los que a ella interesan como objeto de trabajo) pertenecen a esta última categoría.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En dos de sus obras, Moliére y Feliz nuevo siglo Doctor Freud, Sabina demuestra que pese a su declarado feminismo –o acaso precisamente por ser feminista- es perfectamente capaz de asumir una perspectiva masculina. Esta última se empezó a escribir en su pupitre de universitaria, y la retomó varios años después, luego que su sobrina discutió con su padre (hermano de Sabina) que no consideraba que la ingeniería fuera una carrera adecuada para una mujer. Con un Doctor Freud espléndidamente caracterizado por Ricardo Blume, Feliz siglo..., se centra en el conflicto entre Freud y su célebre paciente, Dora: "Eso de que tenemos envidia del pene me parece maravillosamente imaginativo –ríe Sabina, cuya expresión es incuestionablemente tierna- Es una idea machista divina, nada más nos dedicamos a querer tener un pene y, es más, según Freud, tenemos hijos para, si sale hombre, tener un pene casi nuestro. Me causa ternura, la fantasía de que el mundo gire alrededor del falo." Y esa ternura traspasa al personaje, al que resulta imposible no querer. Durante sus primeras lecturas de Sigmund Freud, la joven Sabina nunca imaginó que terminaría “enternecida” por el personaje, "poeta maldito de la existencia", que tan odioso le resultó en su momento y terminó recreando como nadie. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-rVsqnXqOgrg/TcoB0N8kkaI/AAAAAAAAMk8/rDRDbGAIuB8/s1600/Sabina4.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="239" j8="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-rVsqnXqOgrg/TcoB0N8kkaI/AAAAAAAAMk8/rDRDbGAIuB8/s320/Sabina4.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Pero Sabina Berman no es, en definitiva, y como suponen algunos que la ven en “la tele”, en el programa Shalalá, entrevistando políticos, una dramaturga light. Sus obras son tan complejas que en más de una ocasión ha declarado que prefiere dirigirlas ella misma, porque siempre está temiendo que otro director desvirtúe lo que tanto trabajo le ha costado decir. "Yo sí he tenido puestas que digo:-no reconozco esto, ¡qué maravilla!-, no le voy a decir a nadie que no lo reconozco, y otros en donde sí me siento con la necesidad y no lo hago, pero siento ganas de salir al lobby y decir: perdón, las palabras sí las escribí yo, pero me cambiaron la secuencia, etcétera." Pasa la mayor parte de su tiempo en su estudio de la Colonia Condesa, lidiando con sus propios personajes que parecen ser, asimismo, sus íntimos demonios. La frase del personaje central de Muerte súbita, "Soy mi propio capataz, mi propio esclavo y mi propio gurú", le viene como anillo al dedo. Según dice a Susana Rosas, se considera excelente ama de casa y no le gustan mucho las compras porque nunca tiene tiempo de pensar "qué me voy a poner". Las obras completas de Sabina Berman han sido reunidas en un voluminoso tomo. No hace mucho incursionó nuevamente en calidad de guionista en la película Backyard, “El traspatio”, de Carlos Carrera. No quisiera ahondar mucho respecto a mi muy personal percepción de esta película que aborda desde la ficción los feminicidios de Ciudad Juárez, pero lo considero el trabajo más flojo de Sabina…y no me sorprende: el tema se le escurre de las manos a cualquiera. La realidad es tan espeluznante y vergonzosa a un tiempo, que no debe haber sido nada fácil encontrarle un lado, digamos, accesible para traducirlo al lenguaje cinematográfico, aunque, claro, el que los chihuahuenses de la película –con excepción del gran actor Joaquín Cossío, oriundo de esa región- hablaran con acento del Distrito Federal no es culpa de Sabina, sí lo es el que se tenga que recurrir a una “civilizada” e “idealista” mujer policía del Centro para resolver los crímenes, como si en Ciudad Juárez no existieran suficientes mujeres que han dejado su vida en prenda luchando por una justicia de momento utópica para nosotros. Con todo, el talento de Sabina no deja de deslumbrarnos en ciertos momentos…en sus diálogos ágiles, ingeniosos, sorprendentes, punzantes…brutales cual debe en casos como este. No se trata, pues, de su mejor trabajo, pero no deja de presentar esos rasgos luminosos que la caracterizan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-fPqO4VZps7M/TcoCFl_WaWI/AAAAAAAAMlA/L7cC1LXGO2U/s1600/Scan10091.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" j8="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-fPqO4VZps7M/TcoCFl_WaWI/AAAAAAAAMlA/L7cC1LXGO2U/s320/Scan10091.jpg" width="206" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Actualmente, Sabina trabaja junto con Alfonso Cuarón su primer guión para Hollywood tentativamente titulado Light, sin embargo, su más deslumbrante trabajo hasta el momento es la hermosa novela La mujer que buceó dentro del corazón del mundo, que al poco tiempo de su publicación, ha sido traducida a varios idiomas y publicada en varios países. Que se haya presentado primero en España –y perdón por lo que voy a decir- no me sorprende en lo absoluto: en México la crítica no apreciará lo suficiente una novela con una heroína con “capacidades diferentes”, en primer lugar por la alarmante ignorancia que existe al respecto y no es tal en Europa; en segundo porque el que el personaje protagónico sea una mujer, sin importar que no sea en lo absoluto una mujer común y corriente, la encasillará en lo que tan despectivamente se denomina “literatura femenina”. Y sin embargo Sabina asume con éxito el monumental reto de otorgarle las riendas de la narración a su protagonista, Karen Nieto, una joven autista con la inteligencia emocional de una niña de segundo año de primaria y no obstante genial en áreas en las que el común de la gente no suele destacar, ha sido interpretada por algunos críticos como una metáfora de la actual situación política de México, aunque al contrario del común de los mexicanos que se ven obligados a alimentar un optimismo irracional para no enfrentar su espantosa realidad, Karen, por su condición de autista, insiste en expresar la realidad sin florituras ni ambages, “Qué mejor mundo sería si la gente no usara metáforas ni eufemismos”, señala Karen, y sí, tiene razón al otorgarle ese poder a las palabras. Qué diferente sería México si dejáramos de emplear un vocabulario usurpador que logra su cometido de trastocar una guerra cruel y sin sentido en un trámite simplón pero necesario, y a las víctimas de dicha guerra en números vacuos: da lo mismo contar muertos que vivos. Señala Sabina en entrevista con Yanet Aguilar para el diario El Universal, “El mundo cultural se ha empequeñecido en México, no es alternativa. Estamos ahogados en malas noticias y obviamente cerrar los ojos no es la solución, pero tenemos que salir del pesimismo, ver de otra manera las cosas y buscar el rumbo.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La mujer que buceó dentro del corazón del mundo inicia con la llegada de la aristocrática tía Isabelle a Mazatlán donde ha de atender lo que ha recibido por herencia: la atunera Consuelo, que perteneciera a su hermana mayor. Pero es muy poco, por no decir nada, lo que esta sofisticada y atractiva mujer sabe acerca de atunes, al grado de volver al estómago cuando presencia como los atunes son desentrañados por las obreras. Lo que Isabelle todavía no sabe, es que la herencia incluye una niñita desgreñada que se le aparecerá en una noche de tormenta mientras intenta dormir en su nuevo palacete con vista al mar más maravilloso del mundo (esto no lo dice la novela: lo afirma esta lectora). Pero quien más se asusta al ver abrir los ojos a la guapa desconocida es la pequeña quien lanza un grito espeluznante antes de salir huyendo. Isabelle no cree en fantasmas, así que interroga a La Gorda, la cocinera, respecto a “la cosa”, pues resulta que la niña ni siquiera tiene un nombre. La Gorda, quien evidentemente se compadece de la niña, le narra a medias una historia en el fondo terriblemente dolorosa e Isabelle intuye que aquella criatura es una hija oculta de su hermana, es decir, su sobrina. Asume entonces el reto de convertir a “la cosa” en un ser humano y empieza por ponerle un nombre: Karen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y Karen es la narradora de su propia historia, la cual comienza con la llegada de la tía Isabelle pues lo anterior es tan terrible que lo ha borrado de su mente….hasta casi el final del libro, cuando ese recuerdo retorna a su memoria casi cuarenta años después. Pareciera que tía Isabelle se hace cargo de la pequeña porque está aburrida y esto pudiera representar un reto maravilloso para ella, quien en realidad no está muy interesada en la atunera…pero más adelante comprendemos que esa ausencia de sentimentalismo no proviene de la tía Isabelle, sino de la narradora, que por su condición de “autista de alto rendimiento” (lo que hoy se conoce como “Síndrome de Asperger”) no es capaz de penetrar los sentimientos de los demás, solo de esbozarlos, lo que no solo otorga verosimilitud a la historia sino la torna más apasionante. El lector deberá leer entre líneas la gran ternura y sensibilidad de esa tía que salva la vida a una niña que ha sido tratada como un animal desde su nacimiento…también el amor que Karen despierta en un sensible marinero italiano que, lejos de aprovecharse de su condición autista (“inteligencia emocional de niña de segundo de primaria”) besa tiernamente la cruel cicatriz de su espalda que no es otra cosa que la evidencia del maltrato padecido por la madre que se avergonzaba de ella. Karen no solo aprenderá a pensar por ella misma y a tomar sus propias decisiones que podrán perjudicar a terceros, sino que se inventa un paraíso a la medida tras una serie de vivencias que le hacen entender, entre otras cosas, que los atunes tienen derecho a ser felices aunque no piensen: ¿Durante cuánto tiempo la gente a su alrededor la juzgó igual que a los atunes, como un ser no pensante que sin embargo resultó superdotada en áreas como la capacidad de memorización y el dibujo? Y, naturalmente, hay niñas de segundo de primaria que pueden captar cuando alguien quiere aprovecharse de su inocencia o inmadurez, y Karen es una de ellas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Mi tía me contó de Albert Einstein, el matemático. Como Yo, Einstein tenía fijaciones. Se había pasado años y años sentado en una oficina de patentes en Berna, Suiza, reflexionando en una sola cosa, el Universo. Y había descubierto una teoría sobre el Universo muy elegante y sencilla que no entendí, y que mi tía, luego de tratar de explicármela 3 veces, me confesó que ella tampoco entendía.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;Como Yo, Einstein era incapaz de repetir algo que no le parecía verdad, también hacía las cosas despacio y con suma atención, y también solucionaba los problemas de maneras nuevas y muy personales. Y ganó el premio Nobel, el premio más codiciado en el planeta Tierra (…) Son las personas con capacidades diferentes las que aportan cosas diferentes a la humanidad (p.p 80 y 81)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-BDWM180vxt8/TcoCa69FciI/AAAAAAAAMlE/jaehHD88u04/s1600/Sabina+Berman+11.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="209" j8="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-BDWM180vxt8/TcoCa69FciI/AAAAAAAAMlE/jaehHD88u04/s320/Sabina+Berman+11.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;“Yo no soy Karen –afirma Sabina a Yaneth Aguilar. Cuesta creerlo. A menos, de manera absoluta. Un personaje tan maravilloso no pudo haber brotado sino de la carne, las vísceras y el corazón de su autora. Hace hincapié en el hecho de que Karen vive fuera del lenguaje…pero por lo mismo se hace acompañar en todo momento por un arma llamada Diccionario que le permite bucear entre especies mucho menos amistosas que las que encuentra cuando se sumerge en el mar con ese traje de buzo que desearía portar en todo momento, porque es su refugio, su burbuja, su mundo perfecto. Y estoy completamente segura que eso es lo más íntimo que comparte Sabina con su más entrañable personaje: la conciencia del valor de las palabras y de cómo estas tienen el poder de construir –o destruir- a un individuo. Y tanto Karen como su creadora son mujeres construidas de lenguaje.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Entrevista con Sabina Berman a propósito de &lt;em&gt;&lt;a href="http://www.abc.es/20100922/contraportada/sabina-berman-autismo-ninos-20100922.html"&gt;La mujer que buceó dentro del corazón del mundo&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/M7Jc73ZYVHE" width="560"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-5203441195977792040?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/5203441195977792040/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=5203441195977792040' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/5203441195977792040'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/5203441195977792040'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/05/vocacion-de-existir.html' title='Vocación de existir'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-xYCFnQio_wM/TcoBC4mdlpI/AAAAAAAAMkw/LffPqqgrZIc/s72-c/SABINa+berman.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-2478203205645804963</id><published>2011-04-30T19:10:00.000-07:00</published><updated>2011-04-30T19:10:52.167-07:00</updated><title type='text'>La princesa roja</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-GJUlPdoogKA/Tbed6MwNQrI/AAAAAAAAMkA/dMX4KQ8TA_s/s1600/Poni8.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="468" i8="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-GJUlPdoogKA/Tbed6MwNQrI/AAAAAAAAMkA/dMX4KQ8TA_s/s640/Poni8.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No me rajaba, nunca me le rajé a nadie. Y conmigo le cae de madre al que se raje&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;"Jesusa Palancares"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras ciertos intelectuales plebeyos hurgan desesperadamente en sus arbolitos genealógicos por algún rastro principesco o cuando menos europeo, la princesa Hélene Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska, mejor conocida como “la Poni”, descendiente directa de aquel Poniatowski que traía loquita a la implacable Catalina de Rusia, pasa entre nosotros por señora sencillota y campechana. Su actitud llama a la confianza, al cariño; a tocar su carita llena de pecas y tics conejiles. Válgame, Elena, “la Poni”, la que se dio en toda la torre como cualquier hija de vecino aquel 2 de octubre de 1968 (“manos aniñadas porque la muerte aniña las manos”); la que calzando tenis recorrió las ruinas de su ciudad devastada por el terremoto del 85 y defendió el derecho al aborto de Paulina, la niña dos veces violada (la segunda fue una violación moral)... la que dijo NO al Premio Villaurrutia 1971 que se le concedió, qué ironía, por su libro La noche de Tlatelolco pues... ¿qué premio reviviría a su hermano y a los miles de muchachos masacrados? Le rehúye como a la peste a los títulos de nobleza, incluyendo el de “escritora”; “(...) ni siquiera creo que soy muy buena, pero sí sé que tengo el oficio de escribir. Lo tengo desde 1953 y lo ejerzo”, según declara ante José Gordon y Guadalupe Alonso. Y vuelve a renegar de su corona en el libro Amanecer en el Zócalo, los 50 días que confrontaron a México (Planeta, 2007): “Como escritora, me habría gustado ser John Berger, pero como no lo fui y tampoco creo poder llegar a serlo, trato de fijarme cómo le hace John Berger para retratar a los demás. Desde 1953 me fijo en los que caminan por la calle, el barrendero con sus siete perros, Tere la limonera en el mercado de Coyoacán, Lucía la que cose a domicilio, los que vinieron al campo al DF y todavía traen manos de ordeñar vacas, de trasquilar borregos, de palmear tortillas. Intento vivir pensando en aquellos que tienen que irse a los Estados Unidos porque si no morirían de hambre y en los que no logran irse y mueren de hambre.” (p. 156). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero es, ante todo, abuela de varios niños mexicanos cuyos retratos siempre carga consigo para mostrarlos con enternecedor orgullo: “Mira, esta es Luna…”&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-7tvRxSGV90g/TbeeOn-01OI/AAAAAAAAMkE/S2g-RiScTAo/s1600/joven+Poni.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="203" i8="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-7tvRxSGV90g/TbeeOn-01OI/AAAAAAAAMkE/S2g-RiScTAo/s320/joven+Poni.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La enamorada de México nació el 19 de mayo de 1932, en París. Hija de Jean Evremont Poniatowski Sperry, heredero de la corona polaca, exiliado en Francia, y de la asimismo exiliada Dolores Amor, alias Paulette, hija de una familia porfiriana. Como primogénita, a Hélene correspondería el título de reina de Polonia, país por el que siente gran cariño, particularmente porque fue durante una estancia ahí, en la década de los sesentas, que reafirma su sentimiento de compromiso para con los desprotegidos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el príncipe Poniatowski se alista en el ejército y Paulette, o Paula Amor Poniatowska, tal como lo relata en su autobiografía No me olvides (Plaza &amp;amp; Janés, 1996), a la que resulta imposible no vincular con Flor de lis, el único libro autobiográfico de Elena, huye, junto con sus hijas, Elena y Sofía, o “Kitzia”, a México. Ahí nacerá Jan, el tercer hijo de los Poniatowski, el querido hermano de Elena muerto en un accidente automovilístico a los 21 años. Es en México donde Elenita, siempre a cargo de las “muchachas”, aprenderá de estas el castellano del pueblo que tan maravillosamente utiliza, particularmente en su primera novela, publicada en 1969, Hasta no verte Jesús mío, cuya protagonista, Jesusa Palancares, segura de haber sido reina en su otra vida, es un personaje picaresco único en las letras mexicanas, que no obstante su condición triplemente desventajosa (mujer, indígena y analfabeta), se sale siempre con la suya. Es Jesusa Palancares, a todas luces, un homenaje de la princesita a sus queridas “muchachas”.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-zmZMPVvSiLM/TbeeZnySfJI/AAAAAAAAMkI/oHQ39U_aN1U/s1600/PoniyGabo.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="256" i8="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-zmZMPVvSiLM/TbeeZnySfJI/AAAAAAAAMkI/oHQ39U_aN1U/s320/PoniyGabo.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero Elena se inició en el periodismo tras haber estudiado en un internado religioso de Estados Unidos entre 1949 y 1952 y haber sido secretaria de un negocio paterno que quebró al poco tiempo. La sangre azul no garantiza la “papa”. Las niñas rubias no tienen garantizada la felicidad como popularmente se cree en México, y Elenita empieza por hacerle a la reporteada de Sociales (firmaba sus notas con el enigmático seudónimo “Hélene”), hasta que Fernando Benítez la rescata para “México en la cultura”, del periódico Novedades. Joven, bonita, ingenua y autodidacta, combinación por demás suculenta para los lobos feroces, Elena no tarda en causar sensación con su muy “jesuso” estilo, mezcla de ingenuidad y malicia; mezcla de princesa y “muchacha” de cocina. Soy de la idea que Elena explota su aparente inocencia para que sus entrevistados se sientan confiados y a sus anchas y terminen despepitándolo todo. Pidió mano para entrevistar al guapo debutante Carlos Fuentes cuando publicó La región más transparente —“Carlos Fuentes te sacaba mucho a bailar y no sabes los pisotones que daba”—; a Francois Mauriac lo hizo perder los estribos, según consta uno de tantos volúmenes de entrevistas Todo México. A Juan Rulfo, entercado en su silencio y alérgico a las entrevistas, particularmente si eran realizadas por muchachas bonitas, le sacó toda, toda, toda la sopa. Ante Diego Rivera ni se inmutó cuando este afirmó desayunar niñas güeritas. Al que sería su esposo, el astrónomo Guillermo Haro (1913-1988), cuya vida inspiró La piel del cielo, lo conoció por entonces: “Me trató muy mal –narra Elena a Gordon y a Alonso- Yo fui a entrevistarlo en la torre de Ciencias de la UNAM y recuerdo que me dijo que los periodistas son los desechados de todas las carreras... “Le apuesto a que usted, señorita, no trae ni papel ni lápiz”. Yo escarbé en mi bolsa como gallina y de verdad, no traía ni papel ni lápiz”. Miguel Covarrubias, vida y mundos (Era, 2004), rescate hemerográfico de Antonio Saborit, además de confirmar mis sospechas respecto a la técnica de Elenita para granjearse la confianza de sus entrevistados, es invaluable testimonio del periodismo cultural de los cincuentas, una radiografía del trabajo juvenil de Elena: preguntas parcas, directas, pachonas, sin florituras ni alardes... impresiones francas hasta la crudeza sobre sus entrevistados, insolencia que, lejos de molestar, enternece. Como la de una niña. A Rosa Rolando, la amante del artista plástico, la describe en los siguientes términos: “(...) fue algo así como su Tanagra doméstica, su escultura de a de veras, su rosa cotidiana, su flor profunda y carnal.”&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-7tAlschoY-c/TbeeilmpynI/AAAAAAAAMkM/jM1swcSxe7E/s1600/Poni2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" i8="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-7tAlschoY-c/TbeeilmpynI/AAAAAAAAMkM/jM1swcSxe7E/s320/Poni2.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Elena incursionó en la literatura de ficción en 1973 con Lilus Kikus. Se supone que debía sentirse apabullada por la sombra de su bellísima tía, la poeta Pita Amor —de quien realiza un despiadado retrato en Las siete cabritas (Era, 2000)—, pero Elena nunca ha sido competitiva, quizá por ser única en su género: solo a ella se le da esa curiosa mezcla de periodismo frívolo con periodismo humanista. Son sus libros testimoniales y periodísticos los que revelan su cara seria y profundamente comprometida: Su ostensible adhesión ideológica al comunismo —que le mereció entre sus parientes el apodo de “Reina Roja”—, con la que hasta la fecha comulga, está implícita en Tinísima, biografía novelada de la fotógrafa italiana Tina Modotti, donde hasta las señoras ricas que atiborran sus talleres literarios, de los que han salido autoras nada despreciables como Rosa Nissán, Rosamaría Casas y Amélie Olaiz, suspiraron por el subversivo y sexual Julio Antonio Mella —“Los cubanos aman con su sexo. Salen a buscar a las mujeres; las alientan con su sexo. Mella así amaba a la universidad. La tomaba en brazos, la detenía en la esquina, la poseía, filtraba el sol por sus ventanas”—; es esta, la novela erótica de Elena Poniatowska, donde Julio y Tina, arrebatados desde la primera mirada, se aman de pie y contra la pared. &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-TgucT13wAaU/Tbef4GEFScI/AAAAAAAAMkY/84r8jJ99VqM/s1600/poniatowska+y+el+teniente+coronel.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" i8="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-TgucT13wAaU/Tbef4GEFScI/AAAAAAAAMkY/84r8jJ99VqM/s1600/poniatowska+y+el+teniente+coronel.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 2001 gana el Premio Alfaguara con la bildungsroman La piel del cielo, una ficción en torno a su esposo, el astrónomo Guillermo Haro, rebautizado como Lorenzo de Tena, donde recrea un México fluctuante, el de los Buicks, los sombreros y los guantes y los vendedores de toques eléctricos; el que crece aceleradamente entre los años veinte hasta casi los albores del siglo XXI, con un protagonista varón de intensa vida amorosa, idealista furibundo que se refugia en la contemplación de las estrellas. Su siguiente novela, acreedora al Rómulo Gallegos 2007 que recibió de manos del mismísimo del presidente Hugo Chávez, en Venezuela, El tren pasa primero (Alfaguara, 2005, Premio Rómulo Gallegos 2007) subraya su pasión por los varones de armas tomar y corazón de condominio, quienes, como en Paseo de la reforma o La piel del cielo, invariablemente encontrarán en su camino una mujer asimismo dispuesta a conquistar sus ideales políticos y a amar de espaldas a los convencionalismos, y contra la pared. Trinidad Pineda Chiñas es el héroe de esta novela que recrea, casi fotográficamente, el movimiento ferrocarrilero que hizo albergar a los mexicanos esperanzas respecto a un auténtico cambio político y social. Trinidad, líder de los amos de los rieles, enfrenta primero a los llamados “líderes charros” (“El charrismo era una estructura del Estado, su obra negra”), es decir, los coludidos con quienes se encargan de exprimir a los trabajadores; después, al mismísimo presidente Miguel Alemán, quien termina por sentirse apabullado ante la terquedad de Pineda Chiñas, que parece incluso dispuesto a dejarse matar si con ello obtiene para sus compañeros unas condiciones de trabajo dignas. Lo que de entrada conmueve de estos personajes, es el hecho de que trabajan, sí, por necesidad, pero, sobre todo, por pasión a la máquina y lo que ella concede a su eventual amo, como bien se señala en el caso del propio Pineda: “(...) El tren era su modo de estar sobre la tierra, era su padre muerto, su madre llevándolo de la mano a la estación, el tonelaje de carga de todos sus sentimientos, la ceiba más alta de su tierra. Hacía mucho que el silbato resonaba en su corazón y se había convertido en un animal sagrado que dejaba su esencia en su sueño de niño y lo mecía hasta el amanecer. El tren era su anual, su otro yo. “No fui ardilla, ni tuza, ni conejo, ni lagarto, yo fui locomotora.” (p. 28).&lt;/div&gt;&lt;table cellpadding="0" cellspacing="0" class="tr-caption-container" style="float: right; margin-left: 1em; text-align: right;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-w4Or63tJtIc/TbeerUl4YnI/AAAAAAAAMkQ/IOhUPYGacuo/s1600/Poni7.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; margin-bottom: 1em; margin-left: auto; margin-right: auto;"&gt;&lt;img border="0" height="179" i8="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-w4Or63tJtIc/TbeerUl4YnI/AAAAAAAAMkQ/IOhUPYGacuo/s320/Poni7.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td class="tr-caption" style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;Elena, devastada tras la muerte de su mejor amigo, Carlos Monsiváis&lt;/strong&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por supuesto, el triunfo de Trinidad Pineda sobre la burocracia, el gobierno y la injusticia social no está predestinado a perdurar, no en este país donde la democracia es, más que una ficción, una utopía. Durante el siguiente sexenio se emprenderá una sucia campaña de desprestigio contra aquel a quien todos tienen por héroe, y terminará encarcelado, denigrado, acusado de comunista y aliado de los rusos. Es probable que, como le reprochara su mejor amigo, Saturnino, Trinidad se haya excedido en la franqueza de sus críticas y exigencias: “En política hay que maniobrar y no decidir tajantemente como lo haces.” (p. 82). Independientemente de la intriga política, El tren pasa primero aborda también esa suerte de pasión incestuosa, que tiene más de identificación ideológica que de sexo, entre Trinidad y su sobrina Bárbara, la cual lee fanáticamente a Simone De Beauvoir, usa el cabello corto y lleva pantalones. Trinidad se identifica más con esta muchacha que parece dispuesta a morir por su causa, como tantos estudiantes (en esta novela se plantea el inicio de la simbólica alianza entre el gremio de ferrocarrileros y el de los universitarios), que con su fiel aunque tradicional y tolerante esposa y madre de sus hijos. “Tío... No quiero ser una copia de mis pobres tías, ellas mismas ya son copias borrosas de sí mismas, copias de copias de lo que de alguna vez quisieron ser (...) Yo soy mi propia mujer. También Simone de Beauvoir se levantó contra eso de que anatomía es destino.” (pp. 95 y 96) El amor le enseñará al héroe degradado –que en el santoral mexicano se cuentan por montones- más de lo que jamás hubiera imaginado. Por ejemplo, “(…) la certeza de que la conciencia no surge de la fe, sino de la duda.” (p. 96). &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-4kMAXit2uRk/TbefCi2nc0I/AAAAAAAAMkU/q7QjXMgvJtQ/s1600/poni9.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="225" i8="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-4kMAXit2uRk/TbefCi2nc0I/AAAAAAAAMkU/q7QjXMgvJtQ/s320/poni9.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Leyendo esta magnífica novela que, como todas las de Elena, carece de alardes, reboza frescura en sus diálogos y agilidad periodística, no puede uno menos que echar de menos aquella pintoresca estación Buenavista cuyo terreno alberga por lo pronto una mega biblioteca que alguna fue noticia y objeto de una campaña política, y hoy a nadie le importa. Elenita, como Jesusa, como Trinidad, como Mella, como Tinísima... como Leonora, la heroína de su más reciente y apasionante novela –mi favorita, he de confesar- y tantos y tantos personajes suyos que nunca se cruzan de brazos y no vacilan en tomar un rifle, una pancarta o un libro, si con ello logran cambiar un poquito el mundo, no acostumbra quedarse callada. No podía dejar de formar parte de otro de los acontecimientos más significativos de la historia reciente de México: la “criminal” toma de Reforma, la avenida más transitada del país y de las más transitadas del mundo, por miles de ciudadanos inconformados por lo que, a todas luces, era un fraude electoral. Un acto que los ricos que circulan a diario por allí califican como “terrorismo”, sordos y mudos, sin embargo, a los cientos, miles de inocentes que a diario mueren en en llamado “fuego cruzado” entre militares e integrantes del crimen organizado. Elenita, no obstante no ser ya la muchacha trémula de indignación que sorteó las balas en Tlatelolco; tampoco la mujer robusta que escarbó entre los escombros que el terremoto del 85 dejó a su paso, se plantó durante varios días con la multitud que exigía claridad en un proceso electoral por demás turbio que, en cierto modo, dio origen la pesadilla que México vive actualmente. Confiesa que no se hubiera involucrado si el candidato afectado, representante de la izquierda en que la princesa roja había militado convencida toda su vida, no la busca personalmente a su casa de Chimalistac para delegarle la responsabilidad de convertirse en la vocera de la indignación del pueblo burlado. Ella misma lo relata en su espléndida crónica Amanecer en el Zócalo, en la parte titulada precisamente “Llamando a mi puerta”: “Sólo sé decir que sí, ésa es la gran tragedia de mi vida”. &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-xsBfPHOjJGE/TbegApXk2NI/AAAAAAAAMkc/AHiNnoUec8A/s1600/Poniatowska+y+AMLO.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" i8="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-xsBfPHOjJGE/TbegApXk2NI/AAAAAAAAMkc/AHiNnoUec8A/s1600/Poniatowska+y+AMLO.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero si bien, en un principio, Elenita se sintió moralmente obligada a dar la cara por este rebelión que no por pacífica y cultural dejaba de ser rebelión, insurrección…insurgencia… palabras casi tabú para los mexicanos, y se adhirió entusiasta a la exigencia popular de efectuar un recuento de votos (que ha sido efectiva en tantos otros países donde la mínima sospecha de error basta para repetir todo el proceso), porque ella misma estaba convencida, y muy indignada ante las pruebas contundentes de un fraude electoral a favor del candidato de la derecha. Reconoce, sin embargo, haber sido ingenua… ingenua de verdad, quiero decir, al aceptar filmar un spot televisivo que la colocó en el ojo del huracán: “(…) Filmé otro spot muy ingenuo el mismo día en que platicamos (López Obrador y ella). En él pedía a los panistas que no mintieran ni calumniaran al decir que Andrés Manuel era un peligro para México. La publicista Tere Struck mandó un coche por mí y un señor muy amable, el chofer y yo, fuimos a un estudio rascuache cercano a mi casa. Una muchacha de manos dulces me peinó y no tuve que repetir sino una vez el texto escrito sobre mi libreta Scribe. Salió al aire el 7 de abril de 2006 (por cierto, nunca me lo mandaron como prometieron) y a partir de entonces me tocó una semana santa de lanza en el costado, esponja, vinagre y corona de espinas. “Tú te lo buscaste, el que se mete a la cocina sale chamuscado”, comentó Rossana Fuentes.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A favor de Elenita puedo decir que difícilmente una buena persona como ella (me consta que es buena persona, como le consta al pueblo que se ha acercado a ella y ha recibido cariño, solo cariño) difícilmente podía prever que se enfrentaría a personajes tan siniestros, perversos y misóginos que supieron convencer a través de campañas difamadoras de que doña Elena era la dulce abuela en cuyas faldas se refugiaba el candidato vapuleado. “(…) una mujer prestigiada en el ámbito literario pero muy ingenua en lo político”, diría Luis Martínez, aunque el destacado escritor Fernando del Paso la defendió: “El PAN, como partido político, le debe una disculpa, porque es una ciudadana mexicana que no está cometiendo un delito, está ejerciendo su derecho como ciudadana al apoyar a un candidato en el que ella cree, independientemente de lo que éste sea.” El pueblo de México se partió en dos, no solo en el aspecto político (por aquellos días se registraron cientos de grescas callejeras entre “calderonistas” y “lopezobradoristas”) sino en los que estaban a favor y en contra de la colaboración de Elena Poniatowska con la Izquierda. Los insultos telefónicos a media noche se volvieron cosa de todos los días, lo mismo que los vítores y los abrazos espontáneos a su paso. Su propia hermana Kitzia le reclamaría airadamente su involucramiento en este asunto que había desatado pasiones extremas en los ciudadanos: “¿Te crees Juana de Arco o te pegaste en la cabeza? Estás totalmente zafada, nunca has estado en la realidad pero ahora menos. AMLO es un engañabobos que va a llevar al país al desastre y tú allá pegada. Salte, mana, salte, esa gente no te merece, salte.” Y más adelante le insistiría a su muy jesusa hermana: “(…) ¿No te das cuenta de que le haces un daño horrible a tus hijos y también a los míos? Santiago tenía un año haciendo un proyecto de una casa para Roberto Hernández y lo canceló y Santiago es solo tu sobrino. ¿Qué pasará con tus hijos? ¿Cuánto tiempo más vas a seguir en la inopia?” Es cierto, acepta Elenita: Mi familia, mis hijos –salvo Mane que está en la UAM-, mi nuera poblana, padecen las consecuencias de mi adhesión a AMLO.” (p. 200).&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Gyw-Crq2ySU/TbegT-nywoI/AAAAAAAAMkg/ILeUxSUCK88/s1600/Elena+Poni.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="235" i8="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-Gyw-Crq2ySU/TbegT-nywoI/AAAAAAAAMkg/ILeUxSUCK88/s320/Elena+Poni.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pudiera decirse que llegó el momento en que Elenita se tornó indiferente tanto a unos como a otros. Amanecer en el Zócalo recoge no solo la crónica de aquellos cincuenta días de enfrentamiento que amenazaban con desembocar en revuelta civil, sino también su cansancio ante lo que de pronto se perfiló como causa perdida y su deseo de retirarse a su casa a descansar, de asistir a otra misa que no fuera la de siete, oficiada por López Obrador (Elenita se reconoce una roja muy católica), pero no es la única cuyas fuerzas menguan. El movimiento mismo se va extinguiendo por influjo de la criminal sordera de las instituciones encargadas de hacer valer la democracia en México. Los ánimos de los rebeldes pudieran compararse con los de los estudiantes del 68 que salieron a expresar su disgusto contra el gobierno y terminaron baleados o desaparecidos. En este caso no se baleó ni se desapareció a nadie, se recurrió a una estrategia peor: burlarse de los inconformes, exhibirlos ante la opinión pública como renegados y malos perdedores. Elenita, quien a la fecha ha dejado de recibir llamadas donde la llaman “pinche vieja puta”, publica esta crónica de manera muy oportuna, que no oportunista (ha transcurrido un año de los hechos relatados en el libro), donde deja constancia, en cifras e impresiones recogidas de primera mano, y en el fragor de la batalla, de los reclamos del pueblo estafado, del número de urnas violadas, del número de votos misteriosamente desaparecidos, de las triquiñuelas electoreras para convencer a los mexicanos de la peligrosidad del candidato de la izquierda, de las amenazas y los insultos, de las alianzas entre ex miembros del PRI y el nuevo partido oficial y de los atentados físicos y morales contra los paristas… pero también, en un espléndido ejercicio de objetividad y autocrítica, de los errores cometidos por ella misma, por su candidato y por los estrategas de este movimiento que, aunque fracasado, ha pasado a ocupar un lugar de honor en la historia de México: “Al doblar la esquina, allí los veo, presencia segura, amistosa, confiable. Confío en ellos. Necesito de ellos, necesito de mi país. Quizá porque no nací aquí necesito más de él que de nadie. En estos días vivo como siento que hay que vivir o como quisiera que todos viviéramos…” (p. 237) &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-cb9ObEIWBAM/TbegkL43Z7I/AAAAAAAAMkk/dE78XkzCubc/s1600/Scan10088.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" i8="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-cb9ObEIWBAM/TbegkL43Z7I/AAAAAAAAMkk/dE78XkzCubc/s320/Scan10088.jpg" width="184" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La más reciente hazaña, literaria en esta ocasión, de la reina roja, es la obtención del Premio Biblioteca Breve 2011 con la que considero la mejor de sus novelas, Leonora, donde, periodista al fin y al cabo, recoge la historia de un personaje real que, sin embargo, parece salido de un cuento aterradoramente hermoso: la pintora inglesa radicada en México, Leonora Carrington, que aún vive –tiene cerca de 100 años de edad- y con quien Elena tiene más de un punto en común. El que la pintora aún viva y esté rodeada de una familia numerosa, pensé antes de empezar a leer la novela, supondría una autocensura para la novelista-biógrafa, y sin embargo la narración fluye con caudalosa libertad y sin tender velos en detalles tales como la avasalladora pasión juvenil que vivió Leonora con el también pintor Max Ernst, o su paso por el manicomio en Salamanca que la propia Leonora narra con tintes de cuento de hadas en su libro Memorias de Abajo…o su accidentado matrimonio con el escritor y periodista Renato Leduc, quien la trajo a México para sacarla de una Europa inmersa en la Segunda Guerra. Por supuesto, Elena expone detalles que no aparecen en la narración de Leonora, y que la propia pintora debe haberle revelado (recordemos que Elena es experta en sacar toda la sopa). Nadie mejor que Elena Poniatowska para novelar la increíble historia de una mujer por completo ajena a este mundo; una mujer que hablaba la lengua de los caballos y se considera a sí misma una yegua desbocada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mayor reto que presentaba esta narración –y considero que Elena lo libra con bastante decoro- era recrear el mundo de los surrealistas, en que Leonora permaneció inmersa durante varios años y la afectaría por el resto de su vida. No bastaba con que Leonora se lo contara: salta a la vista que Elena se sumergió en una investigación exhaustiva que le permitió “traducir”, por decirlo de algún modo, las complejas personalidades de Max Ernst, André Breton, Paul Eluard…los mecenas Edward James y Peggy Guggenheim, todavía más estrafalarios que sus protegidos, entre otros. Pero sin duda la más difícil de descifrar era la propia Leonora, la inglesa irreverente que se creó un mundo a su medida, sin excluir de él a sus dos hijos, Gabriel y Pablo, pero sí a su esposo, el bondadoso –pero convencional- Chiki: “(…) El arte confinado a la tradición es como un animal enjaulado. Encarcelar a una criatura es quitarle su grandeza. Hay poco espacio para la fantasía dentro de la jaula del arte tradicional. Las inhibiciones, tan firmemente establecidas, todavía mantienen su poder, no importa cuántos permisos se den los hombres a sí mismos.” (Seix Barral, Barcelona, 2011, p.86)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Finalmente, entre Elena y esta pintora en particular –porque Leonora no es una pintora como las demás, del mismo modo que Elena no es exclusivamente escritora, sino ante todo periodista- existe una semejanza grandiosa: del mismo modo que los personajes literarios terminan por volverse autónomos e ignorar la autoridad de su creador, los asombrosos personajes pictóricos de Leonora Carrington, “se suben solos a la tela” (p. 358)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Leonora, que también podría aconsejarle a la agobiada Elena que no solo sabe decir sí, lo mismo que a Remedios Varo, su mejor amiga: “Libérate de la expresión estereotipada, libérate de las creencias de todos, libérate de los lugares comunes, libérate de las visitas, libérate de aquellos que se consideran visionarios, me lo dicen los dos hemisferios de mi cerebro.” (p. 405).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Chécate la Trenza dedicada a &lt;/span&gt;&lt;a href="http://trenzamocha.blogspot.com/2009/06/segundo-rapto-de-europa.html"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Leonora Carrington&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/BU4RtHouJns" title="YouTube video player" width="560"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-2478203205645804963?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/2478203205645804963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=2478203205645804963' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/2478203205645804963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/2478203205645804963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/04/la-princesa-roja.html' title='La princesa roja'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-GJUlPdoogKA/Tbed6MwNQrI/AAAAAAAAMkA/dMX4KQ8TA_s/s72-c/Poni8.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-2355421556216930421</id><published>2011-04-09T18:09:00.000-07:00</published><updated>2011-04-09T18:18:20.085-07:00</updated><title type='text'>Sor Benedicta</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ZcD9QqdWsKA/TaC1H4ar21I/AAAAAAAAMjk/2kedAJD-Egk/s1600/EDITH18.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" r6="true" src="http://1.bp.blogspot.com/-ZcD9QqdWsKA/TaC1H4ar21I/AAAAAAAAMjk/2kedAJD-Egk/s400/EDITH18.jpg" width="282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;(…) ni siquiera a un santo se le exige que renuncie a todas mis aspiraciones, a todas sus esperanzas y a todas las alegrías de la vida.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;E.S&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 11 de octubre de 1998 fue elevada a los altares, con el nombre de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, la filósofa judeoalemana Edith Stein. El principal promotor de esta complicada canonización –más adelante entenderemos en qué radica su complejidad- fue nada menos que el Papa Juan Pablo II, que ya en su época de arzobispo de Cracovia se declaraba seguidor de esta extraordinaria mujer, hecho paradójico tratándose de un patriarca particularmente reñido con los preceptos feministas y reacio a siquiera debatir sobre el derecho de la mujer a ejercer una vocación sacerdotal. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras analizar algunas versiones de su biografía, mi desconcierto aumenta al toparme con una mujer que, sin lugar a duda, se habría unido al clamor de las feministas de la década de los setenta –aunque se identificaría más con el feminismo humanista que precedió a la tormenta- Fue, de hecho, una de las principales precursoras de dicho movimiento en la Alemania de principios del siglo XX y, ¡atención!, nunca se mostró arrepentida por ello.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otro aspecto apasionante de su biografía es cómo su estudio de la filosofía la extrae del seno de una familia judía ortodoxa para instalarla irremediablemente en la fe católica y, finalmente, vestir el hábito Carmelita que la convertiría en Sor Benedicta. Esto no resulta del todo insólito si, al retroceder un poco, nos encontramos con una joven Edith a quien el fenomenólogo &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edmund_Husserl"&gt;Edmund Husserl&lt;/a&gt; consideraba su más brillante discípula. Este solía hacer bromas respecto a lo mucho que la Iglesia le debía la canonización por encaminar tantas almas rumbo a sus filas, aunque otras versiones señalan que no fue Husserl, sino el también filósofo fenomenólogo del personalismo, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Max_Scheler"&gt;Max Scheler&lt;/a&gt;, abiertamente difusor del catolicismo, quien iluminó la mente y el corazón de la jovencita Edith durante las conferencias que ofecier en Göttingen por invitación del propio Husserl. Es Scheler quien la inspira a elaborar su tesis doctoral sobre la empatía, la capacidad de conectar unos desde los otros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-3CXW_V5zfMQ/TaC1cks8J4I/AAAAAAAAMjo/SF01vpLMkzM/s1600/EdithSteinLife2.png" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" r6="true" src="http://3.bp.blogspot.com/-3CXW_V5zfMQ/TaC1cks8J4I/AAAAAAAAMjo/SF01vpLMkzM/s1600/EdithSteinLife2.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Edith nace en Breslau, próspera ciudad industrial que hace frontera con la Danzig de Günter Grass, el 12 de octubre de 1891, justo el día de la Expiación (Yom Kippur), el más santo del calendario litúrgico de Israel. Ya de entrada, esto impide a Edith celebrar uno solo de sus cumpleaños pues se trata de un día consagrado al ayuno y la oración. La madre ve en esto una señal divina: la cuarta de sus cinco hijas está predestinada a grandes cosas. Augusta Stein ha enviudado al poco de nacer Edith, embarazada de Erna (la hermana pequeña y más amada por Edith) y de inmediato asume las riendas del negocio de maderas de su esposo sin permitirse el lujo de detenerse a llorar. No obstante que las universidades no admitirían mujeres sino hasta 1908, Augusta sueña para sus hijas un porvenir más luminoso que el matrimonio, por lo que se las ingenia para enviarlas a la escuela. La inteligencia de Edith dará de qué hablar desde la más tierna infancia, aunque como señala Joachim Bouflet, autor de la biografía Filósofa crucificada (Editorial Sal terrae, España, 2001, traducción de María del Carmen Moreno y Ramón Alfonso Díez Aragón) (…) a esta intelectual le resultan duras las tareas del hogar: barrer la casa, fregar los platos o quitar el polvo a un mueble, le parecen trabajos forzados que, no obstante, realiza con la misma aplicación que antes ponía en hacer sus deberes”. Esto no impedirá que Edith, ya convertida en tornera del convento, se entregue alegremente a los quehaceres domésticos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cuanto a su caótico espíritu, pasa Edith del escepticismo al ateísmo porque en su religión nativa no encuentra lo que desesperadamente persigue…ella misma no sabe qué. Esto no significa que haya permanecido indiferente pues desde niña vive agobiada por dudas teológicas y escatológicas que a su vez la conducen a buscar respuestas en la filosofía que, obviamente, no hará sino generar más dudas. Invertirá múltiples lecturas en discernir su camino, pero un libro en particular se lo allana: Vida de Santa Teresa de Jesús, sobre la que escribirá las más admirables líneas que se conozcan a propósito del pensamiento de esta santa. Al cerrar el citado libro –la cita Renata Posselt en el libro Edith Stein. Una gran mujer de nuestro tiempo (MonteCarmelo, Burgos, 1998)-dije para mí: “Ésta es la verdad”. En el libro de Bouflet se hace hincapié en las dificultades que acarrea su conversión, respecto al núcleo familiar. Su madre se ve gravemente afectada por la decisión de su hija, pero, mujer inteligente al fin, Augusta Stein termina respetándola. Erna, su hermana menor, empieza a practicar el catolicismo de manera soterrada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“….lo sobrenatural (…) cualquier impulso que mueva al hombre a entrar en sí mismo y lo encamine hacia Dios, debe ser visto como efecto de la gracia, aun cuando proceda de hechos y motivos naturales. Pero lo que hasta este punto el alma conoce de Dios, y de las propias relaciones con él, procede de la fe, y la fe viene del oído (…)” (“El Castillo del alma”, Escritos espirituales, Edith Stein, Biblioteca de Autores cristianos, Clásicos de la Espiritualidad, edición preparada por Francisco Javier Sancho Fermín, Madrid, 2010).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-1_-e_RJogJw/TaC1v3_fe2I/AAAAAAAAMjs/NhODIxwYJWY/s1600/WS_1913-14_2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-1_-e_RJogJw/TaC1v3_fe2I/AAAAAAAAMjs/NhODIxwYJWY/s320/WS_1913-14_2.jpg" width="249" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1911, Edith se convierte en una de las primeras mujeres admitidas en la Universidad de Breslau y dos años después, impulsada por la deslumbrada lectura del segundo volumen de Investigaciones lógicas, de Husserl, llega a la muy prestigiada Universidad de Göttingen donde enseña el citado filósofo (por ahí han pasado también Lou Andreas Salome, Martin Heidegger y Hannah Arendt) No le resulta fácil llegar a su admirado Husserl que cuenta entonces 54 años y vive sumido en reflexiones, pero finalmente lo logra…y de qué manera. Al huraño maestro le sorprende constatar que esta pequeña joven de enormes ojos negros ha leído de principio a fin y sin resuello la más intrincada de sus obras: “Es usted una heroína”, le dice, sinceramente pasmado, no obstante su proverbial soberbia. La amistad entre el filósofo y su alumna será entrañable, indisoluble, al grado de atrevernos a afirmar que Husserl fue el mejor amigo de Edith y Edith la única amiga verdadera de Husserl, lo cual no impide que ella tenga que lidiar con los prejuicios de todo tipo del profesor, que le cuesta postergar por años la lectura de la tesis con la que finalmente ella obtendrá su doctorado en fenomenología. Ella se encarga, además, de poner en orden los manuscritos de su profesor y asistirlo en sus clases. Con ello no intento insinuar que haya sido una ratita de biblioteca: En términos generales, Edith era una chica como cualquier otra, más aun, se caracterizaba por sobresalir en deportes como el tenis y el canotaje, es muy afecta a las excursiones, al teatro, a la música (Bach es el único dios que conoce entonces), al baile, y no le pone reparos a beber cerveza en compañía de amigos. También llega a enamorarse del también filósofo Hans Lipps, aunque sus biógrafos han optado por omitir este detalle. Siendo autor católico, Bouflet, a quien considero fiable –aunque se calcula n unas 150 biografías publicadas de la hoy santa- lanza un acre reclamo contra este deliberado ocultamiento: “(…) ¿cómo reaccionan ante la lectura de los coqueteos de juventud de Teresa de Jesús, que ella misma confiesa en su autobiografía?”, quizá en ello radique la verdadera causa: Edith jamás desvela otro amor que no sea el que siente por Cristo, no obstante sus apuntes acerca del concepto del amor: “(…) Solo “haciéndose uno” es posible un conocimiento propiamente dicho de las personas”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Edith no logra ser admitida como catedrática en Göttingen: se admite a mujeres como estudiantes, pero pasarán muchos años antes de que puedan postularse como académicas. Es contratada como profesora en un bachillerato para señoritas manejada por monjas y por un salario bajísimo. Le ofrecen, sin embargo, algo que Edith aprecia todavía más que un salario digno: una habitación tranquila y espaciosa donde escribir a sus anchas. Es ahí donde emprende la traducción de De veritae, tratado de Santo Tomás de Aquino. No solo logra la más perfecta traducción al alemán de que se tengan noticias, sino que se compenetra con la obra a tal grado que realiza un estudio comparativo entre el tomismo y la fenomenología de Husserl. A este seguirá Ser finito y ser eterno, publicado en México por el Fondo de Cultura Económica en 1994 y donde con mayor claridad se aprecia el proceso mediante al cual Edith se compenetra con el catolicismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-k_dfAfTV_uc/TaC2M0UiSCI/AAAAAAAAMjw/G9Vyz1lxWaU/s1600/untitled.bmp" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-k_dfAfTV_uc/TaC2M0UiSCI/AAAAAAAAMjw/G9Vyz1lxWaU/s320/untitled.bmp" width="263" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se declara abiertamente feminista, milita en el Partido Demócrata, defiende la causa de la República de Weimar después de la guerra y, como señala, Bouflet, está consciente de que el mundo de la mujer, en ese momento y más que nunca, debe ir más allá del tradicional KKK (&lt;em&gt;Kíder, Kirche, Küche&lt;/em&gt;, niños, iglesia y cocina). A nadie sorprenda por tanto que haya sido una feroz opositora del naciente Nacionalsocialismo. Incluso es de las primeras en alertar a la sociedad judía respecto a lo que se avecina, tras una lectura de Mein Kampf, de Hitler. Edith ha obtenido para entonces un discreto cargo, para nada a la altura de su genio, en la Universidad de Münster, donde los estudiantes se han visto exaltados por la propaganda nazi. Escribe una cara al Papa Pío XI que, dicen, influyó en el proyecto de la encíclica Humani Generis Unitas, donde se llama a la humanidad a unirse contra el antisemitismo. Por desgracia, la muerte sorprendió al entonces Papa antes de darse a conocer dicha encíclica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Edith es despedida de Münster y es entonces cuando, decepcionada, se retira al Carmelo. Aunque tiene en contra su origen judío y una edad avanzada para el noviciado (42 años) recibirá el hábito durante la Fiesta del Buen Pastor, el domingo 15 de abril de 1934, al cabo de dos años de su llegada. En el claustro redacta Edith sus mejores ensayos, así como la parte autobiográfica de Ser finito y ser infinito y se centra en la figura de San Juan de la Cruz, coetáneo y amigo de su admirada Santa Teresa. En 1941 la Gestapo allana por sorpresa el convento y Edith es arrestada sin miramientos. Se dice que la ya para entonces Sor Benedicta esperaba que esto ocurriera de un momento a otro, habiendo expresado su intención de no oponer resistencia si se trataba de compartir el destino de su familia y, particularmente, el destino de Cristo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“ (…) Todo hombre tiene que sufrir y morir. Pero si él es miembro vivo del cuerpo místico de Cristo, entonces su sufrimiento y su muerte reciben una fuerza redentora en virtud de la divinidad de la Cabeza. Ésa es la razón objetiva por la cual todos los santos deseaban el sufrimiento. No se trata, pues, de una tendencia perversa por el sufrimiento. A los ojos de la razón natural aparece esto como una perversión, pero a la luz del misterio de la redención es lo más razonable. Y de este modo los que están unidos a Cristo permanecen incluso inquebrantables en la experiencia subjetiva de la noche oscura de la lejanía y el abandono de Dios; qizás permite la divina Economía de la Salvación el sufrimiento para liberar a quienes están atados (…)” ( “El misterio de la Navidad”, Escritos espirituales, p. 33)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-qunRuqkqEBc/TaC2c1TAn7I/AAAAAAAAMj0/YSkMrVZRKFo/s1600/Edith%252520Stein%2525201942%252520Echt.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-qunRuqkqEBc/TaC2c1TAn7I/AAAAAAAAMj0/YSkMrVZRKFo/s320/Edith%252520Stein%2525201942%252520Echt.jpg" width="228" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se sabe además que los nazis fueron especialmente crueles con los judíos conversos al catolicismo, a quienes colocaban en una barraca especial. Según testimonio de un comerciante judío de Colonia, sobreviviente de aquellos horrores, “Muchas madres parecían sumidas en una especie de postración vecina a la locura. Se limitaban a gemir, como locas, abandonando a sus hijos. Sor Benedicta se ocupó de los niños pequeños, los lavaba, los peinaba y les procuraba los alimentos y los cuidados más indispensables.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 9 de agosto de 1942, sor Benedicta, Edith Stein, uno de los más privilegiados intelectos del siglo XX, es llevada junto con su hermana mayor Rosa a la cámara de gases, en Aushwitz-Birkenau.&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Fragmentos de la película La séptima morada, inspirada en la vida de Edith Stein, con subtítulos en español&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/2Kji7rXscXU" title="YouTube video player" width="480"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;iframe allowfullscreen="" frameborder="0" height="390" src="http://www.youtube.com/embed/gL0g0xmtSRI" title="YouTube video player" width="480"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-2355421556216930421?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/2355421556216930421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=2355421556216930421' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/2355421556216930421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/2355421556216930421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/04/sor-benedicta.html' title='Sor Benedicta'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ZcD9QqdWsKA/TaC1H4ar21I/AAAAAAAAMjk/2kedAJD-Egk/s72-c/EDITH18.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-6592005780218111015</id><published>2011-03-19T20:41:00.000-07:00</published><updated>2011-03-19T20:41:17.251-07:00</updated><title type='text'>La joven que inventó a Dios</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-JD81dLXZMkA/TYQtS32BoLI/AAAAAAAAMi8/ZVAaFIxR_14/s1600/MAMendivil2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" r6="true" src="https://lh5.googleusercontent.com/-JD81dLXZMkA/TYQtS32BoLI/AAAAAAAAMi8/ZVAaFIxR_14/s640/MAMendivil2.jpg" width="456" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La verdadera experiencia espiritual surge de un cuestionamiento constante, casi atormentador. Llegar a Dios, en términos laicos, significaría no el hallar respuestas satisfactorias a nuestras dudas, muchas veces egoístas, sino el reciclaje permanente de estas mismas dudas hasta hacerlas trascender junto con nosotros. La importancia no está, pues, en la respuesta, que probablemente no la hay (quizá el espíritu esté constituido solo de interrogantes que fungen como respuestas de sí mismas) y la obra de María Antonieta Mendívil ejemplifica maravillosamente este proceso de búsqueda interior o superior.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacida en pleno desierto de Sonora, en Cajeme, el 1 de enero de 1971, Marian, como la llaman sus amigos, ha recorrido un camino que al verla viva imagen de la serenidad y la pureza con grandes ojos de niña curiosa y rizos color caramelo, nadie supondría tan empedrado, largo y doloroso. Leyéndola, sin embargo, es posible penetrar en su dolor que se manifiesta no como lamento sino como aprendizaje asumido que dota de singular riqueza su lenguaje y su pensamiento: “He tenido mis recesos en los que escribo por dentro-reconoce-. No tengo grandes ambiciones impuestas (innovar, dejar huella, trascender). Así que no me aterra escribir hasta el grado que me paralice o me haga desertar. Sólo quiero ser cada vez mejor. Eso me mantiene activa y sin grandes miedos.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como ocurre con las protagonistas de sus dos novelas, Otros tiempos y Duelo de noche, incluida la vocación de piloto de los protagonista de la tercera, A ras de vuelo, Marian descubrió muy temprano su vocación, en la adolescencia, pero dicho descubrimiento no resultó en fuente de placer sino de miedo… miedo que es, en cierto modo, protagonista de su novelística cuyos personajes viven temerosos de no emplear con suficiente justicia su principal arma, quizá la única con la que cuentan para defenderse: el lenguaje, en el caso de la dos primeras. El ímpetu de volar, en el caso de Gabriel, Pedro y Daniel en A ras de vuelo (Tusquets, México, 2011), que es congénito en ellos, como cualquier otra necesidad humana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-8hDZRK9ajnc/TYQuuOc8v7I/AAAAAAAAMjI/K3UtAPeC1Tg/s1600/otrostiempos18.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="https://lh5.googleusercontent.com/-8hDZRK9ajnc/TYQuuOc8v7I/AAAAAAAAMjI/K3UtAPeC1Tg/s320/otrostiempos18.jpg" width="236" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para empezar, los intereses temáticos y estéticos de Marian se apartan, en apariencia, de lo que se supone es la literatura de la frontera norte, “Soy la suma de mi paisaje, de mi experiencia en esta tierra, de las lecturas que he elegido (no precisamente ligadas a mi región), del talante del norte y de mi conciencia como persona.” Sólo en apariencia, insisto, porque la visión de esta sonorense abarca la vasta extensión del paisaje originario que es también abismo poético. Su desierto, no obstante, adquiere dimensiones místicas y metafísicas que no se advierte en otro autor de su, llamémosle, genealogía (Cornejo, Gardea, Arredondo, Parra). Su primera novela, Otros tiempos (Equilibrio Editores, Sonora, 1999) es representativa de este desierto que es más bien metáfora de un temperamento y de un lenguaje. Se trata, a un tiempo, de una novela de ficción especulativa y de un homenaje a la lengua, situado en un apocalíptico Desierto de Sonora donde se refugian los contrarios a un régimen universal que ha proscrito la poesía, generando un tabú. Se plantea la lucha por la sobrevivencia de una comunidad de poetas convertidos en parias que se proponen continuar transmitiendo su legado, de memoria a memoria, de generación en generación, cueste lo que cueste: “Los poeta que hasta esa hora creíamos en la poesía revelada, sabíamos, además, del gran peligro que era el símbolo escrito para la tiranía. La palabra así viaja con vestido de manjar, y se le abren fácilmente las puertas del apetito; dentro, desenvaina, y abre con su filo el telón de la conciencia. Una vez abierta esta ya no puede ser la misma.” (p. 20).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las siguientes palabras redondean todavía mejor el leit motiv de la escritura de Marian, empeñada en prescindir de todo lo que no la trascienda: “(…) Muchas era las palabras que ya no nos atrevíamos a pronunciar. Habían sido tan profanadas que el máximo tributo era silenciarlas, sellarlas, transmutarlas (…)” (p. 47). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-zp_yIul5uk8/TYQt8wwAMbI/AAAAAAAAMjA/kYZtmkaI-p8/s1600/duelo+de+noche.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="https://lh4.googleusercontent.com/-zp_yIul5uk8/TYQt8wwAMbI/AAAAAAAAMjA/kYZtmkaI-p8/s320/duelo+de+noche.jpg" width="203" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El silencio, lo mismo que el miedo, o el silencio como consecuencia del miedo, son base de la narrativa y de la poesía de Marian, quien publicó su primer libro, un poemario, Cuenta regresiva (ISC, 1991), a los veinte años. Silencio que, como en el desierto, se manifiesta a través de ecos y de luces. Silencio no absoluto sino lejanísimo canto cuyo origen pudiera ser ilusorio, fruto de la necesidad de concluir la búsqueda, de saciar la sed del alma cansada. Su segunda muy lograda novela, Duelo de noche (Almuzara, Sevilla, 2006) es la gran metáfora del silencio nacido del miedo a enfrentarnos con la verdad sobre lo que amamos; el silencio doloroso e inútil entre una madre y una hija que han callado todo el tiempo y probablemente perpetúen la incomunicación hasta el final. El poema “Llanto de zagal”, incluido en la antología de jóvenes poetas sonorenses, Alas de alacrán, compilado por Paloma Hernández Gómez (Instituto Sonorense de Cultura, CONACULTA, PAMYC, 2006) anticipa el tema central de Duelo de noche: “Cayó lo negro como una piedra/ de agua/ Cayó la nada/ Aquí tendida tu pequeña bestia y su/ hermosura/ Aquí la muerte muerte/ mezquina buscando alma/ donde sólo el resuello anima/ Nada la nada/ Negro lo negro/ Muerte la muerte/ Y en mi garganta un largo gemido/ cayendo sobre la tinta de Pablo.” (Llama, inédito, 1993-1994).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Concepción es la madre que agoniza y Sara la hija que no se aparta del que será su lecho de muerte. Ninguna dice nada. La narración de Duelo de noche se construye a partir de monólogos internos de ambas personajes pues, al parecer, el diálogo se vuelve ahora más difícil que nunca. La brecha generacional se torna tan insalvable como la resignación de la madre ante el dolor y la humillación que ha permitido de su propia madre hasta de su esposo infiel y el debatirse de la hija ante lo que pareciera ser un destino del que planea escapar, aunque ello represente romper definitivamente el vínculo con la madre. No es que la hija reproche a la madre. Más bien la hija busca refrendarse en tanto individuo, en tanto ser autónomo de la mujer a la que debería parecerse: “Mi casa tenía amor, unidad, lo único que no tenía era una razón para abandonarla. Y yo siempre la quise abandonar (…) La misma llave que me encerraba en mi interior frío y distante era la llave que me liberaba: mi mente. Una mente que no estaba encerrada en mi cuerpo mortal, sino que traspasaba mi conciencia y paseaba en libros, historias, mundos, visiones, paisajes, miradas, sueños (…) Mi mente era profunda y extendida, un mar agitado e impenetrable (…) No. Yo no era buena.” (p. 54). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La sed de libros y de conocimiento en Sara parece inédita en su familia. No es nada que estorbe, pero tampoco nada que importe. Por algún motivo, mientras su hermano Rafael se conforma con ser el varón protector de sus hermanas, y Marijose, la chiquita, se limita al asombro, Sara parece haber nacido con alas que insisten en remontarla tan lejos como sea posible de un hogar donde aparentemente no falta nada. Pero sí falta y solo Sara, que tiene alas, lo intuye… aunque no lo resuelve sino hasta enfrentar la proximidad de la muerte de su madre: libertad es lo que falta; libertad sin la cual se ahoga… libertad de pensar, de decidir, de negar, de decir, de ser. Sara no quiere esperar a morir como su madre para volar (la metáfora del instinto de volar que se tornará físico en su siguiente novela). Es a partir de esta noción de ser que Sara reflexiona sobre las circunstancias que orillaron a su madre a no ser ella misma, y a ella, a Sara, a cargar un sentimiento de culpa que no le pertenecía: “A partir de ese día, la vida me fue desnudando y abandonando en la misma esquina donde abandonó a mi madre (…) No podía leer. Cuando abría uno de los libros de Nietzsche y leía “Dios ha muerto”, lo cerraba espantada. Me aterrorizaba pensar que fuera verdad que Dios estuviera muerto por siempre (…)” (p. 62).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/-V2nptnMxVHE/TYQubOdNKeI/AAAAAAAAMjE/mmIFmgSJsRU/s1600/MARIAN2.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="277" r6="true" src="https://lh6.googleusercontent.com/-V2nptnMxVHE/TYQubOdNKeI/AAAAAAAAMjE/mmIFmgSJsRU/s320/MARIAN2.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sencillamente Sara, alter ego de Marian, se rehúsa a creer que ser mujer signifique lo que su madre cree: “(…) Estar embarazada y cargar baldes de agua, estar embarazada y seguir haciendo tortillas de harina y seguir cortando leña, y seguir usando la pala para seguir sembrando.” (p. 104). La rebelión de la hija, sin embargo, es interiorizada y, por lo mismo, doblemente dolorosa. Se embarca en una búsqueda de Dios para encararlo y cuestionarlo por lo que se supone debe ser su destino. Pero su increpación no es furiosa, tampoco dulce: es firme, resuelta, lógica. Sara sufre con el alma, pero también con el cerebro: es tremendamente racional. Porque aunque duda que Dios esté del otro lado, sabe que tarde o temprano confirmará su sospecha de que todo ser humano, hombre o mujer, nace puro y listo para desplegar las alas; que es ley de hombres la que mutila su vuelo y exige sumisión a cualquiera de los dos ingratos papeles reservados para uno y otro sexo: “Muchas veces pienso que yo he inventado a Dios, que este Dios es mi otro yo, que este Dios es la sombrilla que me cubre de las tormentas y atrasa mi caída (…) Pienso que Dios es la mejor escapatoria para un ser extremadamente egoísta como quizá yo sea (…) De lo único que creo estar segura es que Dios existe, de lo contrario no sentiría su ausencia.” (p.p 146 y 47). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-q-WeBUyWw9A/TYQwksTJbNI/AAAAAAAAMjU/Zup-P6RNTDU/s1600/rabito+tctc+04.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" r6="true" src="https://lh4.googleusercontent.com/-q-WeBUyWw9A/TYQwksTJbNI/AAAAAAAAMjU/Zup-P6RNTDU/s320/rabito+tctc+04.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenemos pues que Duelo de noche es una novela que combina con fortuna el misticismo y el feminismo, y la propia Marian asume su tendencia feminista, “Soy feminista lo soy, en el sentido de busco y defiendo la equidad dentro en el espacio público y privado. No lo soy en cuanto a que no es una postura que defienda activamente con especial y exclusivo interés.” Sara llega a cuestionarse por qué las mujeres no pueden ordenarse sacerdotes, inquietud heredada de su autora: “Creo lo que saben todos los teólogos y que incluso fue la conclusión de Juan Pablo II al revisar este punto de la doctrina católica, a petición de un grupo de teólogas en Canadá: no existe nada en las Escrituras ni teológicamente que limite el papel de la mujer dentro de la Iglesia o que impida el sacerdocio femenino-señala Marian-. Hay muchos puntos a renovar en la iglesia católica; pero no sólo las mujeres son subestimadas, también los laicos, a veces son vistos como actores de segunda dentro de la institución católica. Me parece que antes de que se permita el sacerdocio femenino, se abrirá la puerta al matrimonio de sacerdotes, viendo el celibato como una opción libre.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como Sara, Marian ha buscando incasablemente un alivio a su inquietud espiritual, equiparable a la intelectual, que ha fructificado en lecturas y en escritura que las confrontan, quizá por ello estudió Teología en Salamanca… pero la búsqueda de Dios, como la escritura misma, que es en sí una religión, son fuente lo mismo de dolor que de placer infinitos. Podemos ver en Sara a la propia Marian con la nariz embutida en los libros ante la indiferencia de una familia sumergida en mundos dispersos….como también es posible verla en la niña que la propia Marian me describe como la testigo de los acontecimientos en que tiene su origen A ras del vuelo, historia que transcurre entre las décadas de los sesenta y setenta, aunque al tratarse de un mundo tan masculino, la otra cara de la moneda de Duelo de noche, recurre a un narrador omnisciente, aunque con atinados giros en primera persona: “El sonido de mi niñez es de aviones fumigadores –me comenta Marian- Andaban a todo lo que daban durante todo el día, sobrevolando el campo. Y luego el aroma a guayaba fermentada…yo lo asociaba con el aroma a campo, pero luego supe que en realidad era el olor a veneno. En Cajeme se siembra mucho, de manera masiva, sobre todo trigo y algodón en algún tiempo, y al momento de hacerse industrial la avicultura, los aviones fumigadores se volvieron necesarios. Esos recuerdos forman parte de mi infancia y me han perseguido siempre. De niña no salía con amigos de la escuela, me iba al campo con mi papá y aquel era el mundo que yo respiraba.”&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh3.googleusercontent.com/-Xx97y4SZb9o/TYQvE2BbZwI/AAAAAAAAMjM/kODZb1npJSc/s1600/Scan10012.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" r6="true" src="https://lh3.googleusercontent.com/-Xx97y4SZb9o/TYQvE2BbZwI/AAAAAAAAMjM/kODZb1npJSc/s400/Scan10012.jpg" width="258" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A ras del vuelo es una pequeña saga sobre una familia que ejerce un oficio raramente o, me atrevo a afirmar, nunca abordado en la literatura mexicana: los pilotos fumigadores. No existe un protagonista definido, aunque de entrada, quien aplasta –o pretende aplastar- con su presencia a todos los demás, es el tío Gabriel, el líder….aquel que tiene el poder de decidir cual de sus sobrinos, apodados “los pelones”, lo reemplazará en ese liderazgo que en el fondo desprecia, tanto como a sí mismo. Hay que destacar que se trata de un personaje admirablemente abordado desde el punto de vista psicológico, lo mismo que los demás. Marian cala profundo en la psique de cada uno, al grado de recrear y alternar admirablemente dos experiencias: la íntima y la social. Porque Gabriel, despiadado y burlón con sus parientes que le rinden pleitesía, se sabe indigno de tales reverencias –ha renunciado a su sueño de ser acróbata para perpetuar una tradición familiar- pues está consciente de sus puntos vulnerables, siendo Agnes, su jovencísima esposa estadounidense, el más sensible de ellos…del mismo modo que alguno de sus sobrinos, el Tarta en particular –apodado así por su patética tartamudez- entiende que el tío Gabriel es más merecedor de desprecio que de admiración, y Marian recrea admirablemente esa voz confrontadora y rebelde que se manifiesta al interior del Tarta. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenemos, por otro lado, a Pedro, el más humilde y al mismo tiempo el más digno de la familia; hombre silencioso que se muerde el rabioso deseo de volar –es, junto con el tío Gabriel, en quien más se observa esta obsesión- y que, de alguna manera, se hace respetar por aquel dios que hace de sus sobrinos blanco de todas sus frustraciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero Gabriel y Pedro no son los únicos que parecen haber nacido con un par de alas plegables. Agnes comparte esa obsesión con su esposo. En la adolescencia ya despertaba admiración con su talento para la acrobacia aérea. Pero no era lo mismo ser una chica audaz en su país de origen que en aquel recóndito poblado sonorense. Por alguna razón, que puede ser amor –aunque el lector no puede evitar dudarlo- Agnes abandona aquel mundo, y con ello la acrobacia aérea, cuando conoce a Gabriel, un hombre mucho mayor que ella y se traslada junto con él a Cajeme. Por supuesto no es vista con buenos ojos, por más que la gente se haya habituado a su llamativa presencia: ha llegado del brazo del tío Gabriel a los quince años, embarazada. No se trata, de ninguna manera, de una mujer sumisa como Carmen, la esposa de Pedro –aunque Pedro dista de ser un esposo machista-; sus conocimientos rebasan, incluso, los de los varones que la rodean, y no tiene empacho en hacer sentir un carácter firme que hace temblar al propio Gabriel. Se trata, además, de una chica joven y despreocupada que se convierte en la obsesión de Daniel, el pequeño hijo de Pedro, cuyos sentimientos por Agnes crecerán junto con el propio Daniel, “Es como si Agnes fuera un par de alas en su espalda. Bien sabe que la máquina está suspendida en el aire gracias a ella.” (p. 62).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A ras de vuelo es una novela admirable en muchos sentidos: la originalidad del tema y de la estructura en primer lugar…pero también está la descripción que realiza de la experiencia de volar y que varía ostensiblemente de un personaje a otro. Volar nunca será lo mismo en cada descripción. Cada personaje lo percibe de manera completamente distinta. María Antonieta me comenta que para lograr este efecto ella misma tuvo que volar muchas veces, con diversos pilotos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Se desliza por la pista y siente cada leve borde, cada palabra , cada ondulación. Su cuerpo todo tiembla. Tira suavemente del bastón y el avión e eleva en un vértigo. Deja de cargar la máquina y va a merced de ella. Ahora es un ser pequeño e insignificante. El bastón, el timón, el pedal, los controles de gasolina, altura y velocidad son tan pocos instrumentos para enfrentarse al universo, a eso creado en la nada, en el cielo, en el aire. Ese mundo desconocido lleno de acometidas de vientos o de sopor, de humedad, de leyes que desconoce (…) En su mente no existe otra cosa que no sea estrenar el cielo de ese día, verlo abrirse como una enorme fruta que cambia de color pardo a rosa y naranja conforme se adentra en ella (…)” (p. 70)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/-4Po-nIO8EIs/TYQvazIK8MI/AAAAAAAAMjQ/dSYJNhhYtOo/s1600/mariana+y+mom+trip.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" r6="true" src="https://lh6.googleusercontent.com/-4Po-nIO8EIs/TYQvazIK8MI/AAAAAAAAMjQ/dSYJNhhYtOo/s320/mariana+y+mom+trip.jpg" width="175" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Marian, como muchos escritores, tuvo que atravesar el umbral del infierno, aunque en su caso, insisto, se trate de una circunstancia interna y no externa. Sufrir la muerte de su propia madre y una ruptura matrimonial que nunca hubiera esperado la hizo tocar ese fondo donde finalmente hallaría su voz, su camino…su Dios-personaje y su Dios-desierto. A la verdadera María Antonieta Mendívil. Actualmente alterna la escritura con la crianza de su hermosísima hija Mariana y la dirección de una agencia de publicidad en Hermosillo, Sonora, y ya trabaja en una cuarta novela.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Éntrale al blog de María Antonieta Mendívil, &lt;em&gt;&lt;a href="http://palalbedrio.blogspot.com/"&gt;Nido de palabras&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-6592005780218111015?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/6592005780218111015/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=6592005780218111015' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/6592005780218111015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/6592005780218111015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/03/la-joven-que-invento-dios.html' title='La joven que inventó a Dios'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='https://lh5.googleusercontent.com/-JD81dLXZMkA/TYQtS32BoLI/AAAAAAAAMi8/ZVAaFIxR_14/s72-c/MAMendivil2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-7153808831829620389</id><published>2011-03-12T22:10:00.000-08:00</published><updated>2011-03-12T22:18:13.186-08:00</updated><title type='text'>Almuerzo socialista</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/-v-qPwQ98aAM/TXm2ERqHTBI/AAAAAAAAMiA/1MfhKGZYH-I/s1600/Teresa+y+su+gato.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" q6="true" src="https://lh6.googleusercontent.com/-v-qPwQ98aAM/TXm2ERqHTBI/AAAAAAAAMiA/1MfhKGZYH-I/s640/Teresa+y+su+gato.jpg" width="540" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;De haber sido niña, Reynaldo Arenas se hubiera llamado Reyna. O Reynita de la Caridad. Sería rubita, menuda, con cara de ingenua y una lengua de miedo. Malhablada, pues, rubia con la lengua negra. Habría sido, Reynaldo, ni duda cabe, una escritora genial. Incomprendida, eso sí. Quizá sus historias serían ligeramente distintas, más apegadas a lo cotidiano y a lo doméstico. La vida de las mujeres en Cuba, aunque dura, no lo es tanto como la de los homosexuales que, por el hecho de serlo, incurren en un delito. Su capacidad para la ironía sería la misma de todo ser que encubre un dolor ancestral y su “cachondeo” estaría salpicado de detalles infantiles como “el ardor en el pipí”. El manejo del lenguaje de la hipotética Reyna sería casi el mismo. Reyna de la Caridad hubiera sido como Maricari… o como Teresa de la Caridad… Terecari… Caritere… Carirreyna…Teresa Dovalpage, vaya nombrazo, en realidad una composición del real apellido de la escritora,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Doval, con el de su primer esposo norteamericano, ya finado, Page. Cada autor forma parte de una genealogía y en ese sentido, Teresa es descendiente directa de Arenas, su hija de pluma. Como este, combina una visión ferozmente contraria a la solemnidad, una renuncia a acatar la vida y el discurso que la representa tal como viene, así como una destreza impresionante para mimetizarse en el lenguaje… para volverse lenguaje y fusionar lo popular y lo culto en un discurso muy personal, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;“Ella sin dudas será &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;consultada a la hora de escribir la verdadera historia de la Cuba de hoy”, afirma Ena Columbié, editora de Ediciones Entreoíos, en el epílogo de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡Por culpa de Candela!, &lt;/i&gt;el más reciente libro de relatos de Teresa.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Nacida en La Habana, el 1 de octubre de 1966, Teresa no refleja en su sonrisa amplísima y la traviesa chispa de sus grandes ojos haber atravesado momentos tan penosos como los de sus heroínas. Narra, sin embargo, desde la personal vivencia de haber tenido que paliar la sed con agua endulzada con azúcar prieta y oscilar entre aferrarse a la posibilidad de un mejor futuro, o satisfacer la necesidad inmediata, cancelando aquella. Teresa fue afortunada pues consiguió salir de la isla. Fue, de hecho, la única de su familia que lo consiguió, “lo intentaron, sin éxito, durante el éxodo del Mariel- me cuenta-. Por mala fortuna (o buena, quien sabe) la lancha que mandaron las medio hermanas de mi abuela iba con bandera de la Republica Dominicana y no se les permitió entrar al puerto cubano. Aparte de esas parientas lejanas, a quienes no llegué a conocer, no tenía otros familiares en los Estados Unidos, de modo que no se me ocurría ninguna otra forma de salir, aunque estaba harta de pasar trabajos, de los camellos, del picadillo de soya y del período especial”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/-oo5tOAtvhJ8/TXm9YoKiDUI/AAAAAAAAMiE/hz1TW1IbaEk/s1600/Teresa+y+su+esposo.bmp" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" q6="true" src="https://lh6.googleusercontent.com/-oo5tOAtvhJ8/TXm9YoKiDUI/AAAAAAAAMiE/hz1TW1IbaEk/s320/Teresa+y+su+esposo.bmp" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;“En 1994 –continúa risueña Teresita- conocí a Hugh Page, un psicólogo americano que viajó a Cuba con los Pastores por la Paz. Dios lo tenga en la gloria. Nos casamos en el 95 y en el 96 ya estaba yo en San Diego.” Actualmente, la escritora cubana radica en Taos, Nuevo México, en cuya universidad ejerce la docencia y cursa un doctorado en Literatura Latinoamericana. Está casada con Gary James, mecánico de aviones, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;my blue collar&lt;/i&gt;, lo llama Teresa, “¡ah, pero lee muchísimo, y le encanta que lo mencionen…!” Teresa hizo su honroso debut en la literatura en 2004, aunque en inglés y bajo la firma de Teresa de la Caridad Doval, con &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;A girl like Che Guevara&lt;/i&gt; (Soho Press Inc., Soho, New York), que obtuvo muy buena respuesta por parte de los lectores anglos, aunque sin haber sido traducida todavía al español, “si algún editor se interesa en ella, ¡adelante!”, exclama ella. En la contratapa de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Posesas de la Habana&lt;/i&gt;, su primera novela escrita y publicada en español, Teresa reconoce haber sido como “Elsa”, una de las tres narradoras de la historia, profesora de Inglés en La Habana. Es posible que, como Elsa, Teresita haya sido objeto de apodos por parte de los demás alumnos, que la caricaturizaban en papelitos que se pasaban unos a otros, “papeles con mi triste caricatura”, aunque viéndola tan guapa, sonriente y tintineante de collares y pulseras, resulta difícil asociarla con la desesperanzada Elsa: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;“Aquí (en Cuba) se podría haber filmado otra película. La de Charlot acubanado, bien flaco, consumido, abriendo trescientas sesenta y cinco veces la puerta de un refrigerador vacío. Una puerta que se volviera a cerrar sola, dejándolo con la boca abierta y mordiéndose, de pura hambre, el bigotito negro. Charlot en horario de almuerzo socialista, sin nada que almorzar.” (Posesas de la Habana, Pureplay Press, Albuquerque, N.M, 2004, p. 62) La Habana… ¿qué mejor escenario para la picaresca contemporánea, neoliberal e imperialista? Donde la situación no es precisamente justa ni feliz, aunque por lo mismo sus moradores explotan al máximo su ingenio o el más nimio talento. Teresa nos sitúa en La Habana más por la lengua y la ideología que por referencias turísticas… aunque claro, no puede faltar la internacionalmente célebre Nevería Coppelia, inmortalizada por Senel Paz en Fresa y chocolate. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Posesas de La Habana&lt;/i&gt; se introduce, de manera llana y sin pedir permiso –como de hecho se mete uno en la casa del vecino, allá en La Habana- en la “intimidad” de una familia en la que predomina el sexo femenino. El único varón, Emy, hermano mayor de Elsa, es homosexual, pero no un homosexual simpático sino uno que con singular alegría abusa de la madre, la abuela y la hermana. Recurre, incluso, a un oficio que estas han abominado: la prostitución. Esto, hay que señalarlo, no las hace mejores que el muchacho. No, al menos, a la hipocritona Abuela y a la interesada Madre. Elsa, con cuya narración abre esta novela, es la más honesta de las tres.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-E3DjeSAWIz0/TXnAD5QjWxI/AAAAAAAAMiI/3zMaOZPaqGQ/s1600/Posesas+de+La+Habana.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" q6="true" src="https://lh4.googleusercontent.com/-E3DjeSAWIz0/TXnAD5QjWxI/AAAAAAAAMiI/3zMaOZPaqGQ/s320/Posesas+de+La+Habana.jpg" width="222" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Difícil llamarle “hogar” a un montón de gente retacada en un departamentito. Abuelonga lo dice de esta forma: “(…) En lugar de avanzar, hemos retrocedido como los cangrejos. Ahora nos obligan a estar nariz con nariz. Arracimados unos con otros, oliendo el peo que los demás se tiran. ¿Cómo no vamos a fajarnos, por Dios?” (p.p 108 y 109). La narración reproduce con fidelidad la desesperación de no poder estar con uno mismo. De no encontrar un resquicio para reflexionar respecto al futuro, algo, por cierto, muy conveniente para un régimen como el castrista. Todas las mujeres de esta familia, excluyendo a Elsa, e incluso Beiya, hija de esta, se caracterizan por su mezquindad que pudiera justificarse en la problemática relación de cada una con la madre y las penurias de orden moral y material a las que están sujetas; también por un odio mutuo que la forzada convivencia obliga a disfrazar, cuando no de burlón cariño, de tolerancia. Se percibe también una profunda misoginia que degenera en autodesprecio. Con todo y su homosexualidad, y en un lugar donde dicha condición se estigmatiza en forma despiadada, Emy es el favorito de su abuela y de su madre por el simple hecho de ser varón. Elsa, en cambio, y no obstante su alto nivel intelectual, es despreciada por carecer de belleza o, mejor dicho, de lo que en la isla se entiende por tal –curvas, redondeces… tetas… nalgas…-y, más despreciable se vuelve a los ojos de su madre y abuela cuando queda embarazada de un profesor universitario… y casado. El manejo de una doble moral se acentúa hasta el absurdo en la sociedad cubana, donde solo el provecho económico “lava” ciertos pecadillos como la homosexualidad de Emy, el que más desprecia a su hermana. Elsa ha sido abandonada por el padre de la criatura, quien a su vez la ha traicionado con su mejor amiga. Esto hace de ella “una tonta”, “una tarada”. Lo peor es que la actitud de la abuela y la madre es transmitida a la hija de Elsa, producto de aquella relación, “la única bonita de la familia”, quien termina despreciando también a su madre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;La realidad que exhibe Teresa en esta novela, sería intolerable sin el subterfugio del humor negro que, como buena Reynalda, maneja con excepcional maestría. El maltrato del que son sujeto las tres narradoras por parte de sus respectivas madres indignaría a cualquiera –los padres son presencias débiles u ornamentales-. Tanto la abuela como la madre parecen regodearse con los episodios violentos, como si al rememorarlos ejercieran una suerte de conjura, que no exorcismo: tanto Abuelonga como la madre tienen en el rencor contra la respectiva progenitora la tabla que les impide zozobrar en la autocompasión. En el caso de Abuelonga, a quien le tocó la Habana anterior a Castro, exhibe en el rostro la terrible huella de la violencia maternal. Y si bien justifica el ataque sacando a relucir la esquizofrenia de su progenitora, más adelante la Abuelonga joven encuentra el medio para desquitarse, denunciando la infidelidad de la madre ante el padre. Abuelonga, a su vez, ejercerá violencia sobre su hija, fruto de su aburrido matrimonio con Rafael, que prefiere dormir con su nieto Emy que con ella, y lo engaña alegremente con cuanto varón cruza por su camino. Elsa, a su vez, aplicará la misma ley contra su abuela y su madre. La forzada convivencia entre cuatro mujeres que se odian, contando a Beiya, hace que la mínima circunstancia sirva de reducto para ejecutar pequeñas venganzas domésticas, “(…) la verdad que vivir aquí es morirse a trozos.” (p. 50).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh4.googleusercontent.com/-RYJHWPgSreQ/TXnCTy5_gpI/AAAAAAAAMiM/svNdawJZbRo/s1600/Tere+y+perros.bmp" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" q6="true" src="https://lh4.googleusercontent.com/-RYJHWPgSreQ/TXnCTy5_gpI/AAAAAAAAMiM/svNdawJZbRo/s320/Tere+y+perros.bmp" width="240" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;El discurso político es latente en las tres mujeres, aunque de forma muy diversa: para Abuelonga, que hubo de renunciar a sus escasos privilegios, la Revolución le produce rencor y nostalgia de lo abolido. La madre, la más apolítica de las tres, se distrae fantaseando respecto a la posibilidad de vivir otra vida. Elsa, por su parte, es la más reflexiva, la que le busca sentido a la carencia, aunque finalmente no le encuentra ninguno: “(…) Yo desde siempre quise salir de Cuba. No por gusanería, si a mí la política me importa menos que el sexo de las moscas, sino por ver la nieve (…) Si ser comunista consistía en gritarles que se vaya la escoria a los que se iban por el Mariel o desgañitarme berreando viva Fidel en las manifestaciones, entonces yo era comunista. Pero no porque lo sintiera, sino porque era lo que había que hacer (…)” (p. 19).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Algunos de estos aspectos, el político en particular, son retomados en su tercera novela, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Muerte de un murciano en La Habana&lt;/i&gt; (Anagrama, narrativas hispánicas, Barcelona, 2006) finalista del Premio Herralde de Novela), más ambiciosa que Posesas… por lo que respecta al manejo del dominio del lenguaje de magistral alcance que nos remite a otro grande: Guillermo Cabrera Infante: “(…) para que unos hombres salgan así a la calle –perfumados y maquillados, con tacones de tres dedos de alto y collares de brillo-, para que se atrevan a tanto aquí en La Habana tienen que tener los cojones bien grandes y muy puestos en su lugar, aunque sean maricones (…)” (p. 96). Presenta además una ingeniosísima puesta de enredos, hilarante de principio a fin, que como en Posesas…expone a detalle una serie de acontecimientos que solo el humor consigue atenuar. la protagonista, tiene en común con Elsa rehusarse a “jinetear” y tener una madre que ve en ella una mercancía defectuosa que de poco servirá para sacarla del apuro. También Maricari es flacuchita, aunque su carita, a decir de Mercedes/ Teófilo, es preciosa, idéntica a la infanta de “Las meninas” de Velázquez. Contrario a Elsa, que cuenta con estudios profesionales, Maricari elabora muñequitas de tela para vender a los turistas. Es en medio de uno de sus paseíllos por el malecón, que coincide con Pío, empresario murciano de unos sesenta años que ha ido a la isla en plan de negocios. Durante el inocente intercambio comercial entre la niña y el extranjero, este se ofrece llevarla a su casa… ¡en automóvil! La madre de Maricari, la Mandonsísima, ve en el viejo la oportunidad que tanto imploró al cielo.&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Como la madre y la Abuelonga de Posesas, La Mandonsísima desprecia profundamente la condición femenina, en especial la de su hija. La culpa incluso de haber incitado al vejete que la violó a los siete años, como culpa Abuelonga a su hija de incitar a uno de sus amantes que toqueteó a esta siendo una púber: “Que se deje de santurronerías, que no está el horno para galletitas. Que no se venga haciendo la inocente. Jimmy y ella estaban mojando el pan en la salsa desde hace meses. Un día los sorprendí engrapados en mi propia cama haciendo cochinadas y a Maricari desde que era niña le gustaban las porquerías… ¿no se dejó templar por un vecino un viejo asquerosísimo, cuando no había cumplido los siete años?, ¡zorrita de mierda!” (cursivas del original, p. 47). De esta manera, la Mandonsísima se justifica por lo que pretende que la niña haga: seducir al viejo murciano para que las saque de ese cuchitril y, de ser posible… ¡de Cuba!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh3.googleusercontent.com/-NwKslH2DXdo/TXnCl7La3LI/AAAAAAAAMiQ/ickhDVcV03U/s1600/murciano.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" q6="true" src="https://lh3.googleusercontent.com/-NwKslH2DXdo/TXnCl7La3LI/AAAAAAAAMiQ/ickhDVcV03U/s320/murciano.jpg" width="204" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Como en Posesas…, el odio de la madre hacia la hija es plenamente correspondido: se trata de dos seres obligados a soportar su mutua compañía y a “olerse los peos”. La madre deposita en la hija el peso de su frustración. Maricari, sin embargo, es convencida por la Mandonsísima de que Pío es la solución a todos sus problemas… comer a diario, por ejemplo. A Maricari la sola idea de acostarse con alguien por dinero le enferma el estómago, pero ante aquella pobreza, de la que su madre la hace sentir responsable, no puede darse el lujo de ser terminante. Acude entonces donde “Mercedes”, un travesti que con todo y su flamante título de filólogo se ve obligado a ganarse la vida como “espiritista”: “(…) La certeza de que tendría que recurrir otra vez a mi título de licenciado en filología para ganarme ciento noventa pesos, sentado detrás de un buró cojo, me aterraba.” (p. 131). Mercedes/Teófilo termina convirtiéndose en el confidente de Maricari, niña más sola, y esta termina viviendo bajo el techo del empresario murciano, rodeada de comodidades nunca soñadas, dándole buena vida a la Mandonsísima, que en el fondo no se explica qué vio el viejo en aquella muchachita escuálida, es decir, envidia a su hija: “(…) ¡si siquiera hubiera heredado aquel culo mío que no cabía en los sillones! (…)” (cursivas del original, p. 118). El elemental afecto madre/hija brilla por su ausencia. Maricari no perdona a la Mandonsísima el no defenderla del violador de su infancia. En cambio, no tiene nada contra Pío, hacia quien experimenta una gratitud sincera… lo que no le impide enamorarse de Teófilo, quien la trata con enorme ternura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;El que Teo sea abiertamente homosexual y cohabite con el Toro, un mulato de aspecto viril, debiera cancelar toda probabilidad de que Maricari se vea correspondida… pero el asunto de la sexualidad, parece decirnos Teresa, es harto complejo, incomprensible. Como el amor. Baste el recuento de la vida erótica de Teófilo, que se granjea fama de maricón tras un incidente ridículo que, sin embargo, despierta en él una inclinación dormida pese a que hasta entonces “templaba” normalmente con una noviecita. La convivencia con Maricari le hace recordar su orientación inicial –lo que no significa que deje de sentirse atraído por el Toro- y terminan enredándose. Contrario a lo que pudiera pensarse, la sobrada fama de maricón de Teo no los libra de sospechas en una isla donde tiende a creerse que los gustos sexuales son a gusto del interesado. La madre de Teo cree ver una “conversión” milagrosa en su hijo, la prueba de que diosito ha escuchado sus suplicas. En medio de esta sociedad de moral ambivalente, pudiera decirse que Maricari y Teo son los personajes más nobles de la historia. Por otra parte, Maricari, Teo y Pío son algo tontos, hasta inocentes. El viejo no ha hecho otra cosa que lo que se espera de él, como buen rabo verde y con dinero: hacerse de una chiquita. Los tres protagonistas son víctimas de las imposiciones y estereotipos sociales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-7tWn7egEZPg/TXnErNRnWFI/AAAAAAAAMiY/LAqv5cPDD8g/s1600/Teresa+premiada.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" q6="true" src="https://lh5.googleusercontent.com/-7tWn7egEZPg/TXnErNRnWFI/AAAAAAAAMiY/LAqv5cPDD8g/s320/Teresa+premiada.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Quizá haya sido esa misma ingenuidad la generadora de la tragedia. Sí, también la escasa inteligencia práctica de quienes conforman el peculiar triángulo. Una escritora de la isla, que estudia en el extranjero, se topa a su retorno con esta historia de la que cada habitante ofrece su personal versión. Decide entonces escribir al respecto. Por supuesto, se trata de una intervención de la propia Teresa de la Caridad como personaje: “¿Eh?, ¿Que quieres hacer una novela sobre Teófilo y Maricari? ¿Tú estás loca? ¿A quién le interesa leer sobre depravados y bandidas? No, chica, no. Si quieres escribir, inventa algo bonito, romántico, no de crímenes ni de santería ni de la mierda con la que anda lidiando una todo el día. ¡Oye, se nota que los escritores ya no tienen material para sus historias cuando echan mano a tanta pudrición! (…)” (p.p 177 y 178).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;“Es una broma que le di a mi mamá –responde riendo Teresa cuando se le pregunta si en efecto basó su historia en hechos reales-. Yo quería meterla en la historia de alguna manera, pero ella insistió en que, en tal caso, yo debía aparecer también. Sus palabras (es decir, las palabras de “la mamá de Teresa”) son tomadas literalmente de las que me dirige la autora de mis días cuando lo estima pertinente. La historia no se basa en un hecho real aislado, pero sí ha habido casos de extranjeros liados con cubanas que han terminado asesinados por ellas, o por los amantes de las chicas... Bueno, a mí no me creas, son rumores que me han llegado por Radio Bemba”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Por entonces Teresa me habló de un proyecto que me entusiasmó y al parecer no ha abandonado, una novela que llevaría como título &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;“La rumba de Jane Eyre”, además de dos más; una en inglés titulada “This Childhood under Castro” y otra más, en español, que llevaría por título tentativo “De señora casera a jinetera. Lo que ha publicado posteriormente, sin embargo, es un libro de relatos titulado “Por culpa de Candela” y una novela breve, merecedora del V Premio Novela Corta de Rincón de la Victoria 2009, “El difunto Fidel” (Iduna, Colección Cobra, 2010), adaptación de una obra teatral de su propia autoría y se representó bajo el título “Hasta que el mortage nos separe”, en el Aguijón Theater, de Chicago. No se deje llevar el lector por la inclusión del nombre “Fidel” en la historia pues, como bien lo explica el singular narrador que nos narra su vida y muerte desde el Más Allá, “Fidel” es el nombre más común entre los varones cubanos desde que el hoy provecto dictador se convirtió en perpetuo adalid de la Patria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: #333333; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;Los relatos de ¡Por culpa de Candela!, reproducen una vez más la atmósfera asfixiante y sin embargo cargada de humor negro de sus novelas, pero sin por ello resultar repetitiva en cuanto a la esencia y la dinámica de sus historias.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt; &lt;span lang="ES-MX"&gt;Se me ocurre que, como Ángeles, la protagonista del relato “De cómo el espíritu de mi tía- tatarabuela se fue de Nueva York”, el espíritu de Teresita abandona su cuerpo por las noches para dedicarse a errar por la isla que la vio nacer &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;y desarrollarse contra corriente. No es mera nostalgia la que transporta a Teresita en el tiempo y en el espacio mientras escribe, y, por consiguiente, traslada al lector junto con ella, en esta suerte de viaje astral, al ritmo de la euforia de Celia Cruz. Según se advierte en el relato que abre el libro, asimismo titulado “Por culpa de Candela”. Es muy propio de los emigrados cubanos llevarse la isla con ellos; hurtársela, como a un anillo en su estuche o una lámpara Tiffany, últimos vestigios de riqueza a los que las familias de la isla se aferran como a un salvavidas en medio del naufragio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Otro aspecto en común entre las novelas de Teresa y sus relatos, es la habilidad, fruto supongo del hábito de resguardarse en el humor contra la tragedia del hambre y la ausencia total de intimidad propias de esa inmensa cárcel con playa que es Cuba, de hacer armonizar la hilaridad con la tragedia. Más allá de la picaresca, de la que se advierte una fuerte tendencia en la prosa de Teresa, expone situaciones que resultarían inadmisibles narradas bajo otra óptica: abuso de confianza, venganzas femeninas, niños violados, y lo asombroso es que nos mueve a la carcajada sin recurrir más que a sus dotes de prestigiadora del lenguaje, sin nunca caer en lo grotesco. Su tono parece decir: “es normal que estas ocurran &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;aquí, &lt;/i&gt;así es la vida en esta isla”. Así entonces, entre un aborto y una paliza; entre una rumbera de la tercera edad que inicia sexualmente a un adolescente gringo y un niñito que se masturba contemplando en retrato de su abuela cuando era joven, no resultan ajenos los elementos mágicos y fantásticos, batidillo que se plantea también como parte de la cotidianidad cubana. La familiaridad de la autora con lo mexicano, por otra parte, sale a relucir en varios de sus relatos, como el de la indita zapoteca que, al ser adoptada por unos cubanos desde bebé, se reencuentra con sus raíces de forma poco amable –“Cubanoteca”-, o aquel en el que una joven afectada por la lectura de la obra de Elena Garro opta por matar al marido maltratador –“Con Elena en la corte”-, aunque en todo momento su principal objetivo es poner en entredicho los dogmas sociales y las prácticas derivadas de las mismas que generan actitudes misóginas, racistas y clasistas, tanto en Cuba, como en Estados Unidos y, por supuesto, &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;en México. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/--ml3FKyMXKk/TXnEYuuaJ4I/AAAAAAAAMiU/eI9GjvEyU7E/s1600/el+difunto.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" q6="true" src="https://lh6.googleusercontent.com/--ml3FKyMXKk/TXnEYuuaJ4I/AAAAAAAAMiU/eI9GjvEyU7E/s320/el+difunto.jpg" width="199" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Por su parte, “El difunto Fidel” es la primera de sus novelas que sale de Cuba y se desarrolla en un ámbito harto ingrato –aunque paradisíaco, comparado con la isla-cárcel- para los cubanos fugitivos: Miami, Florida. Ya Reynaldo Arenas dejó en su extraordinaria biografía, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Antes de que anochezca, &lt;/i&gt;testimonio del desprecio con que son tratados los nuevos emigrantes cubanos por quienes los precedieron, y Teresa menciona este aspecto a través de la voz de Fidel Carballo que tuvo que cambiar su nombre por “Phillip”, pues “”Ser Fidel en Miami es como ser Adolph en Jerusalém” (p. 82).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Al principio me encontraba desorientado, luchando con el inglés y con la incomprensión de los compatriotas que llevaban cuarenta años aquí. No querían entender que uno fuese también, carajo, tan exiliado como ellos. Los que vinieron en los sesenta trataban a los recién llegados como a unos apestados. Y hasta los marielitos, fíjese usted, que ésos sí tenían fama de maleantes y drogadictos, los marielitos aplatanados (o enmiamados) también nos miraban por encima del hombro. Nosotros, los que vinimos en los noventa, resultamos ser la última carta de la baraja, los contaminados por una larga permanencia en el sucio suelo patrio, que tanto ellos dicen querer….” (p. 46)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Así se expresa Fidel o Phillip ante la médium que han contratado su esposa e hija para conocer la verdadera causa de la muerte del padre que, están convencidas, se suicidó al verse cercado por las deudas. Pero Fidel no se dirige a una médium cualquiera: Encarnación repite por escrito todo cuanto los muertos le dictan y permanece en profundo silencio aún cuando el “muertito” no deja de alabarla por su atractivo y forma de moverse a pesar de contar más de sesenta años. Encarnación, muy profesional ella, no corresponde a los descarados coqueteos de Fidel y se limita a escribir -¿en taquigrafía?- todo cuanto él tiene que decir, incluyendo lo que nunca se hubiera atrevido a reconocer en vida: su amor por una esposa adicta a las telenovelas, en especial a &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Sex on the city&lt;/i&gt;; su tristeza por el desamor de una hija ultra feminista con quien rivalizó abiertamente en vida –aunque no puede decirse que haya sido un padre autoritario, o por lo menos él no se percibe como tal –y su ternura por el hijo varón en quien depositó todas sus esperanzas…y resultó ser gay, cosa que ya no le resulta tan calamitosa como cuando estaba vivo. Se refiere también con gran afecto –y una lascivia que su condición de espíritu no consigue apaciguar- a su secretaria-amante, la también cubana Dalila, que, de espaldas al lugar común, es el personaje más noble y leal de la novela &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh5.googleusercontent.com/-mo0APn_8FrI/TXnE5Sq24rI/AAAAAAAAMic/Y-MlMrm0Us4/s1600/A+girl+like+che+guevara.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" q6="true" src="https://lh5.googleusercontent.com/-mo0APn_8FrI/TXnE5Sq24rI/AAAAAAAAMic/Y-MlMrm0Us4/s320/A+girl+like+che+guevara.jpg" width="207" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Teresa Dovalpage afirma que odia la política, sin embargo resulta imposible abordar Cuba y no caer en esas aguas pantanosas, que ella maneja como todos los demás, como algo cotidiano. Imposible no hablar de la experiencia en Cuba sin asociarla con las barbas de Fidel: “(…) la Navidad fue desterrada por contrarrevolucionaria, el pavo por burgués y el champagne por materialista (…)” (“Del primer objeto de su lujuria”, ¡Por culpa de Candela!, p. 95). Pero no importa lo que escriba Teresa, ni que tan terrible sea: inevitablemente sale a relucir la ternura hacia los niños que se resisten a perder la inocencia, no importando cuántas veces se les golpee, se les inyecte y se les viole. No extrañe, por tanto, que Teresita de la Caridad, con todo y su flamante doctorado y un genio literario que no ha sido debidamente reconocido, sea como una niña traviesa a la que se antoja abrazar y cubrir de caramelos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, &amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 200%; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Un cuento de Teresa Dovalpage&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: large;"&gt;¿Corruptora de menores, yo?&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;A la memoria de mi abuela, que habría disfrutado este cuento&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Dices que tu marido quiere que me vaya. Pues me voy, chica. Me voy ahora mismo. Regreso a Cuba en el primer avión que salga para allá. Total, de mejores lugares me han botado y luego me han pedido que regrese. De rodillas me lo han pedido, para que sepas. Ah.&lt;br /&gt;Ahora, no creas que me voy a largar muy calladita. No, señor. Yo me iré, pero a mí hay que oírme antes y mi lengua tiene más de tres cuadras de largo, eh. Porque eso de que me vengan a acusar de vieja dama indigna es una calumnia y no tengo por qué aguantarla. Por mis ovarios te lo juro, que a mí me van a oír en la mismísima Casa Blanca, vaya.&lt;br /&gt;No te confundas. El hecho de que me llamen vieja puta me vale. Sí, me vale madres, como dicen en México. Lo que me molesta no es la palabra, es la acción. ¿Tú crees que no es para molestarse que me vengan a decir: pues te tienes que ir ahora mismo a tu país, o te metemos en la cárcel por corruptora de menores? Y todo por tratar de hacer un favor.&lt;br /&gt;Sí llego a saber esto no me muevo de Cuba. O me quedo en Morelia, que la gente me adora por allá. Yo ya había viajado cuanto tenía que viajar y recorrido medio mundo. Desde que en los años cincuenta me fui a España y casi vuelvo a poner de moda la zarzuela con aquello de&lt;br /&gt;Al marido después de la boda&lt;br /&gt;Nada, nada se debe negar&lt;br /&gt;Pues con él en la casa entra toda&lt;br /&gt;Entra toda su autoridad.&lt;br /&gt;¿Que no conoces esa música? Parece mentira que seas hija mía, carajo, y que te hayas criado en medio de la farándula habanera. Es de la zarzuela La corte de faraón. Si no hubieras estado en la luna, comiendo mierda, como siempre, te acordarías porque mira que la he cantado veces cuando tú eras chiquita. Pero a ti siempre te ha importado un pito lo que yo hago. Hija como tú, ni que la hubiera parido por las narices. Y digo las narices por no decir algo peor.&lt;br /&gt;¿Pero cómo, a ver, cómo tu marido me va a acusar ahora de pervertir a Joe? No me quedaba que oír. Lo único que hice fue ayudar al desgraciao chiquillo a encontrar su camino al centro de la tierra. A conocer la verdad de la vida, no fueran a salirle plumas. Y en lugar de agradecérmelo, me...&lt;br /&gt;¿Eh? ¿Qué una social worker está ahí para hablar conmigo? Pues que pase. Ni que me fuera a comer. Yo estoy muy cujeá pa tenerle miedo a nadie. Que pase y bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenas tardes. ¿Usted es la trabajadora social que está atendiendo el caso de Joe? No, de mi nieto no. ¿Cuántas veces lo tengo que repetir? Ese muchacho es el hijo del marido de mi hija, nacido en Iowa y criado en Chicago. Y yo acabo de llegar a este país, prácticamente, y le vi la cara por primera vez hace dos meses. Así que de grandma, nananina.&lt;br /&gt;Sí, soy cubana. Del barrio Cayo Hueso, en Centro Habana. ¿Qué? No, no, a mí no me enrede en política. Al de la barba déjenlo en el Comité Central. Si está vivo o si ya estiró la pata, allá él y su alma. Yo no sé nada de eso ni me importa. Por mí, que lo entierren mañana mismo.&lt;br /&gt;Yo soy de la opinión de la difunta Celia Cruz, que está en el cielo cantándoles salsa a los ángeles. ¿Usted no sabe lo que dijo la que gritaba azúcaaa? Que donde entraba la política por la puerta, el arte se iba por la ventana. Y yo soy una artista, no una politiquera.&lt;br /&gt;¿Feminista? Desmaye eso... ¿Qué feminismo ni qué ocho cuartos? A ver, ¿el feminismo es lo que se traen las mujeres en este país, mi hija por ejemplo? Se pasa el día trabajando la muy pendeja. Se levanta a las cinco y media de la mañana, se zumba para la oficina y regresa ya oscurecido. Oiga, que ni sol hay en este Chicago a las seis de la tarde. ¡Caballeros, lo que es salir de la casa y regresar a la casa y no ver ni un salao rayito de luz en todo el trayecto! Le zumba el merequetén.&lt;br /&gt;Luego se pone a cocinar. Porque el manganzón del marido se las de liberal y de que we all have the same rights pero dígame usted qué hace él por la patria. Ni hostia. Mete las cucharas en el lavaplatos y se cree que hay que ponerle una medalla de trabajador vanguardia. Y luego escacha el culo delante de la tele y no hay quien lo levante.&lt;br /&gt;Mientras, mi hija es la que se manda el cocinao, y el arreglo de la casa y el repasarles la lección a los muchachos. ¿Eso es triunfo del feminismo? No, mi amor, eso es mucho achantamiento de los hombres, que son unos aprovechados, y mucha comemierdería de las mujeres, que se dejan coger de bobas.&lt;br /&gt;En mi tiempo las mujeres atendían la casa y no tenían que andar lidiando con pesadeces de los jefes. O de las jefas, que también son de anjá. Se tomaban una tarde para ir de compras con toda calma y andaban de mejor humor. Ahora se han buscado jornada doble: en la casa y en el trabajo. No digo yo si tienen que estar tomando pastillitas para dormir, el valium que le llaman. No digo yo.&lt;br /&gt;Y los muchachos más malcriados no pueden ser. Se lo pasan berreando el día entero. Hasta que se sientan delante del televisor como el padre. ¡Pláfata! Eso es otra cosa: la tele prendida desde que llegan de la calle. Estos chiquillos se van a volver idiotas, hipnotizados por horas delante de una pantalla. Por eso cuando crecen tienen problemas con el aparatico, como el stepson de mi hija. (El aparatito de abajo, no el de la tele.) Porque no salen ni media hora a un parque. No juegan, ni corren ni toman sol. Lo único que mueven es el dedito este, mira, pa cambiar el selector de canales. Fu.&lt;br /&gt;Vamos al grano, sí. Como las gallinas. A ver, ¿qué me quería decir usted? Claro que Joe no me acusa. Noticia fresca. ¿De qué me va a acusar? ¿De meterme en su cama y bajarle los pantalones? Ni que fuera el casto José. ¿Usted no ha oído la entrada de José en La corte de faraón? Pues dice así:&lt;br /&gt;Yo tocaba la flauta&lt;br /&gt;y el caramillo&lt;br /&gt;y a mi lado triscaban&lt;br /&gt;los cabritillos&lt;br /&gt;No pensaba en amores&lt;br /&gt;por ser pecado&lt;br /&gt;y además porque estaba&lt;br /&gt;muy ocupado&lt;br /&gt;en que no se me fuera&lt;br /&gt;ni un corderito&lt;br /&gt;y no se me perdiera&lt;br /&gt;el pobrecito.&lt;br /&gt;Está bien, dejo el canto. Pero sí le voy a contar cómo empezó todo. Para que no me llame a mí pervertida ni lo ponga a él de casto José.&lt;br /&gt;Lo que yo hice fue tratar de ayudar a Joe. Lend him a hand como dicen aquí. Más que una mano, claro. Lend him mi chocha, ésta, la peludita, que buena falta que le hacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos meses yo estaba muy tranquila en mi apartamento de Centro Habana. Avenida Carlos III entre Espada y San Francisco. Al lado del hospital de Emergencias, por más señas. Ahí tiene su casa. Y no estaba comiéndome un cable como los viejitos del Buena Vista Social Club cuando los descubrió Ry Cooder, ni limpiando zapatos ni nada de eso.&lt;br /&gt;Es que yo tengo fe, ¿comprende? No, nada de religión. En Cuba eso quiere decir familia en el exterior. Alguien que le mande a uno dólares, porque sin ellos La Habana se te vuelve un páramo peor que el de Pedro, vaya. Con lo que mi hija me mandaba yo hacía la lucha. Vendía la pacotilla de K-Mart que ella me enviaba por Cubapacks. Gracias a mis negocios y a los dólares que también me hacía llegar de cuando en cuando me compraba mi café (café-café, de pilón, no la mierda que dan por la libreta allá ni el café aguado americano, que es otra porquería) y mi pedazo de puerco en el mercado y mi picadillo en las shoppings. Las shoppings son las tiendas por dólares, mija. Y tenía un marinovio, un cincuentón que no se parecerá a George Clooney pero tampoco está pa echárselo a los perros.&lt;br /&gt;Y de pronto, sin esperarlo, me llaman de Morelia. Yo había actuado allá en Michoacán en los sesenta. Hice una jira por la tierra azteca y dejé a los mexicanos, perdón por la inmodestia, locos conmigo. La mera mera, me decían cuando bajaba del escenario después de cantar eso de&lt;br /&gt;Ven, José.&lt;br /&gt;Ven acá.&lt;br /&gt;¿Qué es amor?&lt;br /&gt;Yo te voy a explicar&lt;br /&gt;porque creo&lt;br /&gt;que el amor debe ser cosa rica.&lt;br /&gt;¡Ay! ¡Hebreo!&lt;br /&gt;debe ser un bichito que pica.&lt;br /&gt;La más chingona, me aplaudían. La Pepita Embil cubana, me llamaban. Arrebaté al público.&lt;br /&gt;Pues resulta que a un empresario del Teatro Morelos se le ocurre hacerme un homenaje a estas alturas de la vida. Dice que una noche vio los recortes de periódicos de aquellos años y que soñó conmigo un ocho de septiembre. Fue Ochún quien me concedió la gracia del viaje, porque ese día es su fiesta. Ochún es la virgencita de la Caridad del Cobre, la orisha del amor. ¿Ve esta medalla de oro con su imagen? La tengo desde los quince años aquí, colgándome entre las tetas, y no me la quito ni para bañarme. Lo que habrá visto esta medalla troquelada, mija....Si le da por hacer historias no termina en una semana. Historias en vivo y a todo color. Sin censura ni beeps. De ellas sale un best-seller, vaya.&lt;br /&gt;Estando ya en Morelia, entre cantos y bailes, mi hija me llama y pregunta que por qué no me doy el salto para el norte. Un salto de ampanga, porque zumbarse de Morelia a Chicago no es ir de aquí a la esquina. La primera vez le dije que no, que con pasaporte cubano no me iban a dar visa de entrada en Estados Unidos, pero ella dale que dale.&lt;br /&gt;Que te voy a buscar, me insistía. Que te consigo un pasaporte falso. Que cruzamos la frontera en un carro por Juárez, porque allí miran los papeles menos que en los aeropuertos. Que cómo vas a regresar a Cuba sin conocer a tus nietos. Tanto amoló que al fin me convenció.&lt;br /&gt;Así que terminando mi última presentación en tierra de Morelos me puse mi peluca rubia, con la que lucía igualita a la mujer de la foto que aparecía en el pasaporte falso. Me vestí bien elegante. Me di una ducha de Chanel No. 5 detrás de las orejas y entre las piernas y así cogí mi avión haciéndome pasar por U.S. citizen. Facilito.&lt;br /&gt;No, el idioma no me asustaba. ¿Cómo me iba a asustar? Si yo cantaba My fair lady,&lt;br /&gt;I could have danced all night&lt;br /&gt;And still have begged for more.&lt;br /&gt;I could have spread my wings&lt;br /&gt;And done a thousand things I've never done before.&lt;br /&gt;que no había quién me discutiera que una servidora había nacido en pleno Broadway y merendado un ceremil de veces en el Parque Central de Nueva York.&lt;br /&gt;Al llegar a Chicago con mi hija (que estuvo todo el viaje con el corazón en la boca, aunque la idea de pasarme de contrabando había sido de ella) nos esperaba mi yerno. Por cierto, desde que le eché el ojo encima el tipo ya me pareció medio sanaco. Para empezar, se cagaba de miedo por tener una illegal alien, como dice él, bajo su responsabilidad. Para eso, me hubieran dejado tranquila en Morelia. Al fin es que yo no pedí que me trajeran ni na de na.&lt;br /&gt;El terror de ellos era que me enfermara. Como yo no tenía seguro médico ni manera de conseguirme uno....Hasta que un día les dije: no jodan más. Si me enfermo, me ponen en un avión aunque vaya pal Medio Oriente. Y si me muero, me tiran en la nieve pa que no apeste. Qué tanta bobería.&lt;br /&gt;Mi hija, después de tanto luchar para que yo viniera, se pasaba más tiempo en la calle que al lado mío. Se iban los dos a trabajar y me dejaban sola como un perro. Mis nietos estaban en la preschool y ni me permitían cuidárselos. Yo creo que mi yerno tenía miedo de que los contaminara con mi ilegalidad cubana.&lt;br /&gt;El único que se acercaba a mí y trataba de entretenerme era el hijo de mi yerno, que entonces nos visitaba una vez o dos por semana. Sí, el mentado Joe, el hijastro de mi hija. Así que de incesto nada. Que en los genes de ese muchacho yo no tuve arte ni parte, gracias a Dios.&lt;br /&gt;Joe y yo conversábamos muchísimo. La primera semana yo lo miraba como a una criatura, aunque es más alto que su padre. Pero me daba gusto que alguien me prestara atención, ¿comprende? Lo que más nadie hacía. Nos poníamos a hablar desde las dos y media que él salía de la high school hasta las cinco y pico que llegaban mi hija con el marido y los niños.&lt;br /&gt;¿Que qué otra cosa hacía? Pues no mucho. Estarme aquí encerrada todo el tiempo. Ah, y ver la tele. Pero ni eso me entretenía. Dios mío, esas chiquillas anémicas que salen en MTV, qué bichos más feos, no tienen carne ni pa una empanada. ¿Ésa es la belleza de hoy día? Si lo que hace falta es que las inflen con un aparato de llenar las llantas de aires. Ni tetas tienen, ni culín.&lt;br /&gt;Volviendo a Joe, yo le repasaba español. Que cuándo se usa ser y cuándo estar porque en inglés siempre es to be. Claro, como lo mío es la música, yo le enseñaba con las letras de las canciones. Le cantaba, por ejemplo:&lt;br /&gt;Yo estaba muy triste&lt;br /&gt;y llorosa estaba&lt;br /&gt;porque sin saberlo,&lt;br /&gt;algo me faltaba.&lt;br /&gt;Para explicarle que estar se usa para la cosa emocional, que cambia de un momento a otro. Mientras que ser es para las cuestiones más permanentes, como el origen:&lt;br /&gt;De Tebas soy yo,&lt;br /&gt;en Tebas nací .&lt;br /&gt;La Virgen de Tebas&lt;br /&gt;me llaman a mí.&lt;br /&gt;Aunque yo en vez de Tebas le decía Cuba, para darle color local a las lecciones. Y el muchacho torpe no era, porque enseguidita aprendió. Un día me dijo: “eres linda.” Yo andaba maquillada y bien arreglada porque me iban a llevar a un Estarbú y quería lucir presentable. Así que le dije que “estaba” linda por una noche pero que normalmente no lucía tan bien. Entonces el muy pícaro me soltó: Oh, no. You are always beautiful por eso digo que eres linda.&lt;br /&gt;Mira qué parejero ha salido al americanito, pensé. Pero nada, no le hice más caso hasta la noche de Aguijón.&lt;br /&gt;Unas amigas de mi hija habían oído de mi gira por México y me pidieron que hiciera una actuación aquí, en un teatro que se llama Aguijón. Chiquito, pero bien situado y con público fijo. Para no hacerme de rogar, les dije que sí, aunque yo no había venido pensando en más farandulismo.&lt;br /&gt;Di función única una noche. Me puse arriba tos los hierros. Y canté y bailé como en mis buenos tiempos. Y les meneé las nalgas al ritmo de&lt;br /&gt;Ven aquí. Mírame.&lt;br /&gt;no te sientas tan casto, José.&lt;br /&gt;Cuando se acaba la función y yo salgo a mezclarme con la gente... ¡alabao, pa qué fue aquello! Joe estaba encandilado. Me trajo una copita de vino y me regaló un ramo de rosas enorme. Pero enorme. No sé de dónde las sacó ni si las compraría antes de entrar al teatro, pero ahí estaba el ramo. Monumental. Y me lo dio con un beso que me resonó desde la oreja izquierda hasta el ovario derecho. En eso se nos acerca su señor padre y lo primero que le dice a Joe es: “¿Qué haces tomando? ¡Mira todavía no tienes drinking age!”&lt;br /&gt;Era para matarlo. ¿Usted sabe lo que es decirle eso a su hijo delante de un montón de gente? No hablo por mí, que al cabo soy de la familia. Pero allí había cantidad de muchachas, amiguitas de él de la high school y vecinos y conocidos. La vergüenza que le hizo pasar. Que falta de delicadeza, coño.&lt;br /&gt;Entre las muchachitas estaba una tal Ashley. Muy espigada por cierto, muy graciosa y bastante salida del plato. Enseguidita me di cuenta de que le gustaba el Joe. Así que al día siguiente, cuando el muchacho viene a sacarme conversación y me dice que qué bonita quedó la función de anoche y que qué bella yo lucía y bla bla bla, le pregunté por la Ashley. “Ella es linda también,” me contestó, “pero no como tú. Además, we don’t have chemistry.”&lt;br /&gt;“¿Desde cuando la química ni la física ni la astronomía tienen que ver con las cuestiones del amor?” Le pregunté. Y en vez de contestarme, el escuincle, el chiquillo, el comebolas me da un beso. En la boca esta vez. Así empezamos.&lt;br /&gt;Sí, nos dimos un revolcón, pero nada serio. Yo tenía mis escrúpulos, para serle sincera. ¿Cómo me iba a acostar con un muchacho que podía ser mi nieto? Hasta que me di cuenta de que el infeliz no lo había hecho nunca. Imagínese eso. A los diecisiete años y no había metido su rabito en ningún lugar ni conocía la verdad de la vida. Qué atraso, por Dios. Nadie diría que estamos en el primer mundo.&lt;br /&gt;Claro, por eso le daba pena con las muchachas. Porque un hombre que no lo ha hecho nunca (y lo mismo una mujer, lo mismito) está falto de algo. Está incompleto, como si dijéramos. ¿No lo cantó el poeta Machado?&lt;br /&gt;Dicen que el hombre no es hombre&lt;br /&gt;Mientras que no oye su nombre&lt;br /&gt;De labios de una mujer&lt;br /&gt;Puede ser.&lt;br /&gt;Y yo me dije: nada, vamos a hacer una obra de caridad y...&lt;br /&gt;¿Que si es la primera vez que estoy con un menor? Oiga, debería darle pena llamar “menor” a un tipazo con una cabilla de ocho pulgadas y seis pies de estatura. Déjese de pujos, caramba.&lt;br /&gt;¿Cómo a los diecisiete años cumplidos un hombre no va a poder templar con quien lo quiera? ¿Por qué eso va contra la ley? Mire, la primera vez que me acosté con mi novio yo tenía quince años y él dieciséis. En esa época la gente no se ponía con semejantes idioteces. Y estoy hablando de hace casi sesenta años. Nada, que este mundo va para atrás como el cangrejo. Luego hablan de la evolución.&lt;br /&gt;No, en Cuba no hay problemas con la edad. Todo está prohibido, menos eso. El día que prohíban templar, la gente se alza en armas. Lo que no han logrado el período especial ni las brigadas rompehuesos ni el picadillo de soya a media libra por persona lo hace una ley de ese estilo, mi palabra.&lt;br /&gt;Bueno, yo quería entusiasmar a Joe para que se le declarase a la Ashley, la invitara a un café, cualquier cosa. Pero él, aferrado a mí. Todos los días, desde aquel primer achuchón, la cogió con venir directo a la casa a pasar un rato conmigo. Como era la primera vez que probaba el mantecado, le cogió el gusto y ya no había manera de que me soltara. Y yo le decía: hijo, aguanta un poco, que ya yo no soy una quinceañera y hasta la florimbamba se desgasta con el mucho uso, eh.&lt;br /&gt;El problema fue que antes de nuestro...affair, como dicen aquí, él visitaba la casa dos veces por semana cuando más. De hola, hola pal carajo, un ratico a ver a su padre y ya. Pero luego se aparecía todos los días en cuanto salía de la escuela. Ahí fue cuando mi yerno parece que empezó a sospechar. Aparte, habría sacado sus conclusiones por la forma en que me miraba Joe. Incluso cuando había gente delante, que la criatura, con su santa inocencia, no sabía ni disimular.&lt;br /&gt;Mi yerno se puso a velarnos y nos agarró una tarde asando maíz. No le voy a dar detalles pero fue bastante... embarazoso, vaya. Lo que aquí llaman compromising. Encueros en pelota los dos, y el muchacho con esa gloria de rabo más parada que un asta de bandera. Figúrese usted.&lt;br /&gt;Entonces se formó el brete. Llamaron a la counselor y a usted, y a la madre del muchacho y a la madre de mi yerno y a la madre de los tomates. El desmadre fue aquello, vaya. Y ahora mi hija me dice que salgo bien que no meten en la cárcel por entrada ilegal al país y por corruptora de menores. Que lo mejor que puedo hacer es largarme antes de que el escándalo llegue a los periódicos o a la televisión.&lt;br /&gt;A la televisión, cucha pa eso....Quién me ve a mí en Cristina o en Oprah (bueno, a Oprah tendrían que llevarme con traductora) con tremendo letrero: Abuela cubana comete incesto con nieto americano. En rojo y en mayúsculas. Azúcaaa.&lt;br /&gt;Anda, anda, no me jodan. Que ni el muchacho es nieto mío, ni yo voy a ir programa ninguno a lavar ropa sucia en público como hacen aquí. Una tiene mucha dignidad para eso.&lt;br /&gt;Ahí viene mi hija de nuevo así que terminamos. Sanseacabó. Les dije que me iba y me voy. Dame acá la maleta, niña. Lo único que siento es que no me dejen despedirme de Joe a quien, según tengo entendido, metieron de cabeza en el psicólogo. Eso es lo que lo va a traumatizar, no los restregones conmigo. Y también me dijeron que lloraba por verme y que decía que él no me iba a acusar. Noticia fresca.&lt;br /&gt;Mira, lo que tienen que hacer es que ocuparse de cosas más importantes. A ver si meten a los homeless donde no se congelen cuando empieza a nevar, y si le dan health care a todo el mundo en lugar de andarse preocupando por lo que la gente hace con sus partes privadas.&lt;br /&gt;Y ya me voy. Pa Cuba. O pal carajo, que no es lo mismo, como diría Silvio Rodríguez, pero es igual.&lt;br /&gt;¡Ay, Ba ...Ay, Ba...&lt;br /&gt;Ay, babilonio que marea.&lt;br /&gt;Ay, va. ..Ay, va. ..&lt;br /&gt;Ay, vámonos pronto a Judea.&lt;br /&gt;Adiós.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: large;"&gt;Entra a la página web de &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://www.dovalpage.com/"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: large;"&gt;Teresa Dovalpage&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: large;"&gt; o a &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://dovalpage.wordpress.com/"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: large;"&gt;El Blog de Teresa Dovalpage&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 200%; margin: 0cm 0cm 10pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-7153808831829620389?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/7153808831829620389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=7153808831829620389' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/7153808831829620389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/7153808831829620389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/03/almuerzo-socialista.html' title='Almuerzo socialista'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='https://lh6.googleusercontent.com/-v-qPwQ98aAM/TXm2ERqHTBI/AAAAAAAAMiA/1MfhKGZYH-I/s72-c/Teresa+y+su+gato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-5263427215336382924</id><published>2011-02-19T19:16:00.000-08:00</published><updated>2011-02-19T19:16:20.669-08:00</updated><title type='text'>La otra cara del ángel</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-znE5UdkTbX4/TVTdX_33hCI/AAAAAAAAMhc/3RwIAWYvYq8/s1600/Rose+Mary.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" h5="true" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-znE5UdkTbX4/TVTdX_33hCI/AAAAAAAAMhc/3RwIAWYvYq8/s400/Rose+Mary.jpg" width="300" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al leer Mi cuerpo en tus manos (Editorial Terracota, La escritura invisible, 2009), primera novela de Rose Mary Espinosa que le llevó siete años concretar, me pregunté si los lectores latinoamericanos –no digamos ya mexicanos- estarían preparados para disfrutarla sin que el juez judeocristiano que nos habita saltara de su caja de sorpresas, sonrosado de indignación. La segunda novela de Rose Mary, Loca por mí (que desde el título es una deliciosa transgresión) me asaltaron dudas similares: en una sociedad donde las mujeres no han sido educadas para mandar sobre su sexualidad y deben cultivar la paciencia y la resignación cuando experimentan deseo por un hombre, ¿cómo recibirán a una chica tan absolutamente desenfadada y con una autoestima a prueba de balas como Beso de Ángel? Lo más insólito es que, salvo un par de referencias y el marco de una sexualidad fuera de lo común, ambas novelas son casi antítesis una de la otra. Lo que Mi cuerpo en tus manos tiene de exquisitamente poética, Loca por mí lo tiene de exquisitamente guarra (mejor término no se me ocurre, lo siento).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su autora nació el 4 de marzo, en la Ciudad de México. El último rostro que le colocarían a la autora de estas audaces novelas, sería precisamente el de Rose Mary, de tal dulzura que ni siquiera los destellos pícaros de sus grandes ojos verdes consiguen atenuar. No, no luce como una mujer inocente –que no es sinónimo de dulzura, por mucho que el lugar común insista en asociar una cosa con otra-; bastante desenvuelta y fashion para suponerlo siquiera. Pero no es, definitivamente, la clase de mujer que uno imaginaría detrás de personajes tan, llamémosles, perversos: en cuestión de palabras que describan temperamentos sexuales, el castellano es exasperantemente limitado: otra de las reflexiones nacidas de mi lectura de la obra de esta autora definitivamente fuera de lo común en nuestro contexto.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-4tYEdChk0j8/TVTd4MCKpKI/AAAAAAAAMhg/PSXvXJ7Csek/s1600/rosymarielibro.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" h5="true" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-4tYEdChk0j8/TVTd4MCKpKI/AAAAAAAAMhg/PSXvXJ7Csek/s320/rosymarielibro.jpg" width="213" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi cuerpo en tus manos se sumerge en uno de los pocos tabúes que mantienen vigencia: el sadomasoquismo. Nunca lo nombra como tal, y qué bueno: habría resultado redundante (y las mentes estrechas se limitarán a preguntarse cómo puede Aurora, la narradora, tener tan poca dignidad, sin preguntarse siquiera si en el fondo no lo estará disfrutando tanto como Beso de Ángel disfruta el ejercicio sexual desenfrenado en Loca por mí, que se distingue de aquella precisamente por su elocuencia. La primera novela de Rose Mary pide a gritos dejarse arrastrar por las emociones de la protagonista y clausurar cualquier ideología o juicio moral. No es, como la calificaría alguien de alma simple, una historia sobre violencia conyugal: es muchísimo más que eso: la reconstrucción poética de una patología que recibe mil apelativos psicosociales y sin embargo no tiene nombre. Y si me obligan a ser precisa y nombrarla a pesar de todo, le pondría amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi cuerpo en tus manos es una historia de amor. Amor verdadero: perfecta sincronía de patologías llevadas al límite por sus respectivos deseosos: el poseído y el poseedor, términos empleados asimismo en el más amplio sentido del término –aquí todo es amplio, profundo, ancho, exacerbado: el título para nada es casual, ni producto de un azar poetizante. Efectivamente, estamos ante un cuerpo que carece de toda voluntad que no sean las de las manos del amante verdugo. Un objeto provisto de la capacidad para romperse en pedazos y reconstruirse una y otra vez para volver a ser roto de nuevo, hasta convertirse en algo menos frágil: una gárgola, por ejemplo. Pero una gárgola que no deja de pertenecer a ese otro al que le basta soplar para hacerla suya en más de un sentido. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta historia de pareja, narrada con insólitas delicadeza y ternura que pudieran espantar, insisto, a las almas simples, me trajo a la memoria el argumento de una película que sigue siendo incomparable y cuyo violento contenido amoroso atribuí en su momento a una cuestión cultural. Me refiero a la japonesa El imperio de los sentidos, donde una pareja persigue con afán el placer, dando vueltas incansablemente en torno al elemento que incrementará su placer, hasta que ella produce a él un último orgasmo que se prolongará hasta la muerte. Nadie- no yo, al menos- dudaría del gran amor de estos amantes…como tampoco dudo de que dicho sentimiento esté presente entre los amantes de Mi cuerpo en tus manos, no obstante el gran sufrimiento mutuamente infringido. &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-3GvzFRoxWi4/TVTeoWy68oI/AAAAAAAAMho/JaCj8ASpY30/s1600/imagesCA24LYJF.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" h5="true" src="http://4.bp.blogspot.com/-3GvzFRoxWi4/TVTeoWy68oI/AAAAAAAAMho/JaCj8ASpY30/s1600/imagesCA24LYJF.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El conflicto se desarrolla con un talante que oscila entre la novela gótica –la sensación de que quien narra es un fantasma capaz de introducirse en cualquier hueco, de en todas partes-; el thriller policiaco y el suspense; tapizando la trayectoria de la narradora de huecos y silencios que resultan ser gritos; pétalos de rosa que resultan manchas de sangre y sangre que fluye como lágrimas, con idéntica por razones que van del gozo confundido con dolor, al dolor emocional de saberse atrapada en un círculo vicioso del que sin embargo no tiene la mínima intención de salir. Porque Aurora es consciente de la anomalía y sin embargo se regodea; se revuelca en ella como sobre una sábana elaborada con los diminutos fragmentos de una estatua destruida, que se incrustan vengativa y amorosamente en la piel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y si bien esta pareja vive inmersa en esta relación que a su vez alimenta el arte del escultor y el rencor de la artista frustrada condenada a ser musa, a su alrededor se mueven personajes tristemente habituados a la violencia, a fuerza de convivir con la prototípica música del placer fusionado con dolor; de la enfermiza euforia de aquel que sufre y lo goza, aunque procurando no rozar las colindancias de esos cuerpos que se destruyen y reconstruyen mutuamente. Cuerpos que no serían nada el uno sin el otro. Y no es que los involuntarios testigos terminen por considerarlo “normal”, sino que intuyen en “ello” algo intocable, casi sagrado de tan terrible, como todo lo intangible e innombrable; lenguaje que, señala la narradora, “(…) los dos comprendimos sin tener que hablar: la sangre, el dolor, la sorpresa, la calma; al menos en eso íbamos juntos (…)” (p. 200)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hago hincapié en la malicia –no sé de qué otra manera nombrarla- con que Rose Mary aborda esta escabrosa historia de amor. Quiero insistir en que es una historia de amor, y que el amor no necesariamente es rosa y con final feliz. El amor admite la violencia porque los amantes la re-elaboran poéticamente y hacen de ella una especie de pacto. El lenguaje, pues, es predominantemente poético, lo que no le impide ser ágil, adictiva, hipnótica. No obstante lo anterior, Loca por mí (Grijalbo, México, 2011) se lee con mucha mayor agilidad quizá porque se encuentra en las antípodas de su antecesora. Se trata también de una historia de amor pero, como adecuadamente insinúa su título, una historia de amor protagonizada por una sola persona que percibe a sus amantes como meros instrumentos de placer, algo que sin duda escandalizará a más de uno pues, en efecto, esa es una postura típicamente hembrista (que no feminista, ojo). En alguna entrevista, Rose Mary se refirió a esta novela, en su fase de proyecto, como una historia sobre “cata de vinos y cata de amantes, como temas paralelos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-fQc2oik3_Ds/TVTeV9MD-qI/AAAAAAAAMhk/83i1ymT3yvU/s1600/Scan10016.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" h5="true" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-fQc2oik3_Ds/TVTeV9MD-qI/AAAAAAAAMhk/83i1ymT3yvU/s320/Scan10016.jpg" width="205" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beso de Ángel, la protagonista, tiene algo en común con la narradora de Mi cuerpo entre tus manos, con la importante diferencia de que el gusto de Beso de Ángel por el dolor tiene que ver con el ansia de placer y no con el deseo de agradar a otro. Eso, y el lenguaje coloquial y casi humorístico con que la protagonista de Loca por mí aborda esa parafilia, la coloca en el otro extremo de la primera novela de Rose Mary.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;“Por parte de dos parejas recibí, en distintos momentos, cortes prácticamente invisibles en la espalda. A ambos les temblaba la mano: uno estaba high y lo intentó con una tijerita, y el otro, un artista multimedia, que rompió una copa de cristal para ponerle “más sabor” al performance (…) Y creo que voy de mal en peor, porque no hace mucho un tipo llegó a mi casa con unas navajas de afeitar. El cutter se lo pasé primero porque era estudiante de arquitectura, pero las Gillete…”Chale”, pensé. Como no me vio muy convencida, me enseñó lo que traía en el kit de flagelación: una cuerda, algunas velas y varios ganchos de madera para colgar ropa, por si necesitábamos algo más matapasiones que las navajas.” (p.p 56 y 57)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-q1G274s23sg/TVTgqnwInwI/AAAAAAAAMh0/cDkAIIa0F7A/s1600/f39.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" h5="true" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-q1G274s23sg/TVTgqnwInwI/AAAAAAAAMh0/cDkAIIa0F7A/s320/f39.jpg" width="223" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Beso de Ángel, personaje resucitado por Rose Mary quien recurría a ella en sus colaboraciones, bajo estricto pseudónimo, en el desaparecido periódico Centro, lo que pudiéramos describir como una “salida del closet” por parte de nuestra autora. Si Beso de Ángel no despierta admiración por la libertad con la que se mueve en el mundo, sin pedir permiso ni perdón, por lo menos resultará escandalosamente simpática. En realidad, la autora se reserva varios datos que pudieran contribuir a la construcción total del personaje. Centra el interés en la intimidad de la, llamémosla, heroína; intimidad que va desde sus heterodoxa ideología –sus pensamientos se exhiben ante nosotros con las piernas abiertas, despojados del ridículo taparrabo que le impone la conciencia-consciente, es decir, nuestra acendrado judeocristianismo-hasta su menos heterodoxo estilo de vida. Más que la prototípica “chava reventada”, Beso de Ángel es una experimentadora compulsiva; una curiosa patológica; una traviesa sin remedio; subordinada a sus deseos como lo está la narradora de Mi cuerpo en tus manos a su amante. Para ella sus amantes valen en la medida de su capacidad para satisfacer sus exigentes deseos. A ella nunca la verán esperando la llamada de un galán con el que se ha acostado apenas conocerla, como sucede con las “chicas liberadas” de nuestro entorno que, liberadas y todo, no toleran la idea de haber sido “usadas”; de no haber sido “valoradas”. Eso, a Beso de Ángel, le importa un rábano. Y si no es requerida por uno lo será por otro…o ella misma saldrá a buscar acción…y cuando digo “acción” no me refiero concretamente a sexo: Beso de Ángel tiene una extraordinaria avidez por verlo y experimentarlo todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beso de Ángel se declara abiertamente “zorra”. No es hipócrita. No engaña a nadie. Es tan clara para dirigirse a sus “galanes” que uno no puede evitar preguntarse si se trata de una especie de kamikaze. Pero ante Beso de Ángel, el entorno machista e hipócrita casi se arrodilla ante ella, “Tenía que quedarle claro, aunque él fuera el mamey, en mi cama la guapa y la que manda soy yo.” (p. 76)&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero por si Beso de Ángel no resultase lo bastante emancipada, se suscitará una subversión final cuando descubre que no requiere tantos “accesorios” para obtener placer sexual; que una vez explorado y descubierto todo cuanto había que explorar y descubrir, queda un territorio misterioso que nunca la defraudará, que la conoce mejor que nadie y siempre estará disponible: su propio cuerpo. La autosuficiencia de Beso de Ángel se ve así elevada al cubo. Realiza un pacto con ella misma, su gran amor…su único amor –aunque ha llegado a amar a hombres que cuanto le enseñaron es que el sexo lo es todo-y abandona el escenario de la última aventura, que prometía ser la más alucinante de su vida, con la satisfacción de quien se ha quitado un enorme fardo de encima. Como todas las aventuras sexuales de su vida, incluida la insólita pérdida de su virginidad, Beso de Ángel ha tenido tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que quiere.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta autora, más audaz que simplemente provocadora, nos hace ver dos caras absolutamente transgresoras, no solo de la sexualidad, sino del sentimiento amoroso y nos pone a pensar, no sin inquietud, qué otro tabú inspirará su tercera novela. Tiene a su cargo el blog “Al desnudo” en el Universal y la columna “Lipstick en el espejo” en la revista GQ. Asimismo colabora para Día siete, Gatopardo, Letras Libres, Nexos, Reforma y El financiero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Ingresa al fantástico blog de Rose Mary Espinoza, &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://blogs.eluniversal.com.mx/aldesnud/"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Al desnudo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5643140026998024852-5263427215336382924?l=trenzamocha.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://trenzamocha.blogspot.com/feeds/5263427215336382924/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5643140026998024852&amp;postID=5263427215336382924' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/5263427215336382924'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5643140026998024852/posts/default/5263427215336382924'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://trenzamocha.blogspot.com/2011/02/la-otra-cara-del-angel.html' title='La otra cara del ángel'/><author><name>Eve Gil</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02967807067223183168</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-uvTAIL30DqM/TjwfzUyyLlI/AAAAAAAAMsw/SsIZ6wH06JQ/s220/passion_by_integra14-d42gv74.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-znE5UdkTbX4/TVTdX_33hCI/AAAAAAAAMhc/3RwIAWYvYq8/s72-c/Rose+Mary.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5643140026998024852.post-3088548982149857600</id><published>2011-02-05T18:31:00.000-08:00</published><updated>2011-02-05T18:31:04.721-08:00</updated><title type='text'>Pudor y celos</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkID06NuWI/AAAAAAAAMg8/5Q5-_cGO9EY/s1600/Catherine-Millet-in-bed-001.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="384" s5="true" src="http://3.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkID06NuWI/AAAAAAAAMg8/5Q5-_cGO9EY/s640/Catherine-Millet-in-bed-001.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Para Patricia de Souza&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Muchos de los dramas humanos, a mi juicio, nacen de esta confusión que hay entre el deseo sexual y el amor.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;C.M&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevista con Mónica Maristain, &lt;em&gt;Milenio Semanal&lt;/em&gt;, 2009&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Catherine Millet es una mujer discreta, pudiera decirse: elegantemente tímida. Es directora del más prestigiado mensuario de artes plásticas de Europa: Art press, y ha escrito varios libros sobre crítica de arte. Según revela en su segunda novela, Celos, publicó sus primeros textos en este tenor a los veintipocos años, sin estudios profesionales de por medio, guiada por un empirismo nutrido de ávidas lecturas que contribuyeron a paliar una vida familiar llena de hipocresía y vulgaridad. “Nada forja tanto un carácter como un disimulo constante dentro de la familia”, es la frase de Balzac que la joven Catherine copió en algún cuaderno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su oficina, en la que predomina el color crema, está decorada con sencillez y buen gusto. La elegancia de Catherine M. se debe mucho menos a la marca de sus prendas que a la soltura propia de los cuerpos liberados que caracteriza cada ademán suyo. Lo mejor de su rostro, además de los rasgados ojos pardos, es la maravillosa sonrisa por la que, se jacta, no ha tenido que invertir un centavo: Su dentista se esmeró a cambio de algunas buenas venidas y a ella le pareció un trueque razonable. Si un desconocido abordara en un ascensor a Madame M., ella reaccionaría con indiferencia: no es amiga de bofetadas, a menos que le sean solicitadas para incrementar el placer de un acto sexual fortuito, como en su caso son la inmensa mayoría de sus encuentros. Cuando publicó su autobiografía La vida sexual de Catherine M., muchos esperaban fuera una broma kantiana, pero no: Catherine M., la prudente, la discreta, abrió de golpe el telón de su tumultuosa intimidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkIeLB42vI/AAAAAAAAMhA/hfE19GKBHz0/s1600/catherine+millet-788189.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" s5="true" src="http://2.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkIeLB42vI/AAAAAAAAMhA/hfE19GKBHz0/s320/catherine+millet-788189.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacida el 1 de abril de 1948, en Bois Colombes, Francia, Catherine M., más bien tímida, reacia a los escotes y a los estornudos estruendosos, pertenece a la primera generación de mujeres sexualmente emancipadas en Europa; las que conocieron la píldora anticonceptiva perfeccionada y no requerían comprometerse emocionalmente para acostarse con alguien. Casada ya con el poeta, novelista y fotógrafo aficionado, Jacques Henric (1938), optó por narrar al detalle su vida sexual, es decir: su vida, con la objetividad de un entomólogo, lo que debe haberla forzado a anular su ego y contemplarse como algo ajeno a ella, sin siquiera experimentar la euforia estética del fotógrafo ante su objeto o sujeto de contemplación. La autobiografía de Catherine M. no podía escribirse al margen de su sexualidad, porque la vida de Catherine M. es su sexo. No por eso deja de apabullarnos con una inteligencia desbordante, una prosa precisa y no obstante poética, con todo y la frialdad, exenta de pasión o violencia, con que entra en detalles escabrosos. En la contraportada de Celos se lee una afirmación para nada exagerada: “¿Qué pasaría si Montaigne o Rousseau hubieran sido libertinos y mujeres? ¿Habrían sido las Catherine Millet de su tiempo?&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkImnd4P0I/AAAAAAAAMhE/g7ZNYanp-fI/s1600/Portada+vida+sexual+Catherine.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; cssfloat: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" s5="true" src="http://1.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkImnd4P0I/AAAAAAAAMhE/g7ZNYanp-fI/s200/Portada+vida+sexual+Catherine.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida sexual de Catherine M., es, en efecto, un libro profundamente obsceno… y la obscenidad, reflexioné tras leerlo, sin acudir a una fuente secundaria que sustentara mi “teoría”, es el punto intermedio que nadie cree exista entre erotismo y pornografía, si bien para la propia Catherine no existe diferenciación alguna entre uno y otro, la obscenidad lo abarca todo. Porque el erotismo, al igual que la pornografía, puede ser obsceno y la obscenidad no necesariamente tiene que ser vulgar. Catherine M. tiene la elegancia de un marqués de Sade. Me refiero concretamente al estilo, no al contenido: Catherine M. no concibe el sufrimiento. No infringirlo, al menos. Tampoco el placer es el fin, como en la abrumadora mayoría de los personajes sadianos. Su llaneza para referir los resquicios del cuerpo, sin embargo, es equiparable a la del Marqués, aunque el que todos esos términos –verga, coño, mierda, etc- provengan de una voz femenina pareciera exacerbar la idea de obscenidad. Esta mujer desmitifica de una vez por todas, la creencia generalizada de que La Mujer, en tanto género, necesariamente involucra los sentimientos con la sexualidad. Contradice también el argumento más habitual para denostar la pornografía: imposible que un ser humano, menos una mujer, practique una sexualidad animal, instintiva. Todo lo anterior, sin embargo, no impide a Catherine experimentar amor o celos. Lo insinúa en su primer libro. Lo confirma –dolorosamente- en el segundo. Es perfectamente racional y crítica, incluso para explicarse a sí misma, sin justificarse: “(…) Mi libertad no era de las que se ejercen al albur de las circunstancias de la vida, sino la que se expresa en forma contundente, en la aceptación de un destino al que te entregas sin reservas: ¡como una religiosa que profesa sus votos” (…)” (La vida sexual de Catherine M., p. 70).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Catherine desciende a lo más profundo de su pasado, justo al origen de todos sus vicios y virtudes: la infancia. Nada extraordinario, pareciera decirnos Catherine. Ni siquiera mi nombre escapó de lo común: Catherine, promiscuamente extendido entre francesas e inglesas nacidas en la pos guerra… acaso por nominar a una santa que gozara de especial popularidad por entonces. Porque, ¡claro!, Catherine nació en el seno de una familia católica… y más bien pobre. Cinco eran los miembros repartidos por aquel diminuto apartamento. No fueron más porque los padres optaron por dormir en camas separadas, lo cual no significa que el padre haya optado por una vida casta, en lo absoluto. Como tampoco su madre, a quien la joven Catherine sorprendió en pleno escarceo con un “amigo”. Catherine, la más pequeña y única mujer, tuvo que compartir la cama con esta. La absoluta ausencia de intimidad, señala, marcaría su vida. El hecho es que Catherine fue una niñita ejemplar, que incluso alimentó ideales piadosos… hasta que descubrió lo excitante de aguardar que su madre cayera rendida para entregarse al recreo descubierto entre sus muslos: “(…) ¡A qué paradójica pericia no habré tenido que recurrir yo para lograr darme placer en una cuasi inmovilidad, casi en apnea, para que el cuerpo de mi madre, que me tocaba al darse vuelta, no notase que yo vibraba! Quizá la obligación de excitarme con imágenes mentales que con caricias explícitas propiciara el desarrollo de mi imaginación (…) cuando abrí mi cuerpo, aprendí ante todo a desplegarlo.” (p.p 144 y 145). &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie la sorprendió jamás. Sus padres no imaginaban siquiera que su delgaducha hija fuera una criatura sexuada. Perdería la virginidad a una edad bastante promedio: dieciocho años. Hasta aquí, Catherine M. es una francesita proletaria con un nombre corriente. Lo extraordinario comienza cuando decide escaparse de casa y lo primero que hace para subrayar su libertad es acostarse con un amiguito libertino que no llegaba ni a novio, aunque en Celos reconoce que con Claude fue más importante de lo que parecía; que a su lado conoció algo más que el arte, la libertad y el sexo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;em&gt;…Mordí el polvo cuando tuve que reconocer que en uno de sus aspectos aquel cuerpo topaba con un límite, es decir, que como no era la más bonita podían preferir a otra –algo que yo no era tan tonta como para ignorarlo, pero una mujer, sobre todo muy joven, tiene mil recursos para disolver esta evidencia en el ilusionismo de los juegos de la seducción -, y que por primera vez me lo habían dado a entender claramente. Mordí las sábanas de la cama donde me hundí sollozando, y algunas respuestas de Claude consistían en arrojarme sobre la maqueta &lt;/em&gt;(Celos, Anagrama, traducción de Jaime Zulaika, Barcelona, 2010, p. p 26 y 27)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkJEYITeII/AAAAAAAAMhI/c1WCqXDNcyI/s1600/Catherine-Millet-author-o-001.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; cssfloat: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="192" s5="true" src="http://4.bp.blogspot.com/__oy2yXBO8-s/TUkJEYITeII/AAAAAAAAMhI/c1WCqXDNcyI/s320/Catherine-Millet-author-o-001.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Conoció la violencia... y los celos, aunque nunca se atreve a nombrarlos como tales. Al instante de escribir este testimonio, ya en su madurez, Catherine asume que la violencia de Claude contra ella, que llegó a ser física, tenía que ver con un sentimiento de celos no reconocido por ninguno de los dos. Los celos no podían tener cabida en una relación “civilizada” y “moderna”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Catherine se había preparado a conciencia desde que compartía la cama con una madre ajena al erotismo de su hija. Pudorosa, más allá de lo imaginable, aunque “mi pudor está en
